Grecia

Grecia es la cuna de la civilización occidental… Nuestro imaginario colectivo, nuestra lengua, nuestro teatro, nuestra arquitectura y también nuestra razón, nuestra relación con el cosmos o nuestro arraigo a la democracia, todo lo que nos define en suma como civilización se los debemos en buena parte a la Grecia antigua. Viajar a Grecia pues sigue siendo, aún hoy, una forma de regresar al origen de lo que somos. Homero, Sócrates, Alejandro Magno … ¿Acaso el espíritu de estos gigantes no flota todavía en los caminos que llevan a la Acrópolis y al templo de Apolo?
Si esta entrada en materia le parece un tanto ditirámbica, piense simplemente que Grecia tuvo el insigne privilegio de gozar de una naturaleza incomparable a cualquier otra y que sus templos, ruinas y palacios surgen envueltos en una nube de perfumes. La luz de su cielo y de sus islas, sus aguas turquesas y sus montañas convierten a Grecia en la encarnación misma del Mediterráneo. En sus pueblecillos de pescadores todavía nos aguardan tabernas donde disfrutar de un buen mero a la parrilla al son del tradicional rebético y con el azul del mar como telón de fondo.
De Corinto a Olimpia y de Atenas a Delfos, el periplo estará jalonado de yacimientos arqueológicos. De Corfú a Rodas y de Santorini a Creta, son algunas de las islas más bellas del Mediterráneo las que nos aguardan. Y si Atenas y su agitación le echan para atrás, busque refugio en los sublimes monasterios bizantinos, encaramados a los Meteora, autor encima del valle del Pinios: un paisaje único, mágico, sobrehumano, sin parangón en ningún otro sitio.

Atenas

Atenas, cuna de la civilización occidental, destaca por la armonía de su emplazamiento, la calidad de su luz, la belleza de sus monumentos antiguos y la riqueza de sus museos. Conserva vestigios romanos, bizantinos y neoclásicos, y un ambiente oriental y popular. En el s. XIX tenía unos 10.000 habitantes, pero en la actualidad es el centro de influencia de un área de 3.072.922 habitantes, dinámica y cosmopolita, que se extiende a lo largo de 15 km del Pireo a Kifissia.

Templo de Atenea Niké

Antaño conocido como Templo de la Victoria Áptera, sobresale delante de los Propileos dominando la Vía Sacra. Según el mito, el viejo Egeo, padre de Teseo, se lanzó al mar desde lo alto de la roca que lo sustenta cuando creyó que su hijo había muerto, porque la nave que traía de Creta al vencedor del Minotauro lucía por error una vela negra. Es un templo jónico de pequeñas dimensiones (8,27 m de largo por 5,44 m de ancho), pero de proporciones armoniosas. Fue reconstruido por los arqueólogos bávaros del rey Otón. Consta de una cella entre dos pórticos de columnas monolíticas en cuyo intrerior se encontraba la estatua de una Atenea victoriosa. Sólo el friso exterior posee fragmentos originales (lados este y sur), mientras que los otros son copias.

Partenón

Este templo dórico fue edificado en tiempos de Pericles por el arquitecto Ictinios. Fidias dirigió la ejecución de la decoración esculpida de frontones, frisos y metopas. El Partenón fue dedicado a Atenea, cuya estatua criselefantina, obra de Fidias, adornaba el santuario. El conjunto del edificio estaba pintado en colores vivos. En la época bizantina la estatua de Atenea se trasladó a Constantinopla, donde fue destruida en 1203 durante el asedio de los cruzados. El templo se convirtió en una iglesia consagrada a Santa Sofía y fue decorado con frescos y mosaicos. Durante el dominio franco pasó a ser catedral y cambió su nombre por el de Santa María de Atenas; más tarde los turcos la transformaron en mezquita. No obstante, el edificio seguía conservando la mayor parte de sus esculturas -que el marqués de Nointel inventarió antes de que la explosión del polvorín en 1687 destruyera muchas de ellas-, así como 28 columnas, las paredes de la cella y las losas del techo de mármol de Paros. Lord Elgin, embajador inglés en Constantinopla, recuperó entre 1801 y 1803 casi todo lo que quedaba de las esculturas, las estatuas de los frontones, el friso de la cella y las metopas, que luego cedió al British Museum de Londres. En 1834 se trazó un plan de restauración, realizado por arqueólogos griegos después de la Primera Guerra Mundial, con el fin de levantar las columnatas. La casi totalidad de las esculturas del Partenón está reproducida en el Centro de Estudios de la Acrópolis.

Erecteión

Este elegante templo, combinación de los órdenes dórico y jónico, y que terminó de construirse en 407 a.C., presenta una planta muy compleja debido a la inclinación del terreno y a los diversos lugares de culto que existieron en su interior; los principales estaban consagrados a Atenea, Poseidón, Erecteo y Cécrope. A lo largo de los siglos se utilizó sucesivamente como iglesia, palacio, harén y almacén militar. Fue restaurado tras la Independencia por iniciativa de Piscatory, embajador de Luis Felipe en Atenas. El célebre pórtico de las korai está frente al Partenón. Se le llama "tribuna de las cariátides" debido a que lo forman seis estatuas de muchachas en actitud noble y serena, vestidas con túnicas de pliegues paralelos, a imagen de las canaladuras de las columnas que sustituyen y que sostienen el arquitrabe. Las estatuas actuales son copias. Una de las originales está en el British Museum y las demás en el museo de la Acrópolis. El pórtico este, con seis columnas jónicas, da acceso al santuario donde estuvo la estatua más antigua de Atenea, hecha en madera de olivo. La fachada oeste se modificó en época romana. En el patio contiguo, un olivo recuerda el lugar donde se veneraba el olivo sagrado de Atenea. Al final de la explanada hay un mirador que domina la ciudad romana con el Arco de Adriano y el Templo de Zeus, el antiguo barrio de Pláka y los barrios del nordeste de Atenas, rodeados por el Párniza, el Pentélico y el Himeto.

Islas Griegas

Descubrir las islas griegas es una experiencia que hay que llevar a cabo al menos una vez en la vida. Siga los pasos de Ulises y déjese deslumbrar por la luz que desprende este rosario de islas aflorando frente a las costas del país. Bañados por un mar rutilante, estos trozos de tierra surgen agrupados en archipiélagos o aislados y salpicados de aldeas blancas y azules…
Al oeste, las islas Jónicas, cerca de Italia, destacan por su fertilidad. Las 7 más conocidas son Corfú (antaño frecuentada por la emperatriz Sissi), Paxos, Leucas, Cefalonia (donde se elabora uno de los mejores vinos blancos de Grecia, el robola), Ítaca (la isla natal de Ulises), Zante y Citera, situada frente a la punta meridional del Peloponesio y una de las cunas de Afrodita.
Al este, las islas del mar Egeo, diseminadas entre la Grecia continental y Turquía, constituyen un mundo aparte. Entre sus archipiélagos destaca el del Dodecaneso, compuesto por doce islas situadas cerca de la costa turca. De todas ellas la más famosa es Rodas.
Las Cícladas, entre la punta de Ática y Creta, suman una veintena de islas. De entre todas, la joya indudable es Santorini: este antiguo volcán inundado por las aguas fascina por sus vertiginosos y rojos acantilados y por sus aldeas aferradas a las escarpas. Pese al turismo de masas y a los inevitables excesos urbanísticos, Santorini sigue siendo un lugar único y Oia, encaramada al acantilado, una de las aldeas más bellas de toda Grecia.
Las islas del norte del Egeo, como Límnos, Lesbos, Quíos y Samos, son grandes territorios frondosos y fértiles.

Mýkonos

Mikonos llama la atención por su blanco laberinto de callejas, diseñadas ex profeso para cortar el viento e impedir el acceso de los piratas. Hoy, resultan muy agradables para pasear y descubrir aspectos siempre diferentes: pasajes abovedados o con soportales, placitas adornadas con un almendro, un pimentero o un algarrobo, senderos entre altos muros blancos cuajados de hibiscos y buganvillas. Descubra también las bonitas casas cúbicas de balcones floridos y las capillas con cúpulas pintadas de vivos colores (en toda la isla hay cerca de 300).

Puerto

Los muelles de mármol, muy animados en verano, dibujan una armoniosa curva delante de los soportales del ayuntamiento (s. XVIII); la capillita aislada consagrada a san Nicolás, patrono de los navegantes; las terrazas de los cafés, y las tiendas de artesanía hasta la plaza Mandos Mavrogenous. Esta última lleva el nombre de la heroína local, que luchó por la libertad de su país. En 1823 compuso una letra, que se hizo famosa, animando a luchar por la libertad.

Vista de la ciudad de Mikonos

La calle Leondiou Boni, muy empinada, conduce al molino Boni (Milos Boni), del s. XVI, desde el que se descubre una espléndida vista de la ciudad y el puerto, las islas de Delos y Renia, y más allá Siros y Tinos. Las puestas de sol son magníficas.

Casco antiguo

El casco antiguo de Mikonos está lleno de encanto. Desde la plaza Mandos Mavrogenous, llegue hasta la Agía Kiriakí (iglesia de San Ciriaco), con los mejores iconos de Mikonos. Recorra la calle Andronikou, llena de gente y con muchos puestos de artesanía; a la derecha, en la calle Enoplon Dinameon se puede visitar una casa noble muy bien decorada y amueblada. Se llega después a la deliciosa plaza Tría Pigadia (de los Tres Pozos) rodeada de soportales; una leyenda afirma que las jóvenes casaderas tenían que beber en cada uno de los pozos para encontrar marido. Descubra la catedral y la iglesia católica. Por la plaza contigua se paseaba un pelícano (Petros) que murió en 1985 y fue sustituido por otro. ¡A ver si lo encuentra! A la izquierda, sobre un alto se ven los famosos molinos de viento alineados; uno de ellos sigue activo y, cuando sopla el viento sus alas se cubren de pequeñas y decorativas velas triangulares. Se puede visitar el interior y examinar el mecanismo. Baje de nuevo hacia la iglesia católica y la ensenada, que presenta en la zona norte una hilera de casas cuyos balcones y miradores se asoman al mar; se trata del barrio Alefkandra, conocido como la Pequeña Venecia. Más allá, en el emplazamiento del antiguo castillo aparece la iglesia de Paraportianí, compuesta por cuatro capillas independientes cuyas formas geométricas encajan armoniosamente unas en otras.

Náfplio

Cubierta de mármoles y estucos y mecida por las azules aguas del golfo de Argólida, Nauplia es sin duda una de las ciudades más atractivas de Grecia. Aunque celosa guardiana de su pasado, ofrece todas las posibilidades imaginables para pasar unas vacaciones inolvidables: compras en las tiendas del casco antiguo, playas perfectas para tomar un baño y, a la caída de la tarde, un ouzo a la sombra de las palmeras en alguno de los cafés orientados al mar.

Fuerte Palamedes

Sobre una colina de 216 m de altura, Palamidi (Fuerte Palamedes) data de la segunda ocupación veneciana (1686-1715). Se trata de un poderoso conjunto de ocho fuertes o bastiones conectados mediante bóvedas, pasillos y pasajes secretos, y jalonados por torres vigía o dotados de troneras para fusiles y cañones; cada uno de estos bastiones estaba diseñado para ser autosuficiente en caso de que los demás fuesen ocupados por el enemigo. El bastión Robert evoca el nombre de uno de los filohelenos franceses (o "amigos de los griegos" durante la Revolución) que murieron cuando el fuerte fue atacado en 1822. Desde los caminos de ronda, magníficas vistas de Nauplia, el golfo, la llanura de Argólida y las costas del Peloponeso. En uno de los bastiones, cerca de la puerta sureste, hay un espléndido aljibe y, en el bastión de San Andrés, un bonito patio al que abren la vivienda del comandante del fuerte y la capilla de San Andrés.

Museo del Folclore

El Laografikó Moussío (Museo del Folclore) presenta en un entorno muy agradable una excelente colección de trajes del Peloponeso. Contiene además objetos de arte popular (herramientas y utensilios), joyas, un telar, bordados tradicionales y documentos relativos a la vida rural en el pasado.

Casco antiguo

En el centro del casco antiguo de Nauplia verá la platía Síndagma (plaza de la Constitución ), foro político en tiempos de la Revolución (hacia 1822). Forma un armonioso rectángulo desde el que se distinguen la colina y el Palamídi (fuerte Palamedes). La perspectiva está cerrada a un lado por un almacén marítimo terminado en 1713 por los venecianos y que hoy es un museo; y al otro, por una antigua mezquita transformada en cine. En la esquina suroeste, una escalera conduce a una mezquita desacralizada a la que los naupliotas llaman Parlamento porque en ella se reunió en 1822 la primera asamblea nacional griega. La catedral, Agios Georgios, se construyó en el s. XVI en estilo veneciano (arquerías y campanil) y bizantino (cúpulas). La iglesia de los francos, Frangoklissiá, está precedida por una escalera y un bonito pórtico del s. XIII. Es una antigua capilla de monasterio transformada en mezquita y reconvertida en iglesia católica romana. En el interior, cerca de la entrada, el Monumento a los Filohelenos caídos por la independencia de Grecia se creó por iniciativa de un francés, el coronel Touret; detrás del altar mayor, decorado con una copia de la Sagrada Familia de Rafael donada en 1845 por el rey Luis Felipe, subsiste el mihrab musulmán. Agios Spiridonas (San Espiridión) es una pequeña iglesia ortodoxa construida en 1702.

Rodas

Esta ciudad de fama internacional se extiende a ambos lados de sus dos puertos. Casi totalmente rodeada por la ciudad moderna y viva, la ciudad medieval de Rodas se apiña tras sus murallas, como una media luna de piedra bañada al este por el mar. En el interior de las murallas se oculta un laberinto de callejas empedradas, arcos y estrechos pasajes que nos transportan a la Edad Media. Fuera de las murallas, podrá pasear por una serie de calles populares y abigarradas, repletas del perfume de los jazmines y las buganvillas. Rodas, la isla del sol, destaca por su clima particularmente suave, por sus variados paisajes, paraíso de senderistas, por sus preciosas playas y por un patrimonio histórico excepcional (como la ciudadela de Rodas, Lindo o la fortaleza de Monolitos). La capital del Dodecaneso, y la mayor isla del archipiélago, fue muy importante en la Antigüedad y en la Edad Media. Conserva huellas de sus pasadas civilizaciones, goza de una vida apacible y destaca por su animada actividad nocturna.

Mandraki

Separado por un largo dique jalonado de molinos, el puerto de recreo de Mandraki se encuentra al norte del puerto comercial de Emborió. Aquí atracan barcas de colores, caiques, yates y barcos turísticos, así como aerodeslizadores. Al final del dique se encuentra la torre de San Nicolás, edificada por los caballeros en el s. XV. Cerca se alzan dos columnas. Según la tradición -seguramente equivocada-, aquí se situaba el legendario coloso de Rodas, una de las Siete Maravillas del Mundo.

Hospital de los Caballeros

Desde un patio interior rodeado de una galería con arcos se sube a la primera planta, donde se encontraba el hospital propiamente dicho. Con puertas de cedro y un techo de la misma madera, la amplia sala de los enfermos, dividida en dos naves, tenía capacidad para 32 camas colectivas y un centenar de pacientes; en ella se exponen las lápidas funerarias de los Caballeros procedentes de la iglesia de san Juan. Las salas periféricas estaban destinadas a los enfermos contagiosos. La Afrodita de Rodas, del s. I a. C., es una de las joyas del Museo Arqueológico, instalado en el mismo edificio.

Pátmos

La ciudad de Patmos, u Hora, está constituida por construcciones de todos los tamaños (las más antiguas datan probablemente del s. XVI) que se suceden armoniosamente a lo largo de un dédalo de escaleras y callejuelas. No se pierda la casa Simandiris, que combina la tradición oriental y el estilo occidental que imperaba en el s. XIX; el convento de Zoodohos Pigí con sus patinillos floridos, y la plaza Lozia, que ofrece una bonita vista de la ladera de la colina con el monasterio del Apocalipsis, y de la ensenada de Skala. La isla más septentrional del Dodecaneso es un lugar venerado por la cristiandad porque aquí escribió san Juan el Apocalipsis y por la presencia de un monasterio bizantino, erigido en el s. XI en su memoria, que es, junto al monte Athos, el centro de la ortodoxia griega. Hora, la capital, se extiende en torno al monasterio, formando uno de los conjuntos urbanos más bellos del mar Egeo. Patmos destaca también por sus luminosos paisajes, sus costas recortadas y sus numerosas playas.

Panorama

Al este de la Hora, tres molinos dominan la carretera de Grikos. Desde aquí se distingue una vista excepcional: al oeste, la Hora y las murallas del monasterio; en la ladera de la colina, los cubos blancos de la Escuela de Patmos por encima del monasterio del Apocalipsis; abajo, la ensenada de Skala y la bahía de Mérika; al fondo, la isla de Ikaría y los islotes de Fourni; al norte, detrás de las colinas de Patmos, surge el Kerketeas; entre el continente y la punta noreste de Patmos, la isla de Agathonissi.

 

Monasterio de San Juan Evangelista

El monasterio de San Juan domina con sus robustas murallas la ciudad blanca y la isla de Patmos, así como el archipiélago que la rodea. La muralla se edificó en el s. XI aunque los impresionante contrafuertes oblicuos son del s. XVII. Desde la terraza situada delante de la entrada, bonita vista de la ensenada de Skala. Tras recorrer un oscuro y sinuoso pasaje, el panorama cambia totalmente y aparece un conglomerado de patios, escaleras, cúpulas y arquerías. El patio central, con suelo de guijarros negros, presenta tres grandes arcos que hacen las veces de contrafuertes de los edificios laterales. La iglesia central, terminada hacia 1090, está rodeada de edificios anejos. El exonártex (s. XVII) y el nártex (s. XII) se edificaron con parte de los elementos de la basílica del s. IV. El exonártex está decorado con frescos que ilustran la vida de san Juan. La capilla de Cristódulo se creó en el s. XVI para albergar las reliquias del santo. En la iglesia principal, la parte más antigua del monasterio, subsisten el pavimento de mármol gris y blanco y la planta de cruz griega con cúpula central apoyada en cuatro columnas. La capilla de la Virgen contiene un magnífico conjunto de frescos de finales del s. XII. El antiguo refectorio conserva las dos largas mesas de obra y posee interesantes frescos realizados a finales del s. XII y durante el s. XIII. El museo contiene las mejores piezas del monasterio, procedentes de la biblioteca, los archivos y el tesoro.

Loutrá Aidipsoú

A orillas del mar, la importante estación termal de Loutrá Edipsoú es famosa desde la Antigüedad por las propiedades de sus aguas, utilizadas en el tratamiento de afecciones reumáticas y ginecológicas. Sila (general romano), Augusto y Adriano se trataron aquí. Al este, más allá del edificio termal neoclásico, mana agua caliente con vapores de azufre; parte de este agua desemboca en el mar cerca de una playita formando una cascada humeante.

Palaiokastrítsa

Paleokastritsa es un importante centro turístico. Su inmensa bahía acoge seis calas de arena bañadas por un mar translúcido. La carretera termina al pie del promontorio sobre el que se alza el monasterio de Paleokastritsa, que fue fundado en el s. XIII aunque sus actuales edificios datan del s. XVIII. La iglesia conserva preciosos iconos.

Thíra

Vista desde la profunda ensenada, Thira, la capital de Santorini, aparece en lo alto de un acantilado. Desde la plataforma que constituye la Skala sube un sendero que ofrece vistas espectaculares. Al oeste, la ciudad forma un balcón asomado al mar: espléndidas vistas desde la terraza próxima a la catedral ortodoxa; al este, mira hacia el manto de lava, cubierto de viñedos encogidos sobre sí mismos, que desciende hacia el Mediterráneo. Visite también el Museo Arqueológico, que conserva los famosos frescos de Akrotiri.

Náxos

Al llegar al puerto de la Hora, la capital, distinguirá inmediatamente las tres grandes etapas de la historia de Naxos: la puerta del templo de Apolo -el pórtico de Strongilí- recuerda los fastos de la época arcaica, cuando la Hora era una ciudad floreciente (ss. VII-VI a.C.); la ciudadela veneciana que domina la villa y evoca la Edad Media, y finalmente, el activo puerto comercial, que nos traslada bruscamente a la época moderna. Visite asimismo la agradable Platía, el antiguo Palacio Ducal y las colecciones del Museo Arqueológico.

Skíathos

La ciudad de Skiatos (4.512 habitantes), principal localidad y centro cosmopolita en verano, se reconstruyó en 1830 sobre dos colinas orientadas hacia una ensenada protegida; sus dos puertos, pesquero y de recreo, están defendidos por un islote fortificado en la Edad Media (Bourdzi). Los muelles están repletos de terrazas y tabernas típicas. En la ciudad podrá visitar la casa del novelista Alexandre Papadiamantis (1851-1911), que evocó Skiatos en su obra.

Chíos

Híos, que se asienta en una fértil llanura costera al pie del monte Epos, es una activa ciudad portuaria situada frente al Asia Menor. No se pierda la plaza Vounaki y su preciosa fuente turca (1768); el Museo Bizantino instalado en una antigua mezquita del s. XIX; el castro, rodeado de murallas del s. XIV, donde se alza To Palatáki, una mansión del s. XV que contiene una bonita colección de arte bizantino, y el Museo de Arte y Tradiciones Populares que conserva preciosos bordados y trajes de la isla.

Kos

Capital y principal centro turístico de la isla donde vive una importante minoría musulmana, Kos está llena de atractivos: el puerto de Mandraki, las terrazas de los cafés, los paseos con palmeras y jardines repletos de hibiscos rojos. No se pierda el majestuoso castro (fortaleza); la platía tou Platánou, que debe su nombre al plátano bajo el que el famoso médico Hipócrates enseñaba a sus discípulos; las excavaciones occidentales, una gran zona que incluye, entre otros vestigios, los de varias casas con mosaicos y frescos.

Geografía

Con una superficie de 132.000 km2 (casi la cuarta parte de España), Grecia es un país de pequeñas dimensiones. Sin embargo, como consecuencia de su situación en el Mediterráneo y de su extraordinario patrimonio arquitectónico, es un destino turístico de primer orden, tanto para descubrir una de las cunas de la civilización como para descansar o tomar el sol.

Del mar a la montaña

Grecia está situada en el extremo meridional de la gran península balcánica y presenta un contorno de relieves accidentados, muy recortados y bañados por el mar (tiene cerca de 15.000 km de costas; 4.000 km corresponden al continente, y 11.000 km a las islas). Comparte fronteras con Turquía, al este, y con Bulgaria, Macedonia y Albania, al norte.

Un país montañoso

Si observamos un mapa del país, nos sorprenderá inmediatamente la omnipresencia de las montañas, que ocupan cerca del 80% del territorio incuidas las islas (ningún punto del interior dista más de 120 km del mar). La mayoría de este gran conjunto de cimas forma parte de los Alpes dináricos , que nacen más al norte y atraviesan Croacia, Bosnia-Herzegovina, Montenegro y Albania. Entre las 20 cumbres que superan los 2.000 m destaca el monte Olimpo (2.917 m), el de mayor altitud. Algunos macizos se distinguen por sus abruptas laderas y sus vertiginosas escarpaduras. Evidentemente, las llanuras son muy escasas y se concentran sobre todo en el norte (Tesalia, Tracia y Macedonia) y en el centro (Beocia) de la Grecia continental.

Una tierra en movimiento

Este singular paisaje tuvo su origen en una serie de levantamientos y hundimientos de la corteza terrestre que crearon montañas de plegamiento regular, mesetas y cuencas esculpidas por la erosión.

La curvatura del arco helénico se debe a que la placa continental africana se introdujo por debajo de la placa eu­ropea; el rozamiento entre estas dos gigantescas masas explica la frecuencia y la importancia de los terremotos, así como la actividad volcánica, que han caracterizado desde siempre al mar Egeo.

“Thalassa”, la Grecia insular

Los griegos afirman que en su territorio hay 9.841 islas (incluyendo islotes, arrecifes y grandes rocas) y que más de 150 están habitadas.

El mar Egeo , el más griego de los mares, es el que cuenta con mayor número de islas. En él se encuentra el archipiélago de las Cícladas , uno de los destinos preferidos de los turistas. El curioso espectáculo de estas islas accidentadas, desnudas y áridas, cuya población se duplica en verano, es inolvidable. Tres colores dominan el paisaje: el azul transparente del mar, el blanco deslumbrante de las casas y el ocre de las colinas desnudas.

Las “doce islas” del lejano Dodecaneso son igual de montañosas e igual de secas. Sólo Kos y Rodas disponen de tierras fértiles y regadas que producen frutas y cereales.

Hacia las costas turcas, en las islas nororientales la vegetación es más abundante. Por ejemplo, en la isla de Samos hay grandes pinares y amplias extensiones de monte bajo.

Hacia el sur, la última escala antes de Libia es Creta , la isla griega de mayor tamaño y la más poblada, gran productora de cereales, frutas y hortalizas y con grandes extensiones de viñedos y olivares. Sin embargo, es una isla tan montañosa como las anteriores, cuyo punto más alto es el monte Ida (2.456 m), y que posee numerosas cuencas, cuevas y circos excavados por la erosión.

Al oeste se encuentran las islas Jónicas , que se alinean a unas cuantas millas de las costas griegas, aunque tradicionalmente se han orientado hacia Italia. De hecho, debido a la larga ocupación veneciana constituyen una atractiva combinación de influencias latinas y helénicas. A pesar de que también han sido víctimas de numerosos seísmos, se distinguen de las islas Egeas porque están más pobladas, tienen más vegetación y disponen de mejores recursos turísticos.

La Grecia continental

La península del Peloponeso , que tiene forma de mano con tres dedos, forma el extremo sur de la Grecia continental. Es un territorio muy montañoso que en su día acogió tres ciudades fundamentales de la Antigüedad, Micenas, Olimpia y Esparta. La mayoría de las ciudades se encuentran en la periferia, cerca de las tierras agrícolas y del litoral.

Al sur, el rugoso monte Taigeto termina en el promontorio del Mani, un entorno árido en el que se alzan sorprendentes pueblos de altas torres. En esta zona pintoresca hay muchos pueblos despoblados, e incluso abandonados, porque su abrupto relieve ha provocado el éxodo progresivo de sus habitantes.

Al norte del Peloponeso se extiende la Grecia central , el corazón del país, prolongada por la península de Ática . En la capital, Atenas, vive la tercera parte de la población griega.

Paralela a las costas de Ática se encuentra la isla de Eubea , separada del continente por un estrecho canal. Es muy montañosa y presenta una cresta longitudinal en cuya vertiente oriental, muy escarpada, sólo hay un puerto abierto al Egeo, el de Kimi.

Al norte de la región de Ática se encuentran las fértiles llanuras de Beocia , donde en su día estuvo la rica y poderosa Tebas.

Al oeste las montañas surgen de nuevo en la región de Fócida , que acoge algunos parajes inolvidables de la mitología griega, como el monte Parnaso (2.457 m), donde vivían Apolo y las nueve Musas. Actualmente, sus laderas son territorio casi exclusivo de senderistas y esquiadores, aunque también es frecuente la presencia de turistas que acuden a conocer Delfos, el ilustre santuario dedicado a Apolo.

La Grecia remota

Las cumbres de la región de Fócida anuncian la imponente cordillera del Pindo , que se extiende de norte a sur y separa el Épiro del resto del país. Como consecuencia de las frecuentes precipitaciones, muy superiores a la media nacional, esta cordillera, que culmina en el monte Smolikas (2.637 m), está cubierta de espesos bosques de coníferas que dificultan el acceso a la zona. De hecho, estas montañas arboladas fueron en el pasado una barrera natural que impidió el avance de los otomanos. En la actualidad son refugio de lobos, osos y otros animales salvajes que viven en libertad en los dos grandes parques naturales creados al norte de Ioanina.

Al oeste de esta muralla rocosa, las pequeñas llanuras que rodean el golfo de Arta (sur de la región) están cubiertas de huertos y de árboles frutales. Más al norte, la estrecha franja costera que asciende hasta la frontera albanesa conduce a Parga, a sus calas, a su mar azul y a sus playas de arena fina.

Fértiles llanuras

Al este del Pindo, Tesalia , la principal zona agrícola de Grecia, es una gran llanura rodeada de altas montañas. El río Pinios y sus numerosos afluentes fertilizan estas tierras donde se cultivan cereales y abunda el ganado bovino.

En contraste con los alrededores, entre la llanura y el macizo del Pindo se alzan unas curiosas formaciones que parecen panes de azúcar plantados por un dios extravagante; se trata de los indescriptibles pitones rocosos de Meteora , esculpidos por la erosión y soportes de varios monasterios bizantinos de los ss. XIV y XV.

Al norte de Tesalia, entre el Olimpo y el Ossa, las estrechas gargantas del Tempé desembocan en Macedonia , donde las montañas son mucho menos abruptas y donde abundan los valles aluviales plantados de algodon.

Al sureste, la gran ciudad portuaria de Tesalónica , la segunda ciudad de Grecia, da paso a la Calcídica , un ancho tridente cubierto de bosques que se adentra en el mar. La arena fina de Sithonia y de Kassandra es excelente para disfrutar del mar, mientras que la península del monte Athos es una tierra aparte en la que se encuentra la mayor comunidad monástica de Europa, que tiene más de diez siglos de antigüedad y que no permite el acceso a las mujeres.

Pasada Tesalónica, los campos de algodón y tabaco del este de Macedonia anuncian los paisajes de la región de Tracia . Fragmentadas por las estribaciones meridionales del macizo del Rhodope , que se extiende sobre todo por Bulgaria, las llanuras tracias también presentan los tonos marrones rojizos de las hojas de tabaco puestas a secar sobre altas estructuras de madera. Debido a su proximidad de Turquía, de la que sólo la separa el río Evros, esta región tiene un aspecto muy oriental, con mezquitas, bazares y mujeres de cabeza cubierta. En las calles es frecuente oír hablar en turco.

Una tierra de sol

En general, el clima de Grecia es mediterráneo, con inviernos suaves y lluviosos y veranos calientes y secos. Sin embargo, hay que señalar que también existen importantes contrastes en algunas zonas, sobre todo como consecuencia de las diferentes latitudes y altitudes. En el norte, en Tracia y Macedonia, las temperaturas son más soportables en verano, pero los inviernos pueden llegar a ser muy fríos (hasta – 20 °C en la Macedonia oriental). Por el contrario, el invierno casi no existe al sur del Peloponeso, y sobre todo en Creta, donde se cultivan aguacates y plátanos.

En otoño e invierno, las fuertes lluvias que descargan en las islas Jónicas y las costas occidentales se transforman en nieve en las alturas, mientras que el este del país está protegido por la barrera montañosa central. Así, por ejemplo, la media anual de precipitaciones en Corfú es tres veces superior a la de Atenas.

En verano, la sequía provoca frecuentes incendios que se agravan cuando sopla el meltem , un viento presente en todo el Egeo desde mayo hasta septiembre.

Flora...

La variada flora griega incluye más de 6.000 especies vegetales. En las laderas de las montañas y en las tierras húmedas del Épiro hay bosques de pino carrasco, encinas, abetos griegos, castaños y hayas. Por encima de 800 m los bosques desaparecen y comienzan los paisajes de monte bajo con lentiscos, algarrobos, jaras, arrayanes, brezos, adelfas y enebros.

Por el contrario, en las regiones áridas del sur el paisaje adopta el aspecto de una especie de garriga baja llamada frigana , constituida también por numerosas especies. El olivo, omnipresente en Grecia, impone sus bonitos tonos verdes grisáceos, característicos de los países mediterráneos. Además de naranjos y limoneros, también abundan las viñas, de las que no sólo se obtiene vino, sino también las famosas pasas de Corinto.

... y fauna

Aunque bastante menos rica que la flora, la fauna griega nos reserva sin embargo, algunas sorpresas. En los deltas costeros y en los humedales habita una gran variedad de aves, como pelícanos y cigüeñas. En las alturas reinan las rapaces, como el buitre y la rarísima águila moteada, que planean en el aire antes de lanzarse en picado sobre sus presas.

En los bosques del Épiro viven algunos ejemplares de osos pardos, linces, lobos y gatos salvajes. Los jabalíes son mucho más abundantes, mientras que las zonas rocosas son el hábitat de los lagartos.

Historia

A semejanza de la historia del antiguo Egipto o de Roma, los anales de la Grecia clásica fueron de gran importancia para el mundo occidental. De sus numerosos dioses, de sus héroes legendarios, de sus batallas épicas y de sus ruinas arqueológicas perdura un interesante y atractivo patrimonio. A medio camino entre Roma y Constantinopla, Grecia fue la cuna de la civilización occidental. Su sistema democrático se convirtió en modelo político. Sus filósofos y sus escuelas sentaron las bases de nuestra forma de pensar. Sus arquitectos y sus artistas inspiraron el arte renacentista europeo. Pero, además, Grecia se distinguió porque consiguió ser independiente gracias a su decidida oposición a los sucesivos pueblos que intentaron conquistarla. En la actualidad, tras su incorporación a Europa, sigue siendo el faro de Oriente, la bisagra entre Occidente y Oriente.

En los albores de la historia

(5000-900 a. C.)

Grecia ya estaba poblada en tiempos del Paleolítico (más de 8.000 años a. C.), como demuestran las huellas humanas halladas en Tesalia y Macedonia. Pero en aquella época por Grecia pasaban sobre todo oleadas de migraciones nómadas provocadas por las grandes variaciones clímáticas y los desplazamientos de la caza. Cuando al este del Peloponeso se descubrieron herramientas de obsidiana de más de trece mil años de antigüedad procedentes de la isla de Milos, quedó demostrado que los habitantes de las islas, expertos marinos, mantenían relaciones con el continente. De hecho, en estas islas surgió la primera civilización del país.

Las islas Cícladas o la civilización de los ídolos

A principios del tercer milenio a. C., los habitantes de las Cícladas alcanzaron un gran desarrollo (mientras tanto, en Mesopotamia, los sumerios habían inventado la escritura, el urbanismo y la escultura; y en el actual Pakistán florecía la civilización de los indus) . Se han hallado huellas de su influencia en Portugal y en la desembocadura del Danubio (en el oeste de Europa triunfaba la civilización megalítica, que dejó magníficas muestras en Carnac, Francia, y Stonehenge, Inglaterra) . Como eran excelentes marinos, los isleños se dedicaron al comercio y mantuvieron frecuentes intercambios con la costa oriental del Mediterráneo, donde se había asentado la cultura mesopotámica. En un primer momento se establecieron junto al mar, pero la amenaza de la piratería les obligó a replegarse en pueblos fortificados y situados en zonas altas. En la actualidad se sabe muy poco de aquellas pequeñas ciudades, aunque se han encontrado sencillas construcciones hechas con bloques de piedra sin desbastar y cubiertas de ramas. Por el contrario, las tumbas han facilitado numerosos testimonios, como piezas de vajilla, joyas y sobre todo los famosos ídolos de mármol de líneas muy modernas, que son hoy el símbolo de esta original cultura. Pero poco tiempo después, el esplendor de la civilización minoica de Creta ensombreció el éxito de la cultura de las Cícladas e inició un nuevo capítulo de la historia.

Creta y la cultura minoica

Durante el tercer milenio a. C., hacia el año 2600 a. C., la isla de Creta asistió al nacimiento de una civilización pacífica y muy avanzada que recibió el nombre de minoica en recuerdo del rey Minos. En el año 2200 a. C. se construyeron los primeros palacios, auténticos complejos urbanos autónomos que incluían santuarios, tiendas, talleres artesanos y viviendas (en aquellos tiempos, los egipcios construían las pirámides) . En estas “ciudades-palacio” vivía una sociedad muy jerarquizada y refinada en la que triunfaban las artes y que mantenía activas relaciones comerciales con las Cícladas, Siria, Egipto y la costa occidental de Asia Menor. Estos pueblos ya conocían la escritura y tenían un arte muy elaborado (hacia 1700 a. C., en el actual Irak, la cultura babilónica triunfaba durante el reinado de Hammurabi) . Sin embargo, por motivos que desconocemos –¿erupción volcánica de Santorini, terremoto o invasiones?–, esta brillante civilización desapareció súbitamente entre 1450 y 1375 a. C.

La Grecia continental y la civilización micénica

(1600-1150 a. C.)

Mientras la refinada sociedad minoica iniciaba su decadencia, en el continente surgía una cultura nueva con la llegada a Grecia de los aqueos, un pueblo indoeuropeo que llegó del norte a través de los Balcanes, a partir del año 1800 a. C. Ésta fue la primera de las llamadas tribus griegas. Grandes guerreros invadieron poco a poco las orillas del mar Egeo y fundaron varias ciudades. Micenas, la más ilustre, dio nombre a su civilización. Uno de los episodios de su toma de poder fue la célebre guerra de Troya. Los aqueos, que eran grandes cazadores y guerreros (su sociedad dio origen a todas las leyendas y ciclos heroicos), fueron los inventores del carro de guerra tirado por caballos; pero asumieron todos los aportes de la civilización minoica, en particular su forma de escritura. Se relacionaron con pueblos lejanos (en Irlanda se han descubierto objetos de oro que atestiguan que mantuvieron contactos con esta isla).

Sin embargo, hacia 1200 a. C. todas estas ciudades fueron destruidas y el mundo micénico desapareció a su vez, quizá como consecuencia de una serie de conflictos internos. Fuese como fuese, lo cierto es que la civilización micénica marcó un punto de inflexión en la historia de Grecia. Con el abandono de las principales poblaciones desapareció también la escritura (en la misma época, en Egipto se construyeron los grandes templos de Luxor, Karnak y Abú Simbel) .

Los dorios o el período geométrico

(ss. XII-IX a. C.)

Algunos historiadores consideran que una de las causas de la caída de Micenas fue una segunda oleada de invasiones indoeuropeas, protagonizada por los dorios, un pueblo que también llegó del norte hacia el año 1200 a. C. y que obligó a sus habitantes a huir hacia la costa occidental de Asia Menor donde fundaron las primeras ciudades jónicas. Aunque esta época de su dominación reciba el nombre de Siglos Oscuros, los dorios también aportaron innovaciones importantes, como el uso del hierro y de la fíbula, diversos ritos de incineración y, sobre todo, espléndidas cerámicas de motivos geométricos. No obstante, dividieron el territorio en ciudades que se convirtieron en pequeñas unidades políticas. Curiosamente, aunque disgregaron la sociedad, mantuvieron la unidad religiosa (en torno al culto de Apolo) y cultural (idioma común, ciclo de leyendas homéricas de la Ilíada y la Odisea ). Mientras tanto, en la India se escribían los Vedas (hacia 1000 a. C.) y se constituía la sociedad de castas, al tiempo que Salomón reinaba en Israel (996-926 a. C.).

Edad Antigua

La Edad Antigua es el período comprendido entre el s. VIII a. C. y el s. IV d. C. Durante todos estos años se fraguó el importante papel que Grecia habría de desempeñar en el nacimiento de las futuras civilizaciones europeas.

Época arcaica

(ss. VIII-V a. C.)

La civilización griega salió de su letargo y recuperó su tradición marítima y comercial, fundando colonias en toda la cuenca mediterránea, en Italia, en las Galias (Marsella...), en Tracia y hasta en el mar Negro. La organización de la sociedad siguió estando basada en la polis , ciudad estado constituida por un centro urbano y las tierras agrícolas y los pueblos que la rodeaban. Los habitantes de la ciudad formaban una comunidad rigurosamente estructurada en función de lejanos antepasados, en general de origen mítico. Poco a poco, el poder fue pasando de la realeza a una minoría privilegiada, la aristocracia. Los ciudadanos se reunían con regularidad para participar en ceremonias religiosas, en particular las que se realizaban en honor de la deidad protectora de la ciudad.

Pasado un tiempo empezaron a surgir conflictos entre las distintas ciudades y dos de ellas se disputaron la supremacía. Atenas, la primera de ellas, se enriqueció con el comercio e inició diversas reformas políticas y jurídicas para reconocer los derechos de los ciudadanos ajenos a la nobleza. Su gran rival, Esparta, era un pueblo de reglas muy estrictas cuyos habitantes descendían de los dorios y dedicaban todo se esfuerzo a alcanzar la mejor forma física e intelectual. Así se convirtieron en grandes guerreros que lograron dominar el conjunto del Peloponeso. A pesar de su constante rivalidad, Atenas y Esparta se unieron para luchar contra los persas, que ya se habían impuesto en las ciudades griegas de Asia Menor y exigían la sumisión de todos los griegos. Sólo dos de las grandes ciudades estado, Esparta y Atenas, se opusieron a las pretensiones persas. En el año 490, los atenienses infligieron una gran derrota a Darío en la famosa llanura de Maratón. En el año 480 le llegó el turno Esparta; Leónidas y sus 300 hombres se sacrificaron en la batalla de las Termópilas para impedir el avance enemigo. Finalmente, la gran operación naval de Salamina demostró la supremacía de la flota griega, mientras que la victoria de los hoplitas en Plateas confirmó la derrota persa. En los inicios de esta época (ss. VI y V a. C.), en tierras muy lejanas, Confucio y Lao Tsé iniciaron en China una corriente de pensamiento y una moral que definían el lugar del individuo en la sociedad y en el universo. Mientras, en la India se sentaban las bases del budismo.

La época clásica o el nacimiento de la democracia

(ss. V-IV a. C.)

Después de las primeras reformas de la época anterior, en el s. V surgió la democracia en Atenas que, gracias a sus victorias, se puso al frente de una confederación, la Liga de Delos. Respaldada por sus riquezas y con la ayuda de sus marinos, la Liga acabó de liberar el territorio y reforzó sus defensas frente a un eventual ataque persa. La hegemonía ateniense alcanzó su apogeo cuando, gracias a su poderosa flota, controló el mar Egeo y el comercio de la zona, al tiempo que confirmó el control de las ciudades aliadas. En esta época, en el año 460 a. C, Pericles inició su gobierno de treinta años que coincidiría con la edad de oro de la ciudad. Después de que los persas la saquearan en el año 480, Atenas reconstruyó sus fortificaciones, uniéndolas al puerto de El Pireo mediante dos “Largos Muros” de protección. Simultáneamente se realizaron grandes obras en la Acrópolis y la política cultural de Pericles hizo de Atenas el centro de Grecia; había comenzado la era de los filósofos como Sócrates, de los dramaturgos y los poetas como Esquilo, Sófocles y Eurípides. Pero, ante todo, la democracia se había instaurado definitivamente en Atenas.

Como era previsible, esta dominación provocó un enfrentamiento con las restantes ciudades griegas, y en especial con Esparta, su gran rival. El conflicto estalló en 431 y la guerra del Peloponeso se extendió por todo el territorio griego. Atenas capituló después de veinticinco años de guerra. Tras un corto período de tranquilidad se reanudaron las hostilidades entre Esparta, Atenas y Tebas. Las tres ciudades intentaban conseguir la hegemonía, pero los enfrentamientos las debilitaron y las convirtieron en presa fácil del enemigo. A los problemas bélicos se sumaron la corrupción del poder, el desinterés de los ciudadanos y el descontento del pueblo. Los filósofos pedían reformas políticas y defendían la libertad de pensamiento y la importancia del individuo. En resumen, al fracaso exterior de las ciudades rivales hubo que añadir el fracaso político en el interior.

La época helenística o el sueño de Alejandro

(s. IV a. C.)

Ironías de la historia, la alternartiva al Imperio persa llegó de una región que los griegos despreciaban por bárbara. Sin embargo, los macedonios habían sabido unirse en torno a una monarquía centralizada y estructurada. En menos de veinte años, bajo la autoridad de Filipo II (359-336), el ejército de Macedonia conquistó Grecia porque supo aprovechar las divisiones existentes entre las ciudades. El objetivo era vencer a los persas, pero Filipo murió asesinado y fue su hijo, Alejandro Magno, quien recogió el testigo y consiguió la gran hazaña de conquistar el Imperio persa (334-323). Alejandro soñaba con crear un imperio universal que difundiera la cultura griega por todo el mundo. De hecho, su imperio, el mayor de los conocidos, se extendió desde Macedonia hasta Libia y Egipto y, hacia el este, hasta el Indo (el actual Pakistán).

Pero a su muerte, en el año 323, el joven imperio se repartió entre sus cuatro generales, y Grecia quedó a merced de los reyes de Macedonia. Todos sus intentos de liberación se saldaron con otros tantos fracasos.

La dominación romana

(ss. III y IV a. C.)

En su afán de controlar el Adriático, el rey de Macedonia Filipo V se alió con Aníbal para atacar a Roma. Decisión equivocada, puesto que el cartaginés fue derrotado y los romanos invadieron Grecia, cuyo destino, a partir de ese momento, estaría indisolublemente ligado al de Roma. Después de derrotar a Antonio y Cleopatra (31 a. C.), Augusto se anexionó todo el territorio heleno y Grecia pasó a ser una provincia romana. A pesar de todo, la civilización griega conservó gran prestigio a los ojos de los romanos y Atenas siguió siendo el centro intelectual y cultural del helenismo, en el que se formarían las élites de la sociedad romana. En China se iniciaron los trabajos de construcción de la Gran Muralla (hacia 200 a. C.).

La Grecia bizantina

(395-1453)

A partir del s. III, el Imperio romano fue víctima de varias invasiones bárbaras que pusieron fin a su unidad. En el año 325, para controlar las marcas del Imperio, el emperador Constantino ordenó construir sobre los muros de la antigua Bizancio una ciudad nueva a la que dio su nombre –Constantinopolis– y que proclamó capital (330). Pero el Imperio desaparecería en 395 cuando sus territorios se dividieron en dos partes: la zona oriental, que abarcaba Grecia, los Balcanes, Asia Menor, Siria, Palestina, el norte de Mesopotamia, y Egipto, pasó a denominarse Imperio romano de Oriente. Por su parte, el invadido Imperio romano de Occidente se dividiría en varios reinos bárbaros.

Una tierra constantemente amenazada

En Grecia desaparecieron las secuelas de las invasiones bárbaras y sólo el gran terremoto del 21 de julio de 365 turbó un período de paz relativo que duró más de un siglo. Durante el s. IV, el cristianismo fue declarado religión oficial, se prohibieron los cultos paganos y se suprimieron los Juegos Olímpicos. Sin embargo, el paganismo permaneció vivo entre los griegos. Puede que esta resistencia al cristianismo como religión de Estado influyera en la pasividad de las tropas cuando los visigodos llegaron en el año 395. A partir de ese momento, las incursiones se multiplicaron y provocaron profundos cambios demográficos. Así se produjo un doble movimiento de la población: por una parte, muchos griegos fueron expulsados del Peloponeso y, por otra, los eslavos se establecieron en el conjunto de Grecia, de modo que Bizancio tuvo que recurrir a la fuerza para que se respetara su autoridad en la zona, a pesar de la amenaza de árabes, búlgaros y normandos. El Imperio bizantino resistió a todos estos invasores hasta que, por paradojas de la historia, fue vencido por los cristianos llegados de Occidente para ayudarle a combatir la amenaza otomana.

La traición de los Cruzados

En respuesta a la llamada del papa Urbano II (1095), la cristiandad occidental se movilizó para liberar Jerusalén, que se encontraba en poder de los musulmanes desde el s. VII. Los emperadores bizantinos habían solicitado esta intervención, pero en forma de reserva de hombres situados bajo su autoridad para reconquistar los territorios y los Santos Lugares que les pertenecían históricamente. Pero los nobles europeos no respetaron los acuerdos adoptados y decidieron quedarse con las tierras conquistadas durante las cruzadas y organizarlas de acuerdo al modelo feudal. Así surgieron varios Estados latinos y uno de ellos fue el reino de Jerusalén.

Además, la presencia cada vez mayor de mercaderes latinos, sobre todo venecianos, en Constantinopla, empeoró aún más la situación, que se materializó en una siniestra persecución en 1182. Aunque las tres primeras cruzadas tuvieron poca repercusión en Grecia, la cuarta (1202-1204) la afectó directamente y precipitó la caída del Imperio bizantino. En lugar de atacar a los musulmanes en Egipto, los Cruzados se aliaron con los venecianos y se dirigieron hacia Constantinopla para arrasarla poco después (1204). La campaña se saldó con la creación de un Imperio latino.

Los francos en Grecia

A decir verdad, el Imperio latino de Constantinopla era bien poca cosa. La unidad, que caracterizó y dio fuerza al Imperio bizantino, no resistió los intereses divergentes de los caballeros cruzados. Los venecianos tomaron posesión de la mitad de la capital, de la mayoría de las islas del Egeo y de muchas plazas fuertes de la Grecia continental. Se concentraron en el comercio marítimo y controlaron numerosos puertos griegos.

De acuerdo con la más pura tradición de sus países de origen, los principales jefes de la cruzada constituyeron diferentes feudos. Durante este período se construyeron numerosas ciudadelas entre las que destacó la de Mistra.

Muerte del Imperio

Los bizantinos consiguieron recuperar Constantinopla en 1261 pero no lograron dominar de nuevo Grecia hasta 1428.

El nuevo Imperio bizantino no era más que la sombra de sí mismo. Después de la incursión serbia padeció la de los turcos. El 29 de mayo de 1453, Constantinopla cayó en manos del sultán Mehmed II (1451-1481). Los otomanos conquistaron Rodas y las islas del Dodecaneso en 1522, Quíos en 1566 y Chipre en 1571. Creta, el último territorio griego de los venecianos, capituló a su vez en 1669.

La Grecia otomana

(1453-1830)

En tiempos de la ocupación otomana, al igual que los restantes pueblos no musulmanes, los cristianos griegos eran tolerados, pero sufrían con frecuencia un trato discriminatorio porque tenían que pagar mayores impuestos que los musulmanes y los jóvenes de 10 a 20 años estaban obligados a servir durante un tiempo en la guardia personal del sultán.

Sin embargo, a pesar de que las élites intelectuales huyeron masivamente, hay que decir que el peso de la tutela otomana no fue excesivo. En comparación con el Gobierno autoritario y opresivo de los venecianos en las islas, el sultán se mostró bastante comprensivo con la población no musulmana y dejó la Administración local en manos de los griegos, al tiempo que manifestó una tolerancia religiosa relativamente amplia. Por ejemplo, en lugar de suprimir el clero ortodoxo, confirmó las prerrogativas del patriarca de Constantinopla e incluso le nombró representante del conjunto de los cristianos del Imperio otomano. Por su parte, la Iglesia se mostró ambigua; aunque gracias a ella la lengua y la cultura griegas se perpetuaron, los patriarcas animaron siempre a sus fieles a condenar cualquier tipo de insubordinación.

Hacia la independencia

Hasta el s. XVII se vivió un período de expansión en el que destacó el reinado de Solimán el Magnífico (1521-1566). Más tarde, la decadencia del Imperio coincidió con el resurgimiento del sentimiento nacional griego. La primera forma de resistencia a la ocupación turca comenzó con el creciente éxito de los kleftes , bandas de ladrones que vivían en las montañas y hostigaban a los otomanos. Los armatolos , milicianos griegos formados por los turcos para combatir a los kleftes , se incorporaron con frecuencia a las filas de sus adversarios y constituyeron la avanzadilla del movimiento de liberación de los territorios griegos.

No obstante, el primer levantamiento importante no se produjo hasta el s. XVIII. De hecho, aprovechando varios reveses musulmanes, algunos griegos procedentes sobre todo del barrio de Fanar (Estambul) se infiltraron progresivamente en los engranajes del Imperio hasta ocupar distintos puestos clave en el Gobierno del sultán. Los Fanariotas ocuparon, en primer lugar, los principales puestos eclesiásticos y, gracias a los conocimientos que poseían sobre los negocios europeos, pronto estuvieron en condiciones de influir en la diplomacia del Imperio otomano y así acaparar importantes cargos.

La infiltración en las instituciones otomanas no impidió que las ideas revolucionarias ganasen terreno y que se concretaran en 1770, aunque el levantamiento del Peloponeso fue reprimido rápidamente. Pero el rápido declive del Imperio otomano y la difusión de las ideas de la Revolución francesa reforzaron la lucha por la libertad.

A principios del s. XIX, las élites de la causa independentista intentaron conseguir el apoyo de los europeos. En poco tiempo, en Viena, París, Atenas y, sobre todo, en Odessa surgieron sociedades secretas (heterías) defensoras de la Gran Grecia independiente.

Una dura conquista

El primer levantamiento, que contó con el apoyo de Rusia, fracasó rápidamente. Aun así, el movimiento revolucionario se propagó por toda Grecia. El patriarca de Patrás proclamó oficialmente la rebelión el 25 de marzo de 1821. En unos meses todas las fuerzas hostiles al ocupante consiguieron agruparse y acabaron echando a los turcos.

Después de estos primeros éxitos aparecieron diversos conflictos internos que frenaron la revolución, y el sultán aprovechó la ocasión para organizar la contraofensiva. Las grandes potencias se abstuvieron de intervenir invocando el principio de la Santa Alianza, que subordinaba el mantenimiento de la paz en Europa al statu quo. El sultán pidió ayuda al virrey de Egipto para sofocar definitivamente la rebelión. Las tropas turco-egipcias aplastaron a los insurgentes en Creta y desembarcaron en el continente, donde recuperaron a sangre y fuego las posiciones que habían conquistado los griegos. La heroica defensa de los rebeldes y la muerte de decenas de miles de cristianos consiguieron por fin acabar con las reticencias de los gobiernos europeos. Mediante el Tratato de Andrinópolis, Rusia, Gran Bretaña y Francia obligaron al sultán a conceder el Estatuto de autonomía a Grecia. En 1830, el Tratado de Londres reconoció la independencia de Grecia e instauró en el país una Monarquía absolutista. Acababa de nacer la nación griega.

El Estado griego

Grecia había conseguido la independencia, pero las frustraciones eran muchas porque el nuevo Estado tenía poco que ver con las aspiraciones revolucionarias. En lugar de abarcar el conjunto de los territorios históricos, el reino se reducía al Peloponeso, al sur de la Grecia central y a algunas islas próximas al continente; en total, apenas 800.000 almas, agrupadas en un Estado pobre, esencialmente rural y destrozado por la guerra. Se comprende que el proyecto de un gran helenismo, la voluntad de reunir en una misma nación el conjunto de los territorios griegos, desde el punto de vista histórico y étnico, se convirtiera en el axioma principal de las reivindicaciones. Además, las potencias europeas habían elegido arbitrariamente a un soberano bárbaro para dirigir el destino del país. El joven Otón I hirió la sensibilidad de sus súbditos al confiar los puestos clave a sus compatriotas. En 1843, un golpe de Estado incruento instauró una Monarquía constitucional que no conseguiría controlar la gran inestabilidad política y el descontento creciente de la población. En octubre de 1862, un nuevo golpe de Estado provocó la destitución de Otón I.

Primeros éxitos

Gran Bretaña aumentó su influencia tras la elección del nuevo rey, Jorge I, hijo menor del rey de Dinamarca (cuñado del príncipe de Gales). Pero esta vez el rey ya no podía gobernar según su voluntad y el Gobierno debía tener la confianza del Parlamento, elegido por sufragio universal. En cuanto a la política interna, las últimas dos décadas del s. XIX, marcadas por la personalidad de un Primer ministro liberal, coincidió con un período de desarrollo: crecimiento demográfico, reforma agraria (1871), excavación del canal de Corinto (1882-1893).

Después de la Conferencia de Berlín (1878), que redistribuyó las cartas en los Balcanes, los otomanos cedieron la región de Tesalia y el sur del Épiro (1881). Dos levantamientos duramente reprimidos, en Creta y en Macedonia, exacerbaron a los nacionalistas griegos. Cuando el cretense Eleftherios Venizelos proclamó la incorporación de la isla a Grecia (1908), el Gobierno prefirió no intervenir a pesar de la presión popular. Sin embargo, un año después, tras la revuelta de un grupo de oficiales radicales, el rey ofreció el Gobierno a Venizelos, que enseguida manifestó su voluntad de reunir todos los territorios griegos en una sola y misma nación y concluyó una alianza con Serbia, Montenegro y Bulgaria para liberar los Balcanes de la tutela otomana. Después de proclamarse vencedores de la primera guerra balcánica (1912-1913), los países de la coalición se disputaron el reparto de Macedonia. Bulgaria declaró entonces la segunda guerra balcánica a Grecia y Serbia. Grecia obtuvo grandes beneficios de los dos conflictos, ya que incorporó a sus dominios Creta, el Épiro meridional, el sur de Macedonia y la mayoría de las islas del mar Egeo. Sólo el Dodecaneso permaneció en manos de Italia.

La desilusión

Finalizado el primer conflicto mundial, Grecia amplió aún más sus fronteras, colmando así todas las esperanzas de los nacionalistas. Y eso a pesar de que el país se incorporó muy tarde a la causa de los Aliados. De hecho, tras suceder a su padre Jorge I, asesinado en Tesalónica en 1913, el nuevo rey Constantino I, cuñado del emperador de Alemania Guillermo II, mostró su simpatía por las potencias centrales. Obligado a dimitir por el monarca a causa de sus intentos de aproximación a los Aliados, el primer ministro Venizelos constituyó un Gobierno alternativo en Tesalónica (septiembre de 1916). Más tarde, un destacamento de la Marina francesa obligó al rey Constantino a abdicar en favor de su segundo hijo. En los tratados de Neuilly (1919) y de Sèvres (1920), Grecia obtuvo la Tracia occidental y oriental, las islas de Imbros y de Tenedos y la administración de gran parte de las provincias egeas de Asia Menor situadas en torno a Esmirna (Izmir).

El irredentismo griego alcanzó entonces sus límites. Cuando los turcos de Mustafá Kemal (Ataturk) rechazaron las conclusiones del Tratado de Sèvres, Venizelos decidió invadir Anatolia. Pero enseguida, la situación interna cambió totalmente porque el conflicto fue muy impopular y costó su cargo al primer ministro. Constantino I ocupó de nuevo el trono tras un plebiscito, pero el regreso de las fuerzas germanófilas al poder provocó la retirada del apoyo exterior. En este contexto, el ejército empezó a acumular derrotas y, transcurridos dos años de guerra, Mustafá Kemal consiguió expulsar a los griegos de Anatolia. Un segundo tratado (Lausana, 1923) restableció la plena soberanía de los turcos en toda Asia Menor, Tracia oriental, Esmirna, Trebisonda, Erzurum y los Estrechos. A partir de ese momento comenzó un trasiego masivo de población entre Turquía y Grecia: 1,5 millones de griegos de Asia Menor intercambiaron su residencia con 500.000 turcos de Grecia.

De la Guerra Mundial a la Guerra Civil

La derrota militar, el éxodo de los griegos de Turquía y las dificultades económicas provocaron las abdicaciones sucesivas de Constantino I (octubre de 1922) y de su hijo Jorge II (diciembre de 1923). La República, que se proclamó en marzo de 1924, no consiguió apaciguar el descontento existente y, como consecuencia de varias crisis políticas y económicas, desapareció a su vez cuando se restableció la Monarquía en marzo de 1935. Con el consentimiento del rey, el general Metaxas estableció un régimen dictatorial emparentado con el fascismo italiano. Sin embargo, a pesar de las convergencias con el régimen mussoliniano, las pretensiones territoriales del Duce provocaron el acercamiento de Atenas a los Aliados. Aunque duplicaban en número a las griegas, las tropas italianas sufrieron una gran derrota (1940) y el ejército de Hitler se vio obligado a acudir en su ayuda. En una campaña relámpago, la Wehrmacht sometió el conjunto de los Balcanes y entró en Grecia el 6 de abril de 1941. Los griegos opusieron una resistencia encarnizada, que impresionó a los altos mandos militares, pero que no pudo impedir la invasión ni la división del país en tres zonas de ocupación: italiana, alemana y búlgara.

Mientras el rey y el Gobierno perpetuaban la existencia del Estado y se refugiaban en El Cairo, la resistencia interior contra el ocupante se organizó en torno a dos grandes movimientos basados en la guerra de guerrillas. Mas el creciente desencuentro entre el EDES monárquico y el ELAS comunista, que dejó de reconocer la legalidad del Gobierno en el exilio, se transformó al final del conflicto mundial en Guerra Civil (1946-1949), coincidiendo con el comienzo de la “guerra fría”. Los comunistas del general Markos ganaron terreno con el apoyo de Yugoslavia y de la URSS, pero la ayuda de Estados Unidos al Gobierno legal y a la monarquía, así como la ruptura entre Tito y Stalin, provocaron su derrota. Después de la Guerra Civil, la situación era tan catastrófica que muchos griegos emigraron a Norteamérica y Australia.

Tiempos democráticos

La Grecia de Pablo I (1947-1964), a la que se incorporaron las islas del Dodecaneso en 1947 y que entró en la OTAN en 1951, estuvo en teoría dirigida por gobiernos de la derecha moderada, aunque en realidad quien dirigía el país eran las fuerzas paralelas de extrema derecha. Cuando Georgios Papandreu, llegó al poder en 1963 al frente de la Unión del Centro, propuso una serie de reformas democráticas que asustaron a las fuerzas ocultas, de modo que poco después el joven rey Constantino II (1965) le pidió su dimisión.

La democracia confiscada...

Comenzó entonces un período de crisis política que desembocó en el golpe de Estado del 21 de abril de 1967 y en el principio del régimen de los Coroneles. Constantino II intentó en vano organizar un contragolpe de Estado, pero no lo consiguió y tuvo que exiliarse en Roma. La Junta militar instauró un Gobierno autoritario y represivo que se ganó la antipatía de la población y el rechazo internacional, excepto el de Estados Unidos. En respuesta al descontento popular y a las manifestaciones estudiantiles (1972-1973), el régimen aplicó la ley marcial y creó tribunales de excepción.

... y restituida

Ni la proclamación de la República (julio de 1973) ni la sustitución del coronel Papadopoulos por el general Ghizikis permitieron que el país saliera del callejón sin salida en el que se encontraba. La cuestión chipriota, que envenenaba las relaciones con Turquía desde hacía mucho tiempo, fue el epílogo del régimen de los Coroneles. El intento fracasado de asesinar al presidente chipriota Makarios y la reacción de los turcos, que invadieron el 40% del norte de la isla, obligaron a Ghizikis a retirarse para confiar el poder al ex primer ministro de derechas Caramanlis (julio de 1974). Poco después, un referéndum confirmó la sustitución de la Monarquía por la República y en 1975 se promulgó una nueva Constitución. Con la llegada al poder del Partido Socialista, el Pasok de Andreas Papandreu, que supuso el comienzo de la alternancia política, y la adhesión a la CEE, que contribuiría decisivamente al crecimiento y a la modernización del país, el año 1981 fue sin duda decisivo para la nueva Grecia. Pero todavía quedaba pendiente la pacificación de las relaciones con los países vecinos. En los años noventa, al conflicto recurrente con Turquía a propósito de Chipre hubo que añadir el enfrentamiento con Albania sobre el control del Épiro septentrional, así como el rechazo griego a reconocer el nombre de la joven República de Macedonia, que podía prestarse a confusión con la provincia griega de Macedonia. Las tensiones con Turquía se reavivaron cuando Chipre se incorporó a la Unión Europea porque se planteó la reunificación de las dos zonas de la isla. A pesar de su juventud (la nueva Constitución se aprobó en 1975), parece que el pueblo griego ha asumido plenamente la existencia de la República, que goza de instituciones eficaces.

El Parlamento elige cada cinco años al presidente de la República, que es también el jefe del Ejército y nombra al primer ministro, aunque dicho nombramiento sea un puro formalismo, dado que el puesto siempre recae en el jefe del partido mayoritario en el Parlamento. Además, el presidente no detenta el poder Ejecutivo, que corresponde al primer ministro. Este último preside un Gobierno que responde ante el Parlamento (300 miembros elegidos cada cuatro años), responsable del poder Legislativo.

La Constitución de 1975 garantiza la libertad de culto, pero paradójicamente reconoce la primacía de la religión cristiana ortodoxa, que es la religión del Estado.

Desde el punto de vista administrativo, Grecia está dividida en nueve grandes regiones. Cada una de las 52 provincias o nomos depende de un gobernador provincial. Finalmente, al frente de cada municipio hay un alcalde y un Consejo municipal elegidos cada cuatro años por sufragio universal.

Un marco político bipartito

Desde que se instauró la República, dos grandes partidos protagonizan la vida política. A la izquierda se encuentra el Partido Socialista Panhelénico, Pasok, fundado en 1974, que durante mucho tiempo estuvo dominado por la personalidad de Andreas Papandreu. El Pasok, que llegó al poder en 1993 y está muy arraigado en el mundo rural, se confirmó como un partido nacionalista que se oponía a las políticas socialdemócrata y comunista. Pretende una mayor justicia social y se rebela contra la influencia de las grandes potencias. Desde febrero de 2004 está presidido por Yorgos Papandreu, hijo del fundador.

A la derecha del espectro político se encuentra el partido fundado por Constantinos Karamanlis, la Nueva Democracia. Heredera de la Unión Nacional Radical anterior a la Junta, se caracteriza por su política liberal de inspiración europea. Bajo la dirección de Costas Karamanlis, sobrino del fundador, ganó por un amplio margen las elecciones parlamentarias de marzo de 2004.

Además de estos dos grandes partidos, sólo el Partido Comunista Tradicional (KKE), bien implantado en el entorno obrero, está siempre representado en el Parlamento. Además hay que citar al Synapismos (rebautizado Izquierda Democrática), heredero del ex KKE del interior, reformador y europeo, que consiguió algunos escaños. Escaños que no obtuvo el EPEN (Unión Nacional Panhelénica), de extrema derecha, que no ha logrado imponerse en la vida política de la nación.

Economía

La adhesión de Grecia a la CEE, que se aprobó en 1979, se hizo efectiva en 1981. El país más pobre de la Comunidad tenía mucho que ganar con su incorporación a la Unión Europea. A pesar de los grandes avances conseguidos, la economía griega todavía está muy lejos de la media eu­ropea. Sin embargo, gracias a su política rigurosa y a un programa de privatizaciones, Grecia pudo adoptar la moneda única en la misma fecha que los restantes grandes países europeos, el 1 de enero de 2001. La abundancia de fondos comunitarios (52.000 millones de euros entre 2001 y 2006) y la celebración de los Juegos Olímpicos en 2004 contribuyeron a incrementar el crecimiento, el mayor de Europa, hasta cerca del 4%, en cabeza del ranking europeo junto con Irlanda. Aunque la inflación se ha reducido hasta una tasa inferior al 4%, el índice de paro ronda el 10% de la población activa, a pesar de que el poder adquisitivo de los griegos ha aumentado sensiblemente.

Agricultura e industria

A pesar de estos buenos resultados, los griegos todavía tienen que hacer muchos esfuerzos. El sector agrícola ocupa a cerca del 20% de la población activa; el valor de su producción oscila entre el 8 y el 10% del PIB. Aunque se están modernizando los métodos de producción, Grecia sigue siendo un país de pequeñas explotaciones (con una superficie media de 4 ha). Las principales producciones son el tabaco (primer productor europeo), el algodón (quinto exportador mundial) y la remolacha azucarera, además de diversas frutas y hortalizas (aceitunas, uvas, tomates).

La industria debe a la agricultura gran parte de su vitalidad, basada en la transformación de productos agrícolas y en la conversión del algodón destinado a la industria textil (aunque en la actualidad gran parte de esta labor se subcontrata a los países balcánicos). Las empresas de construcción constituyen la otra vertiente de la actividad industrial.

Los recursos mineros son limitados. El lignito alimenta algunas centrales térmicas, y el yacimiento de petróleo de la isla de Thasos es poco importante. Además de algo de níquel, zinc y magnesio, el mineral más abundante es la bauxita, de la que se extrae el aluminio.

Tres aspectos esenciales

El desequilibrio entre las necesidades de la población y la capacidad económica provoca un fuerte déficit en la balanza de pagos. Sin embargo, el hecho de que la Unión Europea absorba cerca de la mitad de las exportaciones griegas y le venda las dos terceras partes de los productos que importa atestiguan su excelente integración en Europa.

Afortunadamente, el déficit comercial se compensa en parte con los beneficios de la marina mercante, las remesas de los griegos que viven en el extranjero –unos 6,5 millones que constituyen una importante fuerza económica– y, sobre todo, gracias a los ingresos por turismo que aportan anualmente los cerca de 14 millones de visitantes, cifra superior a la población del país. Un maná que supone unos 13.000 millones de euros anuales.

Para cuadrar sus cuentas, Grecia ha tenido que ahorrar en el campo de la defensa, muy gravosa para el presupuesto nacional, con un gasto superior al 4% del PIB, el porcentaje más alto de todos los países miembro de la OTAN.

A pesar de que la sociedad griega conserva algunas costumbres arcaicas, nadie puede negar que se han logrado numerosos avances. El Estado, gran impulsor de la educación, dedica una parte importante del presupuesto a los colegios públicos y a la enseñanza superior de alto nivel. Además, junto al sistema público existe una importante red de centros de enseñanza privados.

Un país poco poblado

Con algo menos de 11 millones de habitantes, Grecia es un pequeño país comparado con las restantes naciones europeas.

Su densidad ronda los 80 habitantes por km2 (la tercera parte que Alemania o el Reino Unido), pero hay que tener en cuenta que es un país muy montañoso.

El índice de urbanización ronda el 60%, una cifra inferior a la de los grandes países desarrollados, pero considerable para un país que sigue siendo muy rural.

Desde hace quince años las montañas del Peloponeso y del Pindo vienen sufriendo un proceso creciente de despoblación al igual que muchas islas. Sin embargo, el problema parece estar en vías de solución gracias a la llegada de inmigrantes procedentes de los países del Este y de Albania que, desde la caída del Imperio soviético, llegan en oleadas sucesivas.

Una urbanización mal repartida

El éxodo rural de los primeros tiempos se dirigió principalmente a la capital. Algunos de los problemas que provocó esta gran concentración ya han sido solucionados o están en vías de serlo, sobre todo el grave problema de abastecimiento de agua gracias a la captación de aguas del monte Parnaso. Con motivo de las Olimpiadas de 2004 se realizaron grandes obras de importancia. El nuevo aeropuerto Eleftherios Venizelos (a 27 km al sureste de Atenas), inaugurado en 2001, la creación de una carretera periférica y la construcción de nuevas líneas de metro y de un tranvía han descongestionado bastante la capital. A pesar de todo, el aire ateniense sigue siendo irrespirable cuando hace mucho calor, como consecuencia del alto índice de contaminación.

Muy por detrás de Atenas, Tesalónica tiene 800.000 habitantes, mientras que Patrás (Peloponeso), la tercera ciudad del país, sólo cuenta con 100.000. Esta distribución desigual de la población va acompañada de una concentración de los medios de producción en torno a las pocas grandes ciudades existentes. No obstante, el índice de crecimiento de la población griega es relativamente bajo: + 0,21%, una cifra comparable a la del resto de los países europeos.

Arte y arquitectura

Grecia posee un extraordinario patrimonio artístico, fuente de inspiración del Renacimiento europeo y, más tarde, del neoclasicismo. El arte de la Grecia clásica, que fascinó en su día a los romanos, llegó posteriormente a lugares muy lejanos y está presente en numerosas iglesias, palacios y capitolios de todo tipo. Pero sería un error hablar del arte griego sin evocar las civilizaciones bizantina, latina y otomana, que ejercieron gran influencia en el país.

La Edad del Bronce, o el arte de los primeros palacios

A partir de la Edad del Bronce, las dos grandes civilizaciones minoica y micénica realizaron una arquitectura evolucionada de originales rasgos artísticos.

Las ciudades micénicas, una obra de Cíclopes

Los micénicos destacaron sobre todo en el arte de las fortificaciones , lo que demuestra su carácter belicoso. A diferencia de los cretenses, establecieron sus ciudades en zonas altas y las protegieron con poderosas murallas hechas con enormes bloques de piedra que podían llegar a pesar varias toneladas. Una de las mejores muestras de estas obras colosales es la ciudad de Tirinto, en Argólida.

A pesar de su carácter guerrero, los micénicos crearon un artemuy refinado, sobre todo en el campo de la orfebrería , como atestigua el fabuloso tesoro hallado en las 19 tumbas reales descubiertas en 1876, en Micenas : máscaras de oro, placas de oro labradas, diademas, brazaletes, anillos, cetros de plata dorada con empuñaduras de cristal de roca, puñales damasquinados, etc. Una riqueza extraordinaria que contrastaría con la carencia extrema posterior a la civilización micénica.

Arquitectura antigua

Finalizados los llamados “siglos oscuros”, la civilización micénica cayó en el olvido y poco a poco emergió una nueva sociedad, basada en la pertenencia de cada individuo a una ciudad . La importancia de la comunidad explica el gran interés que concede la arquitectura griega a los edificios públicos. Pero en la época arcaica, el ágora –la plaza pública– es sólo una gran explanada desprovista de edificios; los primeros elementos de la arquitectura urbana, los templos , no aparecen hasta la segunda mitad del s. VIII a. C. De hecho, hasta el s. VI, la arquitectura de los santuarios dedicados a los dioses difería poco de las viviendas de los hombres. Una maqueta de arcilla del templo de Hera en Argos (Peloponeso) muestra sus principales características: una gran sala rectangular ( megarón ) cubierta con un tejado a dos aguas y precedida por un pequeño pórtico sostenido mediante dos columnas. Los materiales utilizados –arcilla, madera y sillares de piedra– limitaban las innovaciones.

Aparición de la monumentalidad

El primer indicio de arquitectura monumental surge en el templo de Hera, en Samos, entre los ss. VIII y VII, cuando la sala dedicada a la divinidad (cella) aparece rodeada por una galería de pilares de madera, el peristilo. La mansión de los dioses es ya muy diferente de las casas de los hombres. Más adelante, el trabajo de la piedra, y en particular del mármol, permitirá a los griegos dar libre curso a su genio creador. En el s. VI aparecen las primeras construcciones monumentales.

Enseguida se distinguen dos estilos: en la Grecia continental, el orden dórico , de inspiración geométrica, es sobrio y austero y se caracteriza por sus columnas sin basa y sus capiteles desprovistos de decoración. En Asia Menor, el orden jónico , más decorativo y de aspecto más ligero, permite mayor libertad artística. A diferencia del dórico, las columnas reposan sobre una basa con molduras y los capiteles están decorados con volutas.

El primer templo de piedra conocido está en Corfú y es el santuario de Artemisa , erigido hacia el año 580 a. C. A partir de ese momento, los templos se convirtieron en edificios cada vez más grandiosos. El templo de Artemisa, en Éfeso –una de las Siete Maravillas del mundo antiguo– medía 50 m de anchura por 100 m de longitud, al igual que el templo “G” de Selinonte. Pero estas empresas titánicas alcanzaron pronto el límite de lo posible y resultaban muy caras. Buen ejemplo de ello es el gigantesco templo de Zeus Olímpico , en Atenas, que comenzaron los pisístratos, continuaron sus sucesores y terminó el emperador romano Adriano seis siglos después.

El siglo de Pericles o la edad de oro

Con la colaboración del escultor Fidias y el arquitecto Ictinos en la construcción del Partenón de Atenas (447-432 a. C.) comienza una nueva etapa; el templo deja de destacar por sus dimensiones gigantescas y empieza a distinguirse por la perfección de sus proporciones, la ampliación de la cella gracias a la reducción de las galerías laterales, y la elegancia de la decoración.

A principios del s. IV a. C., en el templo de Atenea Alea , en Tegeas (al sur de Argos, Peloponeso), el arquitecto y escultor Escopas acentuó esta tendencia al embellecimiento de los espacios interiores, suprimió las columnas laterales e impuso el orden corintio , aún más decorativo con sus hojas de acanto curvadas que forman volutas en el capitel.

Pero seguramente donde mejor se expresó el talento de los artistas griegos fue en la decoración de los tesoros , pequeños edificios religiosos que se sucedían a lo largo de las vías sagradas de los grandes santuarios panhelénicos: Olimpia , Delos y, sobre todo, Delfos. Los construían, las ciudades después de una victoria o las familias que querían dar gracias a los dioses y en su interior se depositaban ofrendas. Como disponían de mayor libertad que en los templos, los artistas los dotaban de numerosos elementos decorativos, como molduras, pinturas, frisos esculpidos y cariátides, en los que daban libre curso a su imaginación.

El espíritu del helenismo

En el s. IV a. C. se produjeron algunos cambios que serían decisivos en la arquitectura griega. En el s. V, Hipodamos de Mileto se propuso remodelar totalmente el urbanismo griego y proyectó ciudades de planta ortogonal con calles en forma de retícula regular donde se distinguían las zonas de actividad de las zonas residenciales. El trazado hipodámico se propagó luego tardíamente gracias a las conquistas de Alejandro Magno y a las creaciones urbanas que las acompañaron. Entre las grandes novedades arquitectónicas de la época hay que citar la multiplicación de las murallas en torno a las ciudades, la de los pórticos (stoa) en torno a los santuarios y las ágoras –agradables galerías con columnas que albergaban tiendas y oficinas–, así como la aparición y el rápido éxito del teatro .

En la época helenística comienza una auténtica revolución de las mentalidades. El centro del helenismo se desplazó fuera de Grecia y las rivalidades entre los reinos griegos independientes se manifestaron tanto en el campo de la política como en el lujo de la arquitectura. Los mejores artistas trabajaron para los ricos soberanos de Asia Menor, Siria y Egipto, donde realizaron un arte monumental al que incorporaron técnicas orientales.

Pero esta evolución no afectó sólo a los soberanos, ya que penetró en las casas particulares, hasta entonces muy austeras. Con la progresiva desaparición del sentido cívico y el auge del individualismo, en el s. IV surgió el deseo de demostrar el éxito personal, empezando por el embellecimiento de la vivienda. Los barrios de negocios y de los altos funcionarios se llenaron de amplias residencias lujosamente decoradas.

Escultura arcaica

En el s. VII a. C. aparecen las primeras estatuas de gran tamaño, de inspiración egipcia, con uno de los temas favoritos de la estatuaria arcaica : el kouros y la koré, que tienen una función religiosa. Se sitúan en los santuarios, en homenaje a los dioses, así como en las tumbas para recordar al difunto. Se realizan de acuerdo con normas muy estrictas y son de mármol, de piedra caliza (poros) o de bronce. El kouros representa a un hombre desnudo, de pie, con el pie izquierdo avanzado, los brazos extendidos a lo largo del cuerpo y los puños cerrados. En la segunda mital del s. VII, los kouroi adquirieron dimensiones colosales para regresar a una escala más humana en el s. VI. Su equivalente femenino, la koré , es una figura femenina de pie, con los pies juntos, con un brazo extendido a lo largo del cuerpo y el otro doblado sobre el pecho. Su silueta, aún más rígida que la masculina, parece más una columna que un cuerpo humano y su anatomía sólo aparece sugerida por el movimiento del drapeado de la túnica ceremonial.

La época clásica o la liberación del cuerpo

Después de un período de transición, llamado “severo” y representado por el magnífico Auriga de Delfos, la época clásica se libera poco a poco de la rigidez del kouros. En el s. V – primera edad clásica –, Atenas ejerce una supremacía absoluta en el mundo griego y a ella acuden los principales artistas de la época. Fidias, uno de ellos, confiere a los cuerpos que esculpe una flexibilidad, un movimiento y una majestuosidad desconocidos hasta entonces. Autor de la estatua criselefantina (de oro y marfil) de Zeus en Olimpia, hoy desaparecida, pero considerada en su época una de las Siete Maravillas del Mundo, también realizó la decoración del Partenón, en particular el impresionante friso de las Panateas .

En Argos destacó otro gran escultor, Policleto, que creó un canon de proporciones que establecía que la altura total del cuerpo debía ser equivalente a siete cabezas. Desgraciadamente, de sus obras sólo conocemos copias romanas, como el célebre Doríforo de bronce que representa a un hombre desnudo armado con una lanza.

En la segunda época clásica (s. IV), el ateniense Praxítelesse alejó del hieratismo del período anterior e imprimió a sus obras mayor naturalidad y gracia; realizó cuerpos femeninos desnudos y sensuales, y cuerpos masculinos en actitudes lánguidas.

Por su parte, Escopas de Paros atribuyó a sus personajes un aspecto más expresivo y atormentado; se caracterizó por un arte realista que tuvo mucho éxito en la época helenística . En esta misma línea, Lisipo realizó numerosos retratos de su protector Alejandro Magno, así como estatuas de bronce más esbeltas que las de Policleto. De hecho, este artista creó un nuevo canon que establecía que la altura del cuerpo debía ser de ocho cabezas. Su discípulo, Cares de Lindos, aplicó este canon a su gigantesca estatua de bronce de Helios (el Sol), el famoso Coloso de Rodas, de más de 30 m de altura, considerado también una de las Siete Maravillas del Mundo, pero que no sobrevivió al terremoto del año 227 a. C.

Los vasos griegos, memoria de la pintura

Los vivos colores que realzaban la arquitectura de los grandes monumentos de la antigua Grecia han desaparecido casi por completo, borrados por el tiempo. Afortunadamente nos quedan las magníficas decoraciones de la cerámica, único testimonio de la evolución de la pintura como arte autónomo. También en este caso, los “siglos oscuros” hicieron tabla rasa de la civilización micénica y, en el s. IX a. C. la decoración de los vasos se limitaba a sencillas bandas de dibujos geométricos en la zona de mayor diámetro. Las figuras de hombres y animales aparecieron en el siglo siguiente, aunque muy esquematizadas; un círculo simbolizaba la cabeza de los hombres y un triángulo su cuerpo. En Ática, y sobre todo en Atenas, se concentraría la mayor parte de la producción de cerámica geométrica, en la que destacan las ánforas funerarias del Maestro del Dipilón.

Figuras negras...

Durante la segunda mitad del s.VIII, la multiplicación de contactos con Oriente Próximo provocó importantes cambios. Corinto se convirtió en un destacado centro artístico de inspiración oriental . Los motivos geométricos se sustituyeron por palmas, rosetones y flores de loto, así como por leones, panteras y esfinges. La técnica de figuras negras aportó además mayor expresividad y realismo a los cuerpos dibujados; las figuras estaban pintadas en negro sobre el fondo ocre rojizo de la terracota y los detalles se representaban mediante incisiones; finalmente, los contornos de los cuerpos se destacaban con líneas blancas o rojas. El famoso vaso Chigi, realizado hacia el año 650, constituye un magnífico ejemplo de las posibilidades que ofrecía esta técnica, como se puede apreciar en los distintos frisos que representan escenas cotidianas y mitológicas.

... y figuras rojas

En el s. VI Ática, se afirmó a su vez como el principal centro de producción de la cerámica de figuras negras. Además de escenas mitológicas se representan sobre todo episodios de la vida aristocrática. Hacia el año 525, la técnica de figuras negras empieza a ser sustituida por la de figuras rojas; se realizan sobre un fondo negro y se dejan de practicar incisiones para pintar los detalles en rojo. El tratamiento de las formas y los rostros en la pintura sigue una evolución paralela a la que experimenta la escultura; los sentimientos se exacerban y los cuerpos se desvelan. Polignoto de Thasos (s. V a. C.) es el precursor de este movimiento y el artista que introduce el concepto de espacio en la pintura, creando una decoración constituida por varios planos en torno a sus personajes.

Al final de la época clásica, la pintura sobre cerámica comienza a dar síntomas de agotamiento y surge la pintura mural . Al igual que la escultura, se pone al servicio de los gobernantes y el pintor Apeles realiza numerosos retratos de Alejandro Magno como gran vencedor y luego como dios.

Bizancio o el arte del cristianismo

Grecia parece perder su vitalidad artística cuando pasa a ser dominada por otros pueblos. Sin embargo, en el campo de la arquitectura religiosa, que representa la excepción, los griegos consiguen expresar conceptos originales. Habrán de transcurrir varios siglos hasta alcanzar un estilo propio y en un primer momento (ss. IV-VI) triunfan las iglesias de planta basilical , inspiradas en la arquitectura civil romana.

En el s. VI, la cúpula, muy habitual en Roma, pasa a ser el elemento principal en torno al cual se edifica la iglesia bizantina. Esta última adquiere dimensiones más modestas y se impone la planta de cruz griega. La cúpula se apoya en un tambor dotado de ventanas que se asienta a su vez sobre cuatro bóvedas de cañón que dibujan los brazos iguales de una cruz.

Muy bien integrados en este modelo arquitectónico, aparecen magníficos mosaicos que revelan a los fieles diferentes escenas de los Evangelios, de acuerdo con un programa litúrgico bien definido: el Cristo Pantocrátor en la cúpula, la Virgen Platytera en el ábside, escenas de la vida de Cristo o de la Virgen según las fiestas del año en la nave o el nártex. Por ejemplo, la iglesia Dafni (s. XI), en Ática, contiene magníficos mosaicos dorados.

En el s. XIV surge en Mistra una curiosa pero interesante combinación de modelos arquitectónicos anteriores, con planta basilical en la parte inferior y planta de cruz griega en la parte superior (iglesia Afendiko del monasterio Brontoquion).

En la última fase de la época bizantina, los mosaicos se sustituyen progresivamente por frescos que siguen los mismos códigos de representación, pero que resultan muchos más baratos.

Tiempos modernos

Entre otomanos y venecianos

Tras la conquista turca, el arte puramente griego desaparece prácticamente durante cuatro siglos. Las mezquitas, hammams, bazares y posadas para caravanas aparecen en todas las ciudades. Los otomanos, grandes admiradores de las iglesias bizantinas, transformarán las más bellas en mezquitas . Además de adaptar los santurarios cristianos a los ritos del Islam, los arquitectos turcos dejarán patente su talento en algunas realizaciones de importancia, pero la mayoría de las mezquitas de Grecia serán edificios relativamente modestos, constituidos por una sencilla sala de oraciones.

En tiempos de la dominación otomana, el arte cristiano sólo resistió en el monte Athos y en las posesiones venecianas de Creta y las islas Jónicas. Muy sensible, la influencia de Venecia se manifestó sobre todo en la arquitectura militar ; como ejemplo podemos citar las diferentes ciudadelas fortificadas de Corfú, Zante y Cefalonia, y, sobre todo, de Creta, que seguían resistiendo los ataques turcos. Los leones de san Marcos, emblema de la ciudad de los Dux, siguen presentes junto a la entrada de muchas de estas plazas fuertes. Por su parte, la arquitectura civil heredó elegantes loggias , como la de Heraklion, sede del Ayuntamiento en la actualidad, y la de Rethymnon, convertida en biblioteca. Sin olvidar las fuentes , símbolo de la prosperidad veneciana, que rivalizaban en belleza con las turcas.

Venecia también dejó su huella en la arquitectura religiosa y en particular en el campo de la pintura ; los artistas griegos, como Damaskinos, supieron combinar con acierto en sus iconos el rigor bizantino y la inspiración sensual y formal, más realista, de los venecianos. El más famoso de todos ellos, Doménikos Theotokópoulos, pasó a la posteridad con el sobrenombre de El Greco (1541-1614). Se formó en Creta y se exilió para demostrar todo su talento en España, en contacto con los maestros locales y los italianos. Cuando los otomanos tomaron Creta en 1669, muchos artistas se establecieron en las islas Jónicas, donde crearon la llamada “escuela jónica”.

El neoclasicismo o la recuperación de la Antigüedad

La derrota turca y la liberación de Grecia en 1821 dieron origen a un gran movimiento de renovación artística. En todo el país se suprimieron los símbolos de la dominación otomana con el deseo de recuperar los monumentos antiguos –símbolo de la identidad y del prestigio de Grecia– y de restituir su auténtico carácter a las ciudades de la joven nación. Cuando ya estaba muy en boca en Europa occidental, el estilo neoclásico encontró en Grecia un excelente campo de cultivo. Tras su introducción por parte de artistas extranjeros, en primer lugar bávaros (que habían acompañado al rey Otón I), esta tendencia se impuso en la (re)construcción de los edificios públicos. En primera línea de este revival se situó Atenas , con su Universidad, su Biblioteca Nacional y su Academia.

Pintura y escultura modernas

Algunos pintores como Nikiforos Lytras se fueron a estudiar a Múnich, pero todas las expresiones artísticas del s. XIX estuvieron impregnadas de academicismo. Hasta el siglo siguiente no se hicieron patentes las primeras manifestaciones de las nuevas corrientes artísticas existentes en la Europa occidental. Llegados a este punto hay que citar al pintor Konstantinos Parthenis , el primero en interesarse por el impresionismo y el fauvismo.

En el campo de la escultura, Constantinos Dimitriades se inspiró en Rodin y creó escuela. A éstos siguieron el expresionista Giorgios Bouzianis , el cubista Nikos Ghika y el surrealista Nikos Engonopoulos . A pesar de todo, esta tendencia modernista no fue unánime y persistió una fuerte corriente tradicionalista que permaneció fiel a la cultura helénica, bizantina y popular del país, y que tendrá sus máximos representantes en el pintor Spyros Vassiliou y en el arquitecto D. Pikionis .

Estos dos estilos, tradicionalista y modernista, seguirán vigentes después de la Segunda Guerra Mundial. El pintor Iannis Moralis encarna al primero con su búsqueda de las auténticas raíces de la cultura griega. Por el contrario, algunos de sus contemporáneos explorarán las nuevas tendencias artísticas del mundo occidental. Entre ellos hay que citar a los pintores Alexandros Kontopoulos y a Iannis Spyropoulos , seguidores del arte abstracto.

Pero el arte figurativo no tardó mucho en regresar de la mano del pintor Iannis Gaitis y del escultor Giorgios Giorgiadis . Como tantos otros artistas, los griegos también se expatriaron y lograron reconocimiento internacional. Iannis Kounellis destacó en Italia en el seno del movimiento Arte Povera. Panayiotis Vassilakis, llamado Takis , trabaja en París desde hace más de medio siglo. Está especializado en arte tecnológico y se interesa por los efectos del magnetismo, el sonido y la luz, y ha adquirido cierta reputación con sus “esculturas electromagnéticas”, sus “teleluces” y sus “esculturas musicales”.

Pequeño léxico de arte y arquitectura

Acanto – Planta cuyas hojas están representadas en los capiteles corintios.

Acrópolis – Parte alta de las ciudades griegas que servía de ciudadela y de lugar de culto.

Ágora – Plaza principal de las ciudades, centro de la vida pública.

Ambón – Púlpito situado junto al altar en las basílicas paleocristianas.

Aparejo – Modo de colocar los elementos empleados en la construcción de un muro (en latín opus ).

Basílica – En la Roma clásica, edificio civil de tres naves que se utilizaba como tribunal y lugar de reunión. Las primeras iglesias cristianas presentaban este tipo de planta.

Buleuterio – Edificio donde se reunía el Senado o Consejo de Estado en las ciudades griegas.

Cella – Sala central de los templos en la que se encontraba la estatua del dios.

Exedra – Construcción de planta semicircular dotada de un banco de piedra. Por extensión, el propio banco de piedra.

Fresco – Del italiano a fresco : “revoque de cal húmedo”. Técnica de pintura mural.

Gimnasio – Complejo deportivo compuesto por zonas de entrenamiento al aire libre y varios edificios, como vestuarios, palestras, salas de masaje, etc.

Hipóstilo – Edificio cuya cubierta está sostenida por columnas (en griego, stilo significa “columna”).

Iconostasis – En las iglesias ortodoxas, tabique decorado con iconos que separa la nave del presbiterio.

Mégaron – Del griego “gran sala”. Sala de recepción del palacio micénico; estaba dotada de columnas y a veces iba precedida de un doble atrio. En el centro se encontraba el hogar. Según algunos, fue el origen del templo griego.

Metopa – En los frisos clásicos, espacio situado entre dos triglifos.

Nártex – En las basílicas paleocristianas, zona porticada del atrio que estaba reservada a los catecúmenos.

Ninfeo – Templo dedicado a las ninfas y construido en torno a un manantial.

Odeón – Teatro cubierto destinado a audiciones musicales y lecturas públicas.

Opistódomo – En los templos griegos, sala sin comunicación con la naos donde se depositaban las ofrendas.

Orden – Conjunto formado por la columna y el entablamento según cánones fijos.

Palestra – Patio del gimnasio destinado a ejercicios especiales y rodeado de un pórtico con vestuarios, lavabos, etc.

Pechina – Cada uno de los cuatro triángulos curvilíneos que sustentan una cúpula y permiten pasar de la planta cuadrada a la circular.

Peristilo – Galería de columnas que rodea un edificio, un patio o un jardín.

Pórtico – Galería cubierta y dotada de columnas, situada delante de un edificio (en griego, stoa ).

Pronaos – Vestíbulo de los templos griegos que da acceso a la naos y a la cella .

Propileos – Entrada monumental que precede a una puerta en los edificios públicos o santuarios.

Pritaneo – En la antigua Grecia, edificio donde se reunían los pritanos o senadores de Atenas.

Stoa – Ver “Pórtico”.

Témenos – Espacio sagrado que rodea un templo. Explanada sagrada de una acrópolis.

Tholos – Edificio de planta circular dedicado en general a usos funerarios.

Triglifo – En los frisos dóricos, zona rectangular con tres bandas verticales comprendida entre dos metopas.

Tesoro – Pequeño edificio en forma de templo donde se depositaban las ofrendas.

Mitología griega

La mitología griega, repleta de leyendas y narraciones protagonizadas por dioses y héroes, nos es muy familiar porque forma parte de nuestra cultura.

De Esquilo a Giraudoux, de Eurípides a Lope de Vega y de Virgilio a Quevedo, ha sido fuente de inspiración de grandes autores y ha ejercido siempre una gran fascinación. Tras sus numerosos personajes, tras sus múltiples situaciones, hay todo un mundo de símbolos, reflejo fantástico de acontecimientos históricos, de pensamientos filosóficos y de proverbios que siguen vivos.

Aquí intentaremos sólo sentar los principios y mostrar los rasgos principales de este gran conjunto de narraciones, porque cada poeta de la Antigüedad tenía su propia versión sobre los amores de los distintos dioses y sobre las tribulaciones de los distintos héroes.

Nacimiento de los dioses y de los hombres

Para empezar hay que decir que los mitos intentan explicar la génesis del universo; los mitos teogónicos narran el origen de los dioses, mientras que los cosmogónicos se refieren al nacimiento del mundo y de los hombres.

Los griegos

“¿De qué región procedes? ¿De qué pueblo? ¿De qué familia?”, ningún griego duda en hacer todas estas preguntas a un compatriota inmediatamente después de conocerle; entre los griegos es habitual la solidaridad y la ayuda mutua. Y es que el regionalismo siempre ha sido sinónimo de identidad cultural y social, mucho antes de que se acuñase el concepto de identidad nacional durante la ocupación otomana. A pesar de la pequeña superficie del país, actualmente existen muchas diferencias entre las distintas regiones; en Épiro el ambiente es muy parecido al de los Balcanes, y un pescador de Santorini tiene muy pocos puntos en común con un rico armador ateniense que vive como el resto de los eu­ropeos. Sin embargo, los 11 millones de habitantes de Grecia han acabado por formar una nación homogénea, estructurada a lo largo de los siglos en torno a un idioma común y a la Iglesia ortodoxa .

Orígenes del mundo griego

Los griegos se sienten depositarios de toda la historia de su país: el orgullo de la antigua Grecia, los fastos de la época bizantina, el sufrimiento de la ocupación otomana y el orgullo de la Grecia contemporánea, que se esfuerza por superar su retraso con respecto al resto de Europa, pero sin olvidar el pasado.

Los primeros griegos: los helenos

En el segundo milenio a. C. hicieron su aparición los helenos, un grupo constituido por varios pueblos indoeuropeos invasores. Así, a partir del año 2000 a. C. los primeros habitantes de la península Helénica, los pelasgos , asistieron a la llegada de los jonios . A estos últimos sucedieron los aqueos , marinos procedentes del norte que se mezclaron con las poblaciones locales y dieron origen a la civilización micénica. Ésta desaparecería a su vez hacia el año 1200 a. C., víctima de otros invasores, los dorios . Esta última oleada indoeuropea empujó a los griegos hacia las costas occidentales de Asia Menor (Eolia, Jonia, Dórida), donde entraron en contacto con las civilizaciones orientales.

Aportaciones extranjeras

A partir del año 395, la historia de Grecia se confunde con la del Imperio bizantino, heredero de Roma y del helenismo. A finales del s. VI, los bárbaros provocaron importantes mutaciones demográficas. Mientras que muchos griegos eran expulsados del Peloponeso, los eslavos se instalaron en todo el territorio. Después llegaron los valaquios (o arumanos), un pueblo indoeuropeo originario de una zona de la actual Rumania. Sus descendientes siguen viviendo en las montañas de Épiro, Tesalia y Macedonia.

A continuación se produjo la ocupación árabe de Creta en los ss. IX y X, la llegada de los zíngaros en el s. IX, las incursiones búlgaras (finales del s. X) en la Grecia continental y los intentos de conquista de los normandos de Sicilia (a finales del s. XI). En los primeros años del s. XIII, las islas griegas pasaron a ser controladas por los venecianos , cuya influencia permanece viva en las pequeñas comunidades católicas de las Cícladas. Finalmente, la caída de Constantinopla en poder de los otomanos en 1453 supuso un gran impacto para la población, sobre todo en el norte del país.

También hay que destacar la presencia de una comunidad judía , constituida principalmente por los judíos expulsados de España y Portugal en el s. XV y a la que los otomanos acogieron sin problemas. Durante la Segunda Guerra Mundial, los nazis deportaron a 62.500 judíos, de los 80.000 (50.000 en Tesalónica) que vivían en Grecia en 1940.

Los griegos y el mundo

Para comprender los lazos existentes entre los griegos y la madre patria, llamada “El Centro del Mundo”, existe una frase muy reveladora: cuando un griego se va de viaje al extranjero se despide diciendo: “Me voy al exterior” ( exoteriko ); es decir, fuera de mi universo; seguramente porque los 400 años de ocupación otomana se han quedado grabados en el subconsciente colectivo. Por otra parte, el sentimiento de inseguridad latente –Grecia se siente rodeada de enemigos– sigue teniendo consecuencias en la actualidad en sus relaciones con los demás países (como demuestra el importante presupuesto del Ministerio de Defensa).

La diáspora griega

La importancia histórica de Grecia y su situación geográfica impulsaron a sus habitantes a salir fuera de sus fronteras. Como consecuencia de la miseria reinante a principios del s. XX, durante el período 1906-1915 se produjo un gran fenómeno migratorio; de los tres millones de habitantes que tenía entonces el país, más de 250.000 optaron por el exilio. En la actualidad se calcula que más de 6,5 millones de griegos viven en el extranjero: en Egipto, en Centro Europa, en el mar Negro, en Oriente Medio –regiones donde la implantación de las comunidades griegas se remonta a tiempos muy antiguos– y, sobre todo, en Estados Unidos (donde seguramente superan los tres millones). La emigración más reciente se ha dirigido a otros países industrializados como Canadá, Australia, Suráfrica, Nueva Zelanda y Alemania.

El estatuto de las minorías

Un ciudadano griego es un individuo que practica el culto ortodoxo y habla griego; en este caso se encuentra el 97% de las personas que viven en Grecia. Pero hay que decir que en el interior de las actuales fronteras, establecidas después de la Segunda Guerra Mundial, hay griegos de todas partes, algunos pertenecientes a poblaciones que se desplazaron en algún momento de la historia.

Entre las minorías más importantes están los pertenecientes a países fronterizos, que se encuentran fuera de su patria de origen por razones históricas, económicas o políticas. A raíz del Tratado de Lausana de 1923, 500.000 musulmanes se marcharon a Turquía, mientras que 1,5 millones de griegos se trasladaron desde Asia Menor, donde vivían desde hacía miles de años. Los 60.000 turcos que no se incorporaron a este doloroso intercambio de poblaciones permanecieron en Grecia (ahora son cerca de 150.000) –mientras que la comunidad griega que vive en Estambul es mínima.

En el país también residen unos 30.000 pomacos , procedentes tal vez de Bulgaria, musulmanes que viven en la Tracia occidental, macedonios en la Macedonia griega del norte, albaneses del Épiro que se quedaron en Grecia cuando se trazaron las nuevas fronteras; de ahí, la presencia de griegos en Albania sigue provocando tensiones entre los dos países.

En 1975 empezaron a llegar a Grecia decenas de miles de inmigrantes polacos, filipinos, kurdos, rumanos, iraquíes, paquistaníes, etíopes, egipcios, ex yugoslavos y numerosos ciudadanos de la antigua URSS en busca de trabajo. Hoy día, los inmigrantes representan cerca del 10% de la población griega, con frecuencia en situación precaria, cuando no ilegal. Más del 11% de los niños escolarizados en los colegios públicos pertenece a familias inmigrantes. El Estado se muestra reticente con respecto a todas estas minorías, hasta el punto de que sólo reconoce a una de ellas: los musulmanes de origen turco, de acuerdo con el Tratado de Lausana.

Divinidades preolímpicas

En el principio era el Caos, al que siguieron Gea o Gaia (la Tierra) y Eros (el Amor). Gea engendró a Urano (el Cielo) y después las Montañas, las Ninfas y el Océano.

Urano se desposó con su madre, Gea, y de esta unión nació la segunda generación divina, la de los Uránides, que incluía a los doce Titanes , seis varones y seis hembras, los Cíclopes y los tres Hecatónquiros (Cien Brazos).

Pero Urano detestaba a su progenitura y la mantuvo prisionera en las profundidades de la Tierra, en el Tártaro. Con esta decisión provocó su ruina porque, para rescatar a sus hijos, Gea se alió con Urano, el menor de los Titanes. Con la ayuda de sus hermanos y hermanas, que sujetaron a su padre, el joven Titán le cortó los testículos. Parte del esperma que salió de estos últimos cayó sobre Gea, de la que más tarde nacerían las Erinias, diosas de la venganza, los Gigantes y las Melias (Ninfas de los fresnos). Según algunos autores, Afrodita , la diosa del Amor, nació también del esperma de Urano que cayó al mar.

A partir de ese momento, Cronos sucedió a su padre y se casó con su hermana Rea para asegurar su descendencia. Pero cuando una terrible predicción le anunció que un día sería destronado por uno de sus hijos, decidió devorarlos uno a uno en el momento de su nacimiento. De este modo, Hestia, Deméter, Hera, Hades y Poseidón pasaron directamente del vientre de su madre al de su padre. El menor de los hijos, Zeus , se libró de su triste destino porque su madre, Rea, consiguió ocultarlo cuando nació.

Pasados los años, Zeus liberó a sus hermanos y hermanas y, desde lo alto del Olimpo , emprendió con ellos la batalla contra Cronos y los Titanes. Esta guerra de Titanes , sin muertes puesto que en ella sólo participaban seres inmortales, duró diez años hasta la victoria final de los dioses Olímpicos, que recibieron la ayuda de los Cíclopes y los Hecatónquiros.

Antes de reinar definitivamente en el mundo, los dioses del Olimpo tuvieron que enfrentarse también a los Gigantes, a los que dominaron gracias a las flechas del héroe Heracles. Más tarde, Zeus emprendió una lucha sin tregua contra el terrible monstruo Tifeo.

El nacimiento de los hombres

Según Hesíodo, los primeros hombres –sólo varones– fueron engendrados directamente por Gea. Vivían felices y sin preocupaciones junto a los dioses y no temían a la muerte porque ésta les llegaba siempre durante el sueño.

A esta bella armonía puso fin Prometeo , descendiente de un Titán. Durante un banquete intentó favorecer a los hombres en detrimento de los dioses cuando llegó el momento de repartir un buey. Zeus, irritado, decidió retirar el fuego a los hombres. Pero Prometeo osó desafiar de nuevo al dios todopoderoso; robó el fuego y lo devolvió a los hombres. La cólera de Zeus ya no tuvo límites: encadenó a Prometeo en la cumbre del Cáucaso y le condenó a que un águila devorara sin fin su hígado inmortal.

Y, para vengarse de los humanos, Zeus creó... una mujer. Cada uno de los dioses del Olimpo dotó de una cualidad diferente a Pandora , que fue entregada como esposa a Epimeteo, hermano de Prometeo. Cuando llegó a la Tierra, Pandora descubrió una extraña caja y no pudo resistirse a la curiosidad; al abrirla salieron y quedaron libres todos los males de la tierra. La humanidad había sido castigada.

Principales dioses del Olimpo

Confortablemente instaladas entre las nubes del Olimpo, las principales divinidades formaban el “Consejo de los Grandes Dioses”, compuesto de doce miembros que varían según las épocas y los autores. Sólo están siempre presentes Zeus y sus cinco hermanos y hermanas. Después de vencer a los Titanes, los tres hijos de Cronos se repartieron el mundo.

Zeus , que recibió el Cielo, dominó pronto a sus hermanos. Auténtico amo del universo, aunque sometido al Destino, era el protector de las familias y las ciudades y reinaba con justicia y equidad. El sabio de los sabios solía ser representado en su trono situado en la cumbre del Olimpo, adornado con una gran barba y sosteniendo un cetro en una mano y un rayo en la otra. Pero su punto débil eran las mujeres, por las que se sentía irremisiblemente atraído (aunque de vez en cuando se inclinaba por los hombres). Por eso, a pesar de que tenía varias esposas oficiales, las diosas, Metis, Temis, Euronimé, Mnémosine y Hera, multiplicó sus aventuras con diosas y mortales y llegó a tener una gran prole divina.

Poseidón , su hermano, era el dios de los mares, pero también sabía hacer que la tierra temblase. Su palacio se encontraba en las profundidades marinas, pero en ocasiones lo abandonaba a bordo de un lujoso carro, armado con un tridente y escoltado por un cortejo de monstruos marinos (los Tritones).

Hades , el segundo hermano de Zeus, recibió el mundo subterráneo y el reino de los muertos. Protegido mediante un casco que le hacía invisible, raptó a Perséfone , hija de Zeus y de Deméter, y luego la desposó.

Hestia , diosa del Hogar y de los Pritaneos, sede de los pritanos, era la mayor de las tres hermanas de Zeus. Permaneció virgen a pesar de que Poseidón y Apolo la cortejaron y nunca bandonó el Olimpo.

Su hermana, Deméter , tuvo menos escrúpulos y mantuvo relaciones con Zeus. Era diosa de las tierras cultivadas, y en particular de los cereales. Cuando Hades raptó a su hija, sintió tanta tristeza que dejó que se perdieran las cosechas. Finalmente consiguió que Perséfone viviera con ella seis meses al año, desde los primeros brotes de la primavera hasta la recolección de septiembre.

Esposa legítima y definitiva de Zeus y tercera hermana del dios, Hera persiguió con gran energía a todas las amantes de su infiel marido, así como a sus hijos. Naturalmente, representaba la divinidad del matrimonio y era la protectora de la fidelidad conyugal y de las madres. Además era una de las diosas de la vegetación.

Otros ocho dioses y diosas, todos ellos hijos de Zeus, sobresalieron por sus poderes y su influencia y pertenecían al “Consejo de los Grandes Dioses”: El eterno efebo, Apolo , era una divinidad de rasgos múltiples: dios de la Poesía, de la Música y del Canto, dirigía el coro de las Musas y tocaba la lira. Dios sanador, protector de los campos y de los rebaños, también podía provocar epidemias con su arco.

Hefestos , que se quedó cojo cuando Zeus le arrojó desde lo alto del Olimpo, fue esposo de Afrodita, que le engañó, entre otros, con Ares; la víctima se vengó atrapando a todos los amantes y mostrándolos a la vista de todos los dioses. Era el dios de las Artes de la Forja y del Trabajo de los Metales y el creador de Pandora, la primera mujer, a petición de Zeus.

Al contrario que Ares , dios de la Guerra, brutal y sangriento, poco apreciado por los griegos, Atenea era una diosa guerrera justa, protectora de las ciudades, de los trabajos femeninos y de la paz; a pesar de su aspecto austero, la iconografía la suele representar saliendo armada de la cabeza de Zeus, tocada con un casco, con una lanza en una mano y la égida (coraza de piel de cabra) de su padre en la otra. En dicho escudo aparece una cabeza con cabellos de serpientes, que le regaló Perseo, de la terrible Medusa , una de las Gorgonas , criaturas que convertían en estatuas a todo el que osara mirarlas.

Armada con un arco y flechas como su hermano gemelo Apolo, Artemisa mataba sin piedad a cuantos la ofendían. Era una gran cazadora que iba siempre acompañada de sus perros. A pesar de que permaneció virgen, encarna la fecundidad, cualidad que comparte con la diosa del Amor y de la Belleza, Afrodita , a la que se atribuyen numerosos amantes, como el bello Adonis . Con el fin de que Paris la eligiera como la diosa más bella, por delante de Hera y Atenea, no dudó en prometerle el amor de la bella Helena, lo que provocó la guerra de Troya.

El dios del vino, Dionisos , partió a la conquista de Oriente en un carro tirado por panteras, con un cántaro lleno de vino y acompañado de un cortejo de criaturas entre las que se encontraban las Bacantes y los Sátiros .

Calzado con sandalias aladas, Hermes es el mensajero de los dioses y por eso lleva el caduceo en la mano. Inventor de la lira y de la flauta de Pan, es el dios de los Viajeros, del Comercio, de los Pastores y del Deporte y, por su sagacidad, también es el protector de los ladrones.

Grandes ciclos legendarios

Junto a los mitos existe un conjunto de ciclos narrativos protagonizados por héroes, dioses y monstruos fabulosos y cuyo elemento común es un personaje o una familia.

Éstos son algunos de los más conocidos.

Las aventuras de Heracles

Hijo de Zeus y de la mortal Alcmena, medio dios y medio hombre, el héroe Heracles (Hércules) poseía una fuerza inmensa y realizó tantas acciones extraordinarias como conquistas amorosas. Víctima del odio de Hera, la mujer legítima de Zeus, en un acceso de locura provocado por la diosa mató a sus propios hijos. Para expiar su asesinato fue condenado a realizar 12 trabajos o hazañas que efectuó en otros tantos años. Antes de morir, prisionero de una túnica envenenada, Heracles realizó otras muchas proezas. Los dioses le acogieron en el Olimpo, donde obtuvo la inmortalidad.

Jasón y los Argonautas, o la búsqueda del vellocino de oro

Tras la muerte de su padre, el rey de Yolcos, el joven Jasón fue destronado por su tío Pelias. Éste aceptó devolverle el trono si le entregaba el vellocino de oro, una piel de carnero revestida de oro que se encontraba en Cólquida (mar Negro), protegida por el rey Eetes. Pelias consideraba que se trataba de una tarea imposible y que así podría verse libre de su sobrino.

En lugar de desanimarse, Jasón se em­­barcó en un potente navío, el Argo, obra de un hombre llamado Argos que poseía 100 ojos. Acompañado de 50 Argonautas –entre los que se encontraban Heracles, los gemelos Cástor y Pólux , y el músico Orfeo –, superó múltiples peripecias, tanto a la ida como a la vuelta de su expedición. Además de los extraordinarios poderes de sus compañeros, contó con la ayuda de la hija de Eetes, la bella Medea , de la que se enamoró y con la que se casó. Gracias a los poderes mágicos de esta última, Jasón logró apoderarse del valioso vellocino.

Teseo y el Minotauro

Uno de los grandes héroes atenienses fue Teseo, hijo del rey de Atenas Egeo , autor de hazañas comparables a las de su contemporáneo Heracles.

Seguramente una de las más conocidas fue su enfrentamiento con el Minotauro . Hijo de Pasífae, esposa del rey de Creta Minos, este monstruo con la mitad del cuerpo de toro y la otra mitad de hombre vivía en un laberinto diseñado por el gran arquitecto Dédalo . Cada nueve años, Minos exigía que Atenea le entregara siete hombres jóvenes y siete mujeres jóvenes para alimentar al Minotauro. Teseo se ofreció voluntario y consiguió matar al monstruo. Con la ayuda del ovillo que le entregó Ariadna , la hija de Minos, logró salir del laberinto y regresar a Atenas.

Cuando ya divisaba las costas de Ática, donde se encontraba su padre para recibirle, olvidó izar las velas blancas, símbolo de su victoria. Egeo creyó que su hijo había muerto y se arrojó desde lo alto de la Acrópolis.

El ciclo de las leyendas tebanas

Este ciclo narra la historia de los orígenes de la ciudad de Tebas , que el rey Cadmos fundó en el lugar donde, de acuerdo con las indicaciones de Apolo, se detuvo para morir una novilla que estaba agotada. Después de un largo reinado, el viejo Cadmos hizo entrega del trono a su descendiente, Layo , casado con Yocasta .

Ambos serían protagonistas de una de las leyendas tebanas más célebres (y trágicas), la de su hijo Edipo . Tras ser abandonado poco después de nacer, cuando Edipo llegó a la edad adulta cumplió sin saberlo la terrible predicción del oráculo de Delfos ; es decir, mataría a su padre y se casaría con su madre. A pesar de su tragedia, tuvo ocasión de liberar a la ciudad de la amenaza de la Esfinge , un monstruo medio león y medio mujer que devoraba a cuantos pasaban por las proximidades y no sabían responder al enigma que les planteaba.

El ciclo tebano continúa con la disputa entre los dos hijos de Edipo, Etéocles y Polínice, que se mataron mutuamente, y que terminó con la trágica muerte de su hermana, Antígona , emparedada viva por querer dar sepultura al cuerpo de Polínice.

La guerra de Troya

Este famoso episodio, que combina el mito y la historia, se hizo célebre gracias a Homero, que lo citó en algunas de sus narraciones.

Convocadas por la Discordia, Hera, Atenea y Afrodita se reunieron en el monte Ida (en Creta) con motivo de la celebración de un concurso en el que se elegiría a la diosa más bella. El hermoso Paris , hijo menor del rey de Troya Príamo, sería el encargado de entregar el premio –una manzana de oro– a la elegida.

Pero la pérfida Afrodita compró el voto del joven a cambio de conseguirle el amor de la mortal más bella, Helena , mujer del rey de Esparta, Menelao . Paris aceptó la oferta, raptó a la joven y se la llevó a Troya. Con su actitud provocó la famosa guerra de Troya.

En un bando se encontraban los aqueos, dirigidos por Agamenón , rey de Micenas y hermano de Menelao. En el otro, los troyanos, que contaban con la ayuda de Eneas , hijo de Afrodita. El asedio de la ciudad duró nueve años y terminó con el conocido episodio del caballo de Troya . Agamenón ideó un ardid: hizo entrega a Príamo de un magnífico caballo de madera en cuyo interior se habían escondido sus mejores hombres, Aquiles , Ulises y Áyax . Una vez introducido el caballo en la ciudad, los guerreros salieron y Troya cayó en poder de sus adversarios.

Durante esta guerra, Aquiles, que era invulnerable desde que le sumergieron de pequeño en las aguas del río Estigia, resultó herido de muerte cuando le clavaron una flecha en el talón, la única zona vulnerable de su cuerpo.

El regreso de Ulises

Después de la guerra de Troya, Ulises inició el regreso a su reino, la isla de Ítaca.

Su periplo duró diez años y durante ese tiempo tuvo que hacer frente a mil peligros: los Gigantes , la hechicera Circe , las Sirenas de canto embaucador y los monstruosos escollos de Escila y Caribdis , sin olvidar al cíclope Polifemo , hijo de Poseidón, con cuya muerte Ulises y sus marineros provocaron la cólera del dios del Mar.

Cuando regresó a Ítaca después de veinte años de ausencia, el guerrero se dio a conocer a su mujer, la fiel Penélope , cuando atrevesó 12 hachas alineadas con una sola flecha de su arco, hazaña que sólo él era capaz de realizar.

Sería demasiado largo continuar la narración de estas apasionantes leyendas, que tendrá ocasión de descubrir en otro momento, como el trágico destino de los Átridas, cuyo recuerdo sigue vivo en las ruinas de Micenas. El conocimiento de todos estos episodios le hará disfrutar más del viaje.

Vida cotidiana

En los primeros años del tercer milenio, Grecia procura por todos los medios dar la imagen de un país moderno. De cara a los Juegos Olímpicos de 2004 renovó el aspecto de la capital e hizo realidad muchos proyectos que se encontraban en lista de espera. Atenas experimentó un gran cambio; restauró y unificó el centro histórico y los monumentos antiguos, renovó y aumentó las líneas de metro y la red de carreteras, se esforzó por reducir la contaminación y creó barrios peatonales. En resumen, quiso mostrarse digna de sus invitados, procedentes de todo el mundo y, sobre todo, de Europa, a la que está orgullosa de pertenecer.

Pero esta gran metamorfosis sólo se ha hecho patente en las ciudades. La Grecia de las montañas y de las islas sigue estando muy lejos de la revolución tecnológica, y el éxodo rural ha aumentado la brecha existente entre las ciudades y el campo. Mientras que los cibercafés proliferan en todas las ciudades, los habitantes de las montañas del norte siguen hablando con sus vecinos de la ladera de enfrente mediante silbidos... o mediante un teléfono móvil.

Retratos de familia

En Kifisia, un elegante extrarradio de Atenas

Nikos Papadopoulos vive con su mujer, Helena, y sus dos hijos en una elegante casa neoclásica de Kifisia, al norte de la capital. Nikos y Helena se conocen desde que eran pequeños. Sus respectivos padres compartían negocios e intereses y el matrimonio de los hijos consolidó su alianza. Con el tiempo, Nikos se puso al frente de la empresa de su padre. Helena, que no ha trabajado nunca, dedica el tiempo libre a ir de compras e intenta ser una “mujer perfecta”, que incluye en su agenda las visitas periódicas a la peluquería y a la masajista. Por la noche, la pareja se reúne con sus amigos en restaurantes y en buzukia elegantes de la capital.

Sus hijos, Giorgos y Anastasia, estudian en uno de los colegios privados más selectos de Atenas, de enseñanza bilingüe, griega e inglesa, y de donde saldrán con un bachillerato internacional que les permitirá matricularse en una universidad extranjera. Las clases empiezan a las ocho de la mañana y los niños regresan a casa hacia las tres y media de la tarde, donde les espera el abundante almuerzo que ha preparado la criada. Por la tarde acuden al frondistirio , un instituto privado que en principio sirve para reforzar los conocimientos adquiridos, tanto en centros públicos como privados.

En Trípoloi, una pequeña ciudad del Peloponeso

Theodoros y Dimitra se llaman Papú y Yaya , como todos los abuelos y abuelas de Grecia. Ambos dejaron su pueblo de la montaña después de la boda para instalarse en Trípoli, la ciudad más próxima. Allí, Theodoros encontró trabajo y mejores infraestructuras para criar a sus dos hijos. En la actualidad cobra una modesta pensión de jubilado de Correos y dedica el tiempo libre al mantenimiento de la iglesia del pueblo donde creció. Allí tiene ocasión de charlar con sus amigos de siempre. También posee algunas viñas, de las que obtiene un agradable vino rosado. Dimitra no ha trabajado nunca, pero durante la Guerra Civil hizo un gran esfuerzo para ayudar a la gente de la zona y actualmente prosigue con sus actividades sociales en el municipio. Además tiene tiempo para ocuparse de un pequeño huerto al que dedica muchos cuidados.

En Illioupolis, un barrio popular de Atenas

Danae, de 20 años, y Vassilis, de 28, son novios. Vassilis ha abierto con dos amigos del instituto una tienda de informática, mercado en plena expansión. Danae se dedica en estos momentos a la organización de la boda bajo la atenta supervisión de su madre. El gran día comenzará, naturalmente, con la ceremonia religiosa y a continuación se celebrará la fiesta. Pero en primer lugar hay que ocuparse de la prika , la dote; como todas las novias de Grecia, Dane aportará al matrimonio un piso amueblado que será su hogar. Y como Danae no sabe guisar, su madre, que vive en el piso de abajo, se ocupará de la cocina y de la educación de sus futuros nietos. Mientras tanto, los dos tortolitos salen con frecuencia por la noche. Terminada la jornada, se reúnen con sus amigos en un café o en una discoteca, a no ser que la parea (pandilla o grupo de amigos) decida ir a una taberna.

En Shinoussa, un islote perdido de las Cícladas

En invierno, los 90 autóctonos de Shinoussa viven en el pueblo. Salvo en verano, las conexiones marítimas son reducidas y los habitantes se ayudan mutuamente para afrontar el aislamiento y el rigor de los meses fríos. En la escuela primaria, todos los niños estudian en una sola clase y con un único profesor. Los mayores, los que ya van al instituto, viven en la cercana isla de Naxos, normalmente en casa de algún pariente. Pero cuando llegan las vacaciones todos se reúnen de nuevo. Los niños y la familia lejana regresan a la isla y la población aumenta considerablemente. Los primeros turistas anuncian el regreso del verano y contribuyen a que el ambiente cambie radicalmente. La solidaridad y el compañerismo insulares se ven superados por la rivalidad comercial; pero es que los negocios son los negocios. Cuando comience de nuevo el curso, la isla recuperará la perdida tranquilidad.

Escenas habituales

En la “laiki agora”, el mercado

La laiki agora , el mercado tradicional, es el punto de encuentro de las amas de casa. A semejanza de los zocos orientales, tiene infinidad de puestos que ocupan toda una calle. Un auténtico bazar de ambiente alegre y animado con comestibles, verduras, carne y pescado, lleno de colores, olores y ruido. En la laiki se distinguen dos zonas: en un lado se encuentran los productos de alimentación; en el otro hay una gran variedad de objetos de todo tipo –normalmente son puestos de pontii, griegos originarios de Puente Euxín– que se alternan con puestos de lencería femenina y artículos de regalo; sin olvidar a los africanos, que venden despertadores, relojes y radios. Las mujeres griegas acostumbran a citarse en la laiki para intercambiar opiniones sobre la lencería o sobre la calidad de los tomates, que no compran nunca sin regatear previamente.

En el “kafeneon”: café y “komboloi”

Las mujeres coinciden en la laiki, y los hombres en el kafeneon . El feudo de los hombres –habitualmente con bigote y gorra calada hasta las cejas– es el kafeneon , presidido por un televisor colocado en lo alto, a la vista de todos. Los griegos acuden a estos establecimientos a cualquier hora del día, sin ningún objetivo preciso, porque los acontecimientos diarios y el espectáculo de la calle siempre proporcionan temas de conversación. Sentados ante un café griego o un uzo (siempre acompañado de un gran vaso de agua), los parroquianos comentan las noticias o el fútbol, critican la última ley aprobada en el Parlamento e intercambian opiniones sobre la Bolsa, cuando no se dedican a discutir sobre burros y cabras. Algunos juegan a las cartas o al tavli , un juego tradicional heredado de los bizantinos, mientras que otros prefieren sentarse fuera para ver pasar a la gente. El tiempo discurre así tranquilamente hasta la hora de la cena, cuando todos vuelven a sus casas donde les esperan su esposa o su madre.

Pero no podemos cerrar este aparta­­do sobre estos templos masculinos sin ha­­blar de un objeto imprescindible a cualquier edad y en cualquier clase social; se trata del komboloi , una especie de rosario corto que cada uno desgrana a su ritmo. Los primeros antecedentes de este objeto se remontan a la prehistoria y se hallaron en las cuevas de Altamira. Estaban constituidos por huesecillos de animales cuyo número y calidad estaban en función del rango jerárquico de su propietario en el seno de la tribu. Símbolo de poder entre los sabios y sacralizado a lo largo de los siglos, tuvo diferentes funciones. El komboloi griego carece de cualquier significado religioso, cosa poco habitual en el país. Las cuentas de plástico (o de materiales de más calidad), que se van desgranando a lo largo del día, poseen sobre todo un gran valor sentimental e incluso connotaciones sensuales. Además, en algunas zonas rurales, la gente atribuye al komboloi el poder de combatir el mal de ojo.

La trepidante vida nocturna

Como en el resto de los países mediterráneos, la noche griega es larga y muy animada. La gente sale hacia las once de la noche y regresa a su casa al amanecer. Sobre todo los fines de semana, las discotecas y los buzukia se llenan hasta los topes; a las primeras acuden principalmente jóvenes, en las segundas hay clientes de todas las edades. En los buzukia actúan cantantes de éxito y los espectadores les lanzan flores y bailan sin parar en torno a las mesas (o sobre ellas), cuando no suben directamente al escenario. Los restaurantes también están animados y la parea suele citarse en ellos, pero nunca antes de las once de la noche.

Cuando llega el buen tiempo (desde Semana Santa hasta octubre), en las playas y en las zonas turísticas, la noche se llena con las luces y el ruido de los establecimientos donde los veraneantes se divierten hasta el amanecer. Por eso, los mayores atascos (coches y motos sin silenciador) se producen entre las nueve de la noche y las cuatro de la madrugada. Si quiere descansar, evite las habitaciones que dan a la calle.

En el colegio

En todos los colegios, tanto públicos como privados, los alumnos asisten a clases de religión. Además, a principios de mes, el pope de la parroquia reza con los escolares.

En Grecia, la escolaridad es obligatoria entre los 6 y los 15 años, y la jornada escolar tiene un mínimo de cinco horas de clase. Sin embargo, debido a la escasez del presupuesto destinado a la enseñanza, los establecimientos públicos no siempre pueden garantizar una formación de calidad, a pesar de que en los últimos años se han realizado grandes progresos.

Las familias con mayores medios económicos envían a sus hijos a escuelas privadas, donde los niños reciben una educación más completa, que incluye el aprendizaje de idiomas extranjeros y actividades deportivas. Pero estos privilegios son todavía muy caros, y la mensualidad de un establecimiento de este tipo puede ser superior al salario mínimo interprofesional del país.

La religión en la vida diaria

La religión estatal, la ortodoxa, está omnipresente en la vida de los griegos, puesto que marca cada una de las etapas del día e impone una serie de normas. Cuando nacen, a los niños se le da un nombre provisional – Babis en el caso de los chicos, y Beba en el caso de las chicas, es decir “bebé”– hasta que reciben el bautismo.

Cualquier acto, privado o público, va siempre acompañado del agiasmo , la bendición de la Iglesia. Según las circunstancias se recurre a un pope o a un arzobispo (todas las intervenciones son remuneradas); por ejemplo, los prelados son los encargados de bendecir la elección del nuevo presidente de la República o la nueva composición del Parlamento; los popes consagran las viviendas, los coches o las tiendas.

La señal de la cruz se hace varias veces al día: los estudiante por la mañana, antes de entrar en clase, y los fieles que pasan delante de una iglesia han de hacerla tres veces.

El matrimonio religioso , reconocido oficialmente por el Estado, tiene valor legal. Al matrimonio civil, que se instauró en 1982, sólo recurre el 3% de la población. Hay que tener en cuenta que, para los griegos, el rechazo de la religión es sinónimo de comunismo y guerra civil, ambos muy presentes en todos los ciudadanos.

Grandes ceremonias familiares

Los griegos son grandes aficionados a las fiestas familiares. En todas ellas participan la familia y los amigos, y la alegría es el común denominador. Si coincide en algún pueblo con una celebración de este tipo, no lo dude: mézclese con la gente, que le acogerá sin problemas, y vivirá momentos inolvidables.

El bautismo (“vaptisi”)

El sacramento del bautismo representa la entrada del niño en la comunidad religiosa. El nombre del niño, que se le impone en ese momento, es elegido por el padrino ( O Nonos ) o la madrina ( I Nona ). Ambos sostienen al niño en sus brazos, lo desnudan, lo ungen con aceite y luego lo entregan al pope, que lo sumerge a continuación por tres veces en una gran pila de agua. Después de secarlo, se le viste con ropa blanca a estrenar para que entre en la vida “nuevo de cuerpo, de espíritu... y de ropa”, este concepto de novedad es muy importante para los ortodoxos. Después regresa a los brazos del padrino y la madrina, que dan con él tres vueltas alrededor del altar. Para terminar, el pope le corta un mechón de pelo , primera ofrenda a Dios de su nuevo fiel en agradecimiento por su consagración.

La boda (“gamos”)

La boda es una ceremonia todavía más pintoresca que el bautismo. La animación nunca falta, ni siquiera en la iglesia, donde todo el mundo puede moverse libremente durante la liturgia para saludar a parientes y amigos. Los asistentes se presentan, se abrazan y se felicitan, mientras los niños corren por todas partes. Si lo desean, los fieles pueden acercarse al altar, al otro lado del iconostasis, para seguir de cerca la ceremonia. Justo detrás, los futuros esposos y sus testigos llevan en la cabeza una corona de flores ( Stefani ), símbolo de pureza. A continuación, los cuatro darán tres vueltas al altar al tiempo que la gente les lanza arroz y pétalos de flores junto con felicitaciones que resuenan en toda la iglesia. A la salida, los recién casados y sus respectivas familias saludan a los asistentes; los invitados les dicen: “ Na zissete” (Larga vida), y ellos manifiestan a los testigos: “ Panda axios” (siempre digno). Para terminar, recordemos que la Iglesia ortodoxa admite el divorcio y que los divorciados vuelvan a casarse en su seno.

El entierro (“kidia”)

La desaparición de un familiar cercano es, naturalmente, un momento importante en la vida de las personas. En los pueblos, el cuerpo del difunto permanece en su casa hasta el momento del entierro para que todos puedan testimoniarle su afecto. En la ceremonia religiosa, el féretro se coloca en el centro de la iglesia, rodeado de los familiares del difunto que, en algunas zonas, siguen llevando un brazalete negro en señal de luto. El pope evoca la vida del difunto y lo encomienda a Dios en espera de que llegue el momento de la resurrección de los cuerpos. A continuación se forma un cortejo que acompañará el féretro hasta el cementerio, donde será enterrado. Después de la inhumación, todos se reúnen en el kilikio , un bar donde la familia invita a café y coñac, junto con pastas de trigo que, según la tradición, mitigan el dolor. A los cuarenta días se celebra una misa en memoria del difunto que recibe el nombre de mnimosyno (recuerdo).

Tradiciones familiares y mujeres actuales

Después de muchos siglos de cultura musulmana y de una rigurosa tradición ortodoxa, las mujeres griegas todavía son víctimas de numerosas costumbres familiares y de antiguas tradiciones.

Pero el país está cambiando y, aunque en los pueblos las mujeres mayores siguen vistiéndose de negro y llevando un pañuelo que oculta el pelo, sus nietas se pasean con pantalones y camisetas ajustadas, con los ojos pintados y maquilladas, y salen con su pandilla ( parea ) por los cafés de las ciudades. Dos rostros de las mujeres griegas que representan todas las paradojas de la sociedad actual: respeto de las tradiciones, por una parte, y auténtico deseo de que el país viva una nueva era, por otro.

Desde 1952, año en el que se reconoció a las mujeres el derecho al voto (en Turquía lo obtuvieron en 1923), se han promulgado muchas leyes que han cambiado la situación de la mujer. El aborto es legal, el divorcio ha dejado de ser un hecho extraño y las mujeres griegas pueden conservar el apellido de soltera después de casarse. Por el contrario, aunque la dote que la novia tenía que entregar a su futuro marido se ha abolido oficialmente, la tradición sigue viva y los padres de la joven regalan una casa amueblada al futuro matrimonio.

De hecho, en la mayoría de las familias, padres e hijos continúan viviendo bajo el mismo techo en los diferentes pisos de la casa. Siguiendo la tradición, los padres construían o adquirían una casa con tantas viviendas como hijas tenían. Esta costumbre ha originado una conciencia familiar muy arraigada en la que la ayuda de los padres es fundamental. En la práctica, muchas abuelas siguen cocinando para toda la familia, mientras las jóvenes se limitan a recoger los distintos platos preparados. Por otra parte, es muy habitual que las abuelas se hagan cargo del cuidado de sus nietos.

En lugar de desaparecer, esta tradición parece encajar muy bien con la situación de las mujeres actuales, que reivindican una vida muy diferente de la de sus madres y abuelas y que dan tanta importancia a su vida profesional como a su vida familiar. La mayoría de las parejas sólo tiene un hijo, o dos como máximo.

Religión

El 97% de la población practica la ortodoxia, la religión oficial. No existe separación entre la Iglesia y el Estado, y el presidente de la República jura su cargo sobre la Biblia. En cualquier acto público hay siempre un representante de la Iglesia y, hasta hace poco tiempo, en el documento nacional de identidad figuraba que el ciudadano pertenecía a la confesión ortodoxa. Recordemos que a principios del s. XIX el clero participó activamente en la lucha por la independencia, que ponía fin a cuatro siglos de dominación turca, y que desem­peñó un papel fundamental durante la Segunda Guerra Mundial. Huelga decir que la religión tiene gran importancia en la conciencia nacional y que es indisociable de la identidad griega. Para comprobarlo basta con asistir a alguna de las grandes fiestas religiosas que se suceden a lo largo del año y que revela el fervor del pueblo griego.

La ortodoxia religión oficial

El Gran Cisma

Unidos por su génesis y su doctrina –el cristianismo–, la ortodoxia y el catolicismo iniciaron su divergencia en el s. V hasta desembocar en el cisma más importante de la historia cristiana. La ruptura se hizo oficial en julio de 1054, cuando se firmó la separación definitiva entre la Iglesia de Occidente y la Iglesia de Oriente. En ese momento se produjo la división de ambos mundos y, al proclamarse heredera única de Roma, Bizancio se convirtió en garante del helenismo. Las principales causas de este Gran Cisma –tan numerosas como complejas– se debieron a dos interpretaciones diferentes del misterio de la Trinidad o filioque (en latín, “también el Hijo”): para los católicos, el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo, mientras que para los ortodoxos procede sólo del Padre.

La cuestión del idioma fue fundamental porque, fieles a Roma, los católicos decían la misa en latín, mientras que los ortodoxos, herederos de la tradición bizantina, lo hacían en griego, precisamente la lengua en la que se redactaron algunos Evangelios.

Divididas entre las dos Iglesias (aunque en aquella época casi todas dependían de la tutela de Roma), las ciudades griegas dudaron entre Oriente y Occidente. Grecia, víctima de los avatares de la Historia, se mantendría durante mucho tiempo firme en sus convicciones religiosas que, además, se verían reforzadas como consecuencia de las sucesivas oleadas de invasores, como la llegada del Islam árabe en el s. VII, la intrusión de los latinos y los mongoles musulmanes (s. XIII) y, finalmente, los cuatro siglos de islamismo turco a partir del s. XV.

Un enclave cristiano en tierras musulmanas

“Mejor el turbante turco que la mitra latina”. Al parecer el patriarca de Constantinopla respondió con esta frase cuando el Papa le ofreció la ayuda de sus tropas para luchar contra el ejército de Mehmed II (1453). Paradojas de la historia, los turcos contribuyeron a la supremacía de la ortodoxia en Grecia; bajo la égida del patriarcado de Constantinopla, convirtieron el territorio conquistado en un mileto , comunidad administrada por la Iglesia ortodoxa, de modo que reconocían esta última como religión de sus súbditos griegos. Esta hábil estrategia del sultán minó la autoridad papal en el país antes de que se apagasen las últimas luces de Bizancio.

Como era de esperar, el precio a pagar por este privilegio fue muy alto. Lo que en principio pareció una victoria del pensamiento helénico frente al ocupante turco se transformó poco a poco en un compromiso. Durante los siglos de ocupación, los ortodoxos se alejaron del patriarca de Constantinopla para acercarse a los popes, más identificados con el pueblo griego y sus esperanzas. La toma de la ciudad por parte de los turcos consumó la ruptura. El mileto desaparecería a finales del s. XVIII, época en la que la burguesía se independizó de la égida política del Patriarcado, que, a partir de entonces, sólo desempeñó un papel ecuménico. En la actualidad, sólo el Dodecaneso y Creta, que se incorporaron tardíamente a Grecia, así como el monte Athos, siguen dependiendo, al menos en teoría, de Constantinopla.

La heredera de la Iglesia bizantina

La Iglesia de rito bizantino se atribuyó a sí misma el epíteto de ortodoxa; es decir, de “doctrina conforme”. Representa la fe de la Iglesia antigua, de los Padres de la Iglesia primitiva, y se considera la fiel heredera de los escritos de los apóstoles. Aunque reconoce al Papa, la Iglesia ortodoxa no le considera el sucesor de san Pedro, sino un simple obispo.

La estructura administrativa de la Iglesia ortodoxa es el Santo Sínodo , que responde a una regla confederal de tres niveles: el patriarcado ecuménico, las archidiócesis y diócesis, y, finalmente, las comunidades parroquiales.

Aunque son entidades autónomas, todos los patriarcados reconocen la primacía del de Constantinopla , o primado de honor; los grandes patriarcas históricos eran los de Roma, Antioquía, Jerusalén, Alepo y Alejandría.

Por su parte, la Iglesia ortodoxa de Grecia, independiente desde 1835, es una Iglesia autocéfala , constituida por su propia autoridad tras romper con el patriarca de Constantinopla. De hecho, profesa cierta independencia y más que una institución pretende ser la expresión de una Iglesia “una y santa”, presente hasta en los rincones más alejados del país y cercana al pueblo. Esta opción se manifiesta en sus distintas iniciativas mediáticas, de forma que es habitual que el patriarca de Atenas aparezca en televisión comentando la actualidad y haciendo declaraciones de clara vocación social, cuando no política.

A diferencia de la Iglesia católica, la Iglesia ortodoxa permite el matrimonio de los sacerdotes que no tienen cargos de gran responsabilidad. Así, los popes pueden fundar su propia familia y acudir a los mismos lugares que el resto de los ciudadanos. Por lo tanto, no se extrañe cuando vea a uno de estos honorables representantes de la fe –con su larga rasa negra, su barba gris y su inconfundible kalimavci (toca)– andando por los pasillos de un supermercado o sentado en un kafeneon hablando por el móvil.

Los iconos o las imágenes del reino de Dios

Otra diferencia importante entre católicos y ortodoxos es la importancia que estos últimos conceden a la imagen (icono), representativa del reino divino, así como a la presencia de cierto misticismo en el vocabulario litúrgico. Las iglesias tienen un alto tabique o biombo repleto de iconos en la parte superior. Se trata del iconostasis , que separa la nave del presbiterio y permite que el oficiante permanezca aislado de los fieles durante la consagración (las puertas centrales permanecen abiertas o cerradas en función de las distintas fases de cada ceremonia). Es decir, que en los actos litúrgicos griegos el misterio es algo consustancial. De hecho, los ortodoxos dan el nombre de misterio a lo que los católicos llaman sacramentos (bautismo, matrimonio, etc.). Por otra parte, en la religión ortodoxa las imágenes de los santos desempeñan un papel muy particular. En contra de lo que pensaban los iconoclastas de los ss. VII y VIII, los iconos no son objetos de culto relacionados con la idolatría, sino imágenes simbólicas, muy poco realistas, que responden a normas muy estrictas establecidas desde los orígenes de la religión. Cada personaje es fácilmente identificable por sus atributos, los colores de su vestimenta, etc. De este modo se crea un auténtico lenguaje visual que permite que todos los fieles, incluso los más incultos, identifiquen fácilmente a los santos destinatarios de sus oraciones.

Minorías religiosas

Las minorías religiosas griegas están sometidas a la autoridad de la Iglesia ortodoxa. Por eso para reformar o construir una iglesia católica, una mezquita o una sinagoga es preciso solicitar la autorización expresa del obispo titular de la diócesis.

Católicos

La comunidad católica griega cuenta con unos 45.000 miembros. A pesar de la relativa modestia de esta cifra, la Iglesia ortodoxa se muestra bastante reticente con respecto a esta minoría; aunque el Estado griego reconoce oficialmente los arzobispados de Corfú, Tesalónica y Tinos, no ocurre lo mismo con el de Atenas, fundado en 1880, es decir, sesenta años después de la independencia.

Algo parecido ocurre con los temas civiles; el Estado griego reconoce el matrimonio entre católicos, pero las cosas se complican cuando los contrayentes no comparten la misma confesión. En los matrimonio mixtos, los católicos reconocen el sacramento celebrado según el rito ortodoxo sin ningún requisito especial. Sin embargo, no existe reciprocidad, y la Iglesia ortodoxa sólo reconoce el matrimonio si la ceremonia se ha celebrado en su seno. En cualquier caso, los contrayentes siempre pueden realizar previamente un matrimonio católico.

Por otra parte, para evitar discordancias entre fieles de diferente religión durante la cuaresma o las distintas festividades, los católicos han aceptado celebrar la Pascua de acuerdo con el calendario juliano, igual que los ortodoxos.

Musulmanes

Los musulmanes griegos siguen recordando el dramático y difícil éxodo que siguió a la Primera Guerra Mundial. Una vez proclamada la independencia, los griegos se dedicaron inmediatamente a borrar cualquier huella de la dominación otomana en su territorio. Actualmente, 150.000 musulmanes viven en Tracia (en el noreste de Grecia), el último bastión del Islam en el país, y en las ciudades de esta región todavía se distinguen bastantes minaretes.

Esta minoría ha adquirido una posición y un estatus especiales en el seno del Estado. Está representada en el Parlamento por dos miembros elegidos por la comunidad musulmana, que garantizan varios derechos y disposiciones, como, por ejemplo, el reconocimiento nacional de los centros de instrucción del Corán ( madrasas ), la enseñanza oficial del turco y la integración de los estudiantes musulmanes en las universidades griegas. Tracia está dividida en tres demarcaciones y cuenta con un mufti electo que se encarga de los asuntos religiosos y de la organización del clero islámico de la zona.

Judíos

A lo largo de la historia, los judíos llegaron a Grecia en distintas oleadas. La más antigua data de la Edad Antigua más remota, cuando numerosos mercaderes abandonaron Palestina, hacia el año 2300 a. C. y crearon delegaciones comerciales alrededor de la península. Como hablaban griego, no tuvieron problemas para instalarse y mezclarse con las poblaciones locales, que les darían más tarde el nombre de romaniotas , es decir, judios de origen grecorromano.

En el s. XV llegó una importante comunidad judía sefardí , expulsada de España por los Reyes Católicos (1492). Cinco años después la seguirían los judíos de Portugal, así como los de Europa central y del sur de Italia. La comunidad se amplió sensiblemente y aportó una serie de habilidades y una cultura que los ocupantes otomanos sabrían aprovechar y convertir en un instrumento providencial para reducir la oposición cristiana. Los turcos concedieron numerosos privilegios a los judíos sefardíes (consideraban que los romaniotas eran mucho menos cultos) y protegieron durante muchos siglos el desarrollo de esta comunidad. Lamentablemente, la deportación masiva que llevaron a cabo los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial puso un trágico final a la historia de este pueblo. De los 77.000 individuos que llegó a tener la comunidad judía, presente sobre todo en Tesalónica, en la actualidad sólo quedan 6.000 miembros.

Fiestas tradicionales

La religión, siempre presente en la vida cotidiana, ha inspirado numerosas costumbres culturales y sociales; por eso, las principales fiestas griegas pertenecen al calendario litúrgico.

Aunque algunas celebraciones se caracterizan por su recogimiento, típicamente ortodoxo, sobre todo en las islas y los pueblos, otras fiestas son religiosas y profanas a la vez, con misa y bailes, profunda devoción y ritos paganos, herederos de una antiquísima tradición que no se ha perdido. En todas estas fiestas, el pueblo griego festeja la vida y el paso de las estaciones con gran fervor popular y actividades llenas de colorido.

¡Qué empiece la fiesta!

La fiesta tradicional por excelencia es el Año Nuevo , que naturalmente tiene su correspondiente celebración religiosa. La noche del 31 de diciembre toda la familia se reúne en torno al Vassilopita o roscón de San Basilio , en el que se oculta una medalla de oro o una moneda. Cuando suenan las 12 campanadas, el cabeza de familia corta solemnemente el dulce de acuerdo con el ritual establecido: primero lo divide en cuatro (en forma de cruz) y luego corta un trozo para cada comensal, además del destinado a Dios y los ausentes. El resto se reserva para obtener la protección del hogar, tener suerte o que se cumpla algún deseo. El que encuentre la “sorpresa” tendrá felicidad y protección durante todo el año.

Principales conmemoraciones del calendario litúrgico

Todos los griegos, tanto los practicantes más fervientes como los escépticos, respetan las grandes celebraciones religiosas que, además de su origen litúrgico, tienen dimensión nacional; recordemos que la ortodoxia fue uno de los aglutinantes de la nación griega, liberada del Islam otomano y que congrega a todos los ciudadanos.

En 1923, la Iglesia adoptó oficialmente el calendario gregoriano , salvo la celebración de la Pascua o Semana Santa, cuyas fechas coinciden con las del calendario juliano lunar.

La Epifanía , el 6 de enero, conmemora el bautismo de Jesús en el Jordán con la bendición de las aguas. Después de la ceremonio religiosa, el pope arroja una cruz al mar, al río o a un lago, y los jóvenes se lanzan inmediatamente al agua para recuperarla.

Las tres semanas anteriores a la Cuaresma (el período de ayuno que precede a la Pascua) son una época muy alegre en la que adultos y niños invaden las calles con sus disfraces de carnaval . Durante esta tregua invernal, las ciudades preparan diversas fiestas, como en Patrás, donde se organizan magníficas cabalgatas de carretas decoradas.

Cuarenta días antes de Pascua, el lunes puro ( Kathari deftera ) es el primer día de la Cuaresma, un período de ayuno parcial en el que no se pueden tomar determinados alimentos (sobre todo carne y leche, así como algunas grasas). Ese lunes el cielo se llena de cometas.

Durante la Semana Santa hay varias ceremonias que recuerdan la pasión y la resurreccion de Cristo; la más importante es la del Viernes Santo, con la procesión del epitafios , un gran lienzo bordado que hace alusión a la Sábana Santa de Jesús, en la que el Hijo de Dios aparece rodeado de ángeles que lloran; infinidad de flores cubren el baldaquino que lo protege al tiempo que anuncian la primavera (en algunos pueblos también se colocan las fotos de los fallecidos a lo largo del año). Cada iglesia posee su propio epitafios , que se lleva en procesión por las calles de la ciudad, seguido de fieles con una vela encendida en la mano. Los epitafii más famosos son los de Atenas, Corfú y la isla de Miconos.

Más que la Navidad, la Pascua es la fiesta más importante del año y se celebra en todo el país. Además de una fiesta religiosa, representa también la exaltación de la primavera. Las celebraciones empiezan el Sábado Santo por la mañana, pero su apogeo se produce a media noche cuando, después de una larga liturgia, el pope sale de la iglesia con una vela encendida en la mano y anuncia: “¡Christos anesti!” (“¡Cristo ha resucitado!”). La gente espera delante de la iglesia con una vela aún sin encender. El sacerdote entrega el fuego a uno de los participantes y, poco a poco, empiezan a surgir miles de lucecitas que iluminan la plaza al tiempo que redoblan las campanas.

De regreso a casa, la familia se reúne para la cena de Pascua en torno a la mayiritsa (una sopa hecha con vísceras de cordero lechal), que sienta muy bien tras el largo período de cuaresma. La cena termina con el reparto de huevos pintados de rojo (en recuerdo de la sangre de Cristo) que se rompen haciéndolos entrechocar unos con otros.

Al día siguiente, el cabeza de familia prepara las brasas para asar el cordero pascual, y el kokoretsi , a base de vísceras. A lo largo del día, parientes y amigos se dirigen a una y otra casa para compartir la comida y brindar en recuerdo de la resurrección de Cristo. En muchos sitios se organizan comidas populares en la plaza principal para que todos los ciudadanos pueda celebrar debidamente la Pascua, sin distinción de clases sociales.

El 15 de agosto, día de la Asunción , se celebra la subida al cielo de la Virgen María ( Panagia , la “Santísima”) después de su ( Kimissis , Tránsito). En todas las iglesias es un día de fiesta y en casi todos los pueblos y ciudades hay procesiones, sobre todo en la isla de Tinos.

La Navidad , conmemoración del nacimiento de Cristo, no es tan importante en Grecia como en el resto de Europa porque la fe ortodoxa concede mayor importancia a la resurrección. Según la costumbre, los niños van de casa en casa cantando cancioncillas tradicionales ( kalenda ) y la gente les da una propina.

Fiestas nacionales...

Además de las fiestas religiosas, los griegos conmemora dos fechas históricas para este pueblo eminentemente patriótico: el 25 de marzo , fecha del principio de la Guerra de Independencia, y el 28 de octubre o día del “No” (Ochi) , en recuerdo del rechazo del ultimátum italiano de 1940.

Las dos conmemoraciones son muy parecidas. Cada pueblo o ciudad organiza su propio parelassi (desfile), en el que participan todas las personalidades locales. Al ritmo de la música que toca la banda, desfilan los militares, los representantes de la Iglesia vestidos de gala, las personalidades, los mejores alumnos y los miembros de los clubes deportivos. En su discurso patriótico, el alcalde suele recordar el heroísmo del pueblo griego, que consiguió su propósito, y la bandera nacional está presente en todos los lugares públicos.

Como en Grecia ya hace buen tiempo en el mes de mayo, la Fiesta del Trabajo es también la de las Flores . El 1 de mayo, los urbanitas se van a comer al campo y en la mayoría de las casas se cuelgan coronas en la puerta de entrada.

... y locales

En verano se celebran numerosas fiestas del vino , tanto en el continente como en las islas, aunque las fechas y los recintos feriales cambian de un año a otro. El ambiente es muy animado y, entre degustación y degustación del vino del año, la gente baila hasta el amanecer. Las más populares son las fiestas de Lubarda en Agia Marina (hacia el cabo Sunion), las de El Pireo y las de toda Creta .

Otra fiesta interesante es la que se celebra el 21 de mayo en Macedonia y Tracia. Se trata de la Anastenaria (de anastenazein , que significa “gemir”) y es la conmemoración de un suceso que condena la Iglesia: en recuerdo de que en el s. XIII se salvaron los iconos de una iglesia en llamas, los campesinos sacan en procesión las imágenes y bailan descalzos sobre las brasas de las hogueras, al tiempo que se escuchan lastimosos gemidos que evocan el pánico que provocó el incidente.

También en el norte de Grecia, los campesinos han instaurado una especie de “Día de la Mujer” que se celebra el 8 de enero. Para celebrar esta ginecocracia ( gynaikokratia ) de un dia, los hombres y las mujeres se intercambian los papeles y, mientras las esposas se sientan en las terrazas de los cafés, los esposos se quedan en casa y se ocupan de las tareas domésticas.

Humor y supersticiones

A los griegos les gusta divertirse, sobre todo porque la historia reciente de su país no les ha brindado demasiadas ocasiones para hacerlo. Por eso se suelen reunir en torno a un vaso de vino o mientras comen para contarse los últimos chistes o comentar la actualidad. Aunque con frecuencia se burlan de sus compatriotas, no tienen demasiado sentido del humor, sobre todo cuando se hace alusión al orgullo nacional o al amor propio.

Karagiozis, el guiñol griego

Como los indonesios y los turcos, los griegos tienen su propio teatro de sombras , realizado mediante siluetas recortadas de cuero pintado que se manejan con varillas por detrás de un lienzo iluminado. Esta comparación no es fortuita puesto que el Wayang kulit de Java, que llegó a Egipto llevado por los árabes, fue sin duda la fuente de inspiración del Karagöz turco a partir del s. XVI, y más tarde del Karagiozis griego. Los dos protagonistas, Karagöz y Hacivat, trabajaban como albañiles en las obras de construcción de una mezquita. Pero los dos compañeros ponían poco interés en su labor y preferían dedicarse a divertir a sus compañeros. Para castigarlos y dar ejemplo, el sultán los mandó ahorcar; pero la gente de la ciudad les echaba tanto de menos que a un tal Seyh Küsteri se le ocurrió hacer unas marionetas parecidas a ellos y las utilizó para narrar sus historias. Así nacieron el guiñol turco y su homólogo griego.

La marioneta de Karagiozis es una caricatura del griego de la calle . Con sus grandes “ojos negros” –traducción del término turco Karagöz –, su joroba y sus brazos desmesuradamente largos, resulta feo y repugnante. Auténtica personificación de la astucia, es de respuestas rápidas y un consumado fabulador y embustero que con frecuencia cae víctima de sus propios engaños. Es chistoso y criticón, generoso y bribón, pero siempre patriota y permanentemente hambriento. A lo largo de su vida ha ejercido todos los oficios, ha sido de todos los partidos y ha participado en infinidad de intrigas amorosas, políticas y económicas. Sus aventuras combinan con gracia la Historia, la vida cotidiana y la mitología griega sin preocupación alguna por los anacronismos. Los restantes protagonistas evocan diferentes personajes de la Grecia de finales del s. XIX, como el ateniense vanidoso y charlatán que recibe el nombre de Morphonios (“el Pedante”) y cuya enorme cabeza pretende hacer alusión a los intelectuales. Hadziavatis , el turco, es el alter ego de Karagiozis, su cómplice y su víctima. Aunque el teatro de Karagiozis está desapareciendo, su espíritu sobrevive en los griegos que aman a su país pero detestan al Estado, que respetan la sabiduría pero se mofan de los sabios y que, en cualquier momento, pueden burlarse de lo que más veneran.

Supersticiones populares

El mal de ojo

Herencia de varios siglos de invasión otomana, el mati (literalmente “el ojo”) es casi una obsesión para los griegos, que temen continuamente ser víctimas de la mala suerte. La gente que tiene gripe o que está resfriada suele decir que está matiasada . Lo mejor para conjurar la maldición es conseguir un ojo de cristal rodeado de un círculo azul turquesa. Este amuleto, que se pone en la ropa y en la cuna de los recién nacidos, o que se cuelga del cuello de adultos y niños, y que decora el interior de las casas, los coches y las tiendas, protege de los espíritus pérfidos que amenazan a todos los ciudadanos griegos.

Las alabanzas destinadas a los niños están muy mal vistas, salvo que inmediatamente se haga un ftussu ; es decir, un movimiento de labios que se acompaña de una mayor o menor expulsión de saliva, para demostrar que los elogios son sinceros y que no ocultan ningún sentimiento de envidia. En las maternidades hay carteles que prohíben ftussutar a los recién nacidos por motivos de higiene.

Si a pesar de las precauciones una persona es víctima de un embrujo, existen iniciados que poseen una fórmula mágica que, mediante un vaso de agua y una gota de aceite de oliva, pueden poner fin al mal de ojo. Este acto de “purificación” también puede llevarse a cabo por teléfono.

Cruz de las ciudades,gallo de los campos

En el entorno rural, antes de construir un edificio de cualquier tipo se suele celebrar una ceremonia en el curso de la cual se sacrifica un gallo. Ante la atenta mirada de la familia, amigos y obreros, el pope corta el cuello del animal y luego lo entrega a los más desfavorecidos. Por su parte, los habitantes de las ciudades suelen depositar una cruz de oro o de plata entre las primeras piedras del edificio.

Los proskinitiria, oratorios del recuerdo

A lo largo de las carreteras y de los caminos rurales se ven con frecuencia minúsculos oratorios situados a ambos lados. Estos singulares edículos sirven para dar gracias al cielo por un accidente sin víctimas o, por el contrario, recuerdan a un difunto. En su interior hay un icono del santo patrón, iluminado por una lamparilla, así como algunos presentes y un ramo de flores secas y llenas de polvo.

Artesanía

Aunque no existe una gran tradición artesana, algunos comerciantes han sabido adaptar determinadas creaciones típicamente locales a los gustos de los extranjeros. La mayoría de los artículos denominados “tradicionales”, destinados exclusivamente a los turistas, no proceden siempre de talleres artesanos locales. De todas formas, siempre se pueden encontrar objetos auténticos en los pueblos situados al margen de los circuitos turísticos.

Artículos de madera

Algunas islas, como las Espóradas septentrionales , son famosas por sus muebles: camas, aparadores, baúles ( kassela ), sofás ( nissiotikoi kanapedes ), alacenas ( piatothikia ), mesas y sillas, realizados con maderas de frutales, roble o haya, con el diseño tradicional de las islas.

En el Peloponeso, la ciudad de Vitina es célebre por sus objetos de madera de nogal, cerezo y pino. Encontrará desde horquillas para el pelo hasta ensaladeras, pasando por tablas para el pan, cubiertos y las populares jarras de agua.

Joyas

En los años cincuenta, Ilias Lalaounis revolucionó este arte con sus piezas de ofebrería de inspiración clásica.

Bajo su dirección se ha creado una escuela y varios talleres donde los artesanos aprenden a trabajar el oro con técnicas seculares. En estos talleres se elaboran magníficas reproducciones de las civilizaciones minoica, macedonia, griega clásica y bizantina.

En los barrios turísticos abundan las tiendas especializadas en artículos de orfebrería, joyería y bisutería. Para presupuestos más bajos también hay bonitas joyas de plata , que son la especialidad de Ioanina.

Cuero y pieles

El cuero se trabaja sobre todo en las regiones septentrionales. En las zonas turísticas venden bolsos, mochilas, bolsas de viaje, cinturones y sandalias a precios muy competitivos. Pero lo que sin duda le sorprenderá es el gran número de peleterías existentes en todo el país. Esta industria, que ha crecido extraordinariamente gracias al turismo, es una tradición secular de Kastoria (Épiro).

Alfombras y tejidos

La mayoría de las alfombras, de tradición otomana, se tejen mecánicamente en las numerosas fábricas existentes en la región de Tesalónica.

En cambio, algunos tejidos de Creta, Arahova y Épiro destacan por sus motivos, en general rayados, que permanecen inmutables desde hace siglos. Antiguamente, las jóvenes casaderas siempre llevaban en su ajuar las llamadas kendimata , telas bordadas con motivos de colores que representaban flores, animales, paisajes o temas inspirados en la mitología. Estas pequeñas obras maestras todavía se pueden encontrar en algunos pueblos del norte de Grecia y en Karpatos, una isla del Dodecaneso.

Tiendas de recuerdos

Los objetos más habituales en estos establecimientos son los tavli (juego de mesa), las flitzanakia (tazas de café de porcelana blanca), las keramika (objetos de cerámica procedentes de Sifnos, Rodas y las islas próximas), los buzukia y los famosos komboloi.

Música y baile

Unos cuantos amigos, un vaso de uzo y buen humor son los ingredientes básicos de cualquier fiesta improvisada. Los griegos son muy aficionados a la música y aprovechan cualquier ocasión para bailar el sirtaki , el balo (en las islas) o el zeibekiko , que interpretan juntos hombres y mujeres de todas las edades.

De la música clásica a la música de clases

Existe poca información sobre la música de la Grecia clásica, salvo que en el s. V a. C. existió un importante arte lírico, en particular en las ciudades de Delfos y Atenas. Parece que después la música fue perdiendo importancia en beneficio de la poesía.

Hasta mediados del s. XIX no se produjo el renacimiento de la música griega, con la aparición de dos tendencias muy diferentes: por una parte, las composiciones clásicas, de influencia italiana sobre todo, y, por otra, la música popular ( laiki musiki ) y folclórica ( dimotiki musiki ), mucho más representativas de la vida y las preocupaciones del pueblo.

La música clásica

El compositor del himo nacional, Nikolaos Mantzaros (1795-1872), fue el precursor de la corriente musical clásica. En la siguiente generación destacaron Manolis Kalomiris –autor de la primera ópera griega El contramaestre (1915)– y Nikos Skalkotas.

Iannis Xenakis (1922-2001) fue sin duda el músico griego más innovador del s. XX. Muy valorado en su país y en el extranjero, este matemático y arquitecto de formación llegó a ser un eminente compositor de música contemporánea estocástica (basada en el cálculo de probabilidades). Otro músico destacado fue Giorgos Apergis (1945), que contribuyó a la introducción del teatro musical.

El “rebetiko”, letras y músicas populares

A finales del s. XIX, en los bajos fondos de Esmirna (la actual Izmir), Estambul, Atenas y El Pireo, surgió una nueva tendencia musical el rebetiko , con el que comenzó un movimiento social y político. El rebetiko , que muchos comparan con el blues, alcanzó su apogeo en los años veinte entre los griegos de Asia Menor y los campesinos llegados a la ciudad en busca de trabajo. En este entorno de marginales, los músicos organizaban reuniones clandestinas (llamadas stéki ) para bailar, tocar la música “de la gente baja” ( ipokosmos ) y fumar un narguile (pipa de agua). Los rebeti (cantantes de rebetiko ) presumían de inconformistas y, en general, eran poetas cuyos textos denunciaban la injusticia y contaban historias de droga y de mujeres de vida alegre. Esta música auténticamente griega se impuso gracias a artistas como Vassilis Tsitsanis (1915-1984). El movimiento adquirió rápidamente gran importancia y, cuando después de la guerra resurgió el nacionalismo, las empresas discográficas aprovecharon la ocasión para sacar al rebetiko de la clandestinidad. El éxito fue clamoroso.

Pero ¿qué sería de las letras del rebetiko sin el buzuki ? La burguesía lo condenó como “instrumento del diablo”, aunque según la leyenda este instrumento fue el predecesor del baglamas , su hermano menor, que gracias a su reducido tamaño podía llevarse escondido debajo del abrigo.

La renovación musical griega

Dos célebres artistas contemporáneos, Mikis Theodorakis (1925) y Manos Hadjidakis (1925-1994), han protegido y explotado el patrimonio musical griego. Además de por su compromiso político, que lo ha convertido en una auténtica leyenda en su país, el primero es famoso por sus bandas sonoras para películas como Zorba el griego y Z , que tuvieron un éxito inmenso. Además de trabajar para el cine, el segundo también compuso temas para Melina Mercouri y Nana Mouscouri ( Los niños de El Pireo ) que le dieron fama internacional. Entre los cantantes contemporáneos destacan Giorgos Dalaras, Haris Alexiou y Eleftéria Arvanitaki.

La música folclórica (“dimotiki musiki”)

En Grecia cada ciudad y cada pueblo tiene su propia banda, que suele recibir el nombre de “orquesta filarmónica”. Estas formaciones están constituidas por músicos de todas las edades, casi todos autodidactas, y animan todas las fiestas.

Las obras y los instrumentos difieren de una región a otra, e incluso de una ciudad a otra, aunque su esencia es la misma. Por ejemplo, las cantades (cantatas) de las islas Jónicas evocan aventuras galantes y fantasías rurales con música de violines y guitarras bastante parecidas a las melodías del sur de Italia. Por el contrario, en Épiro las composiciones son más lastimeras y recuerdan el sufrimiento de un pueblo exiliado al son de las miroloia y las pipiza .

Los bailes tradicionales

Cada estrofa del rebetiko o de la dimotiki musiki va acompañada de figuras que no responden a auténticas reglas coreográficas, sino a una tradición de armonía entre el cuerpo, el espíritu y la expresión de la cara. Así, las danzas interpretadas en todo el territorio pueden presentar variantes regionales. Entre las más habituales se encuentra el hassapiko (baile de los carniceros), que se remonta a la época bizantina; lo ejecutaban los carniceros de Constantinopla con motivo de la fiesta de su gremio. Desde los años cincuenta, su versión simplificada y más lenta, el sirtaki , es mundialmente conocida gracias a la película Zorba el griego .

El zeibekiko –un baile asociado al rebetiko – procede de Asia Menor. En sus orígenes lo ejecutaba un solo bailarín rodeado de un grupo de compañeros en cuclillas que daban palmas siguiendo un ritmo muy preciso.

También hay que mencionar el baile del pañuelo, el kalamatiano , la danza de las bodas por excelencia, y el tsifteteli , que debe su nombre a un violín de dos cuerdas que lo acompañaba antiguamente. Este baile lascivo, interpretado exclusivamente por mujeres, tiene su origen en los antiguos ritos de fertilidad de Asia Menor.

Idioma

A pesar de varios siglos de ocupación turca, el pueblo griego conservó su idioma, símbolo de la identidad nacional. Grecia destaca por su gran homogeneidad lingüística; cerca del 97% de los habitantes se expresan en griego, ya que las minorías utilizan este último además de su idioma de origen, como el turco, el albanés, el búlgaro, el pomaco, etc. El griego no sólo se habla en el territorio nacional (más de 11 millones de personas), sino también en Chipre (500.000 almas), sin olvidar la importante diáspora repartida por todo el mundo, próxima a los 6,5 millones de individuos .

Hacia la modernización del griego

El griego antiguo, vector del pensamiento filosófico y científico de Grecia, idioma de los Evangelios y de la Iglesia, además de lengua oficial del Imperio bizantino, es un testimonio de la excepcional brillantez de una de las principales civilizaciones del planeta. Por eso, su modernización no fue sencilla.

Nacimiento del griego

Depués de imponer progresivamente su lengua indoeuropea en Grecia durante la segunda mita del segundo milenio, los helenos, originarios del norte, adoptaron enseguida la escritura que utilizaban los fenicios , un pueblo mediterráneo. La adaptación del alfabeto fenicio al idioma griego dio origen, probablemente hacia el s. VIII a. C., al alfabeto griego clásico. Los griegos convirtieron en vocales algunas consonantes fenicias cuyo sonido no existía en su idioma.

Una dura controversia lingüística

Poco a poco se abrió una enorme brecha entre el griego clásico y la lengua popular, la kiné , formada a partir del dialecto del Ática (que dominó a los demás) y trufada de términos extranjeros, sobre todo turcos. Cuando se planteó el espinoso problema del idioma nacional, en plena efervescencia independentista, a finales del s. XVIII, comenzó una disputa entre clásicos y modernos que duraría dos siglos.

De hecho, la controversia lingüística sólo constituía un aspecto de un debate, mucho más amplio, relativo a la posición y al prestigio de la nación: continuar o romper con la Grecia clásica.

En opinión de los fanariotas , la nobleza administrativa del s. XVIII, la conservación del griego clásico permitía el control de la vida cultural y política del país en detrimento de las clases burguesas y obreras. A principios del s. XIX los intelectuales se integraron en el debate y provocaron un encendido enfrentamiento entre los partidarios de la lengua pura y los de la lengua vulgar.

Poco después de la independencia ganó la solución intermedia, que defendía el líder de Las Luces Griegas Adamandios Korais (1748-1833) y que consistía en un acertado compromiso entre las formas clásicas y la forma moderna; la katharevussa ( katharos = puro) acababa de nacer. Aunque enseguida fue declarada idioma oficial, esta lengua no se integró en el pueblo, que seguía hablando el demótico ( dimotiki ) ( dimos = pueblo), utilizado en la tradición oral y defendido por artistas como Dionisos Solomos (1798-1857), el primer gran poeta de la Grecia moderna (autor del himno nacional).

A finales del s. XIX, para rebelarse contra este idioma elitista, algunos intelectuales decidieron utilizar el dimotiki en sus obras literarias. En el seno de un combate cada vez más politizado, los defensores del demótico se opusieron con uñas y dientes al espíritu conservador de los partidarios de la katharevoussa . Entre los defensores de la cultura popular se distinguirían más tarde algunos poetas como Yorgos Seferis (1900-1971) y Odysseus Elytis (1911-1996), ambos galardonados con el Premio Nobel de literatura.

El griego moderno, un idioma simplificado

El final del régimen de los Coroneles en 1974 provocó la caída de la katharevussa . Para destacar la ruptura con el régimen anterior, el Gobierno de Karamanlis declaró el demótico lengua oficial, aunque los debates siguen vigentes, tanto entre los diferentes ministerios como entre Educación y Señalización (de carreteras). Todavía se sigue discutiendo si es más correcta la y que la i o si hay que conservar la h , entre otras cuestiones.

En cualquier caso, el griego antiguo tenía cinco géneros y el griego moderno sólo posee tres: masculino, femenino y neutro. Por otra parte, el demótico ha pasado por varias fases, como la pronunciación unificada del sonido “i” para las vocales y muchos diptongos del griego clásico, o la supresión de los acentos.

Crucigrama

Debido a su importante herencia lingüística, la gramática griega tiene una sintaxis y unas declinaciones muy complejas y ofrece la posibilidad de crear muchos neologismos mediante la utilización de prefijos y sufijos. A lo largo de los siglos, el vocabulario se ha enriquecido con aportaciones extranjeras.

La aportación extranjera...

Aunque el léxico griego constituye la base de las terminologías teológicas, filosóficas, científicas y técnicas de Occidente, también se ha enriquecido con términos tomados del lenguaje de los diferentes ocupantes –los más evidentes son los de origen turco– y de otros idiomas extranjeros, en particular el francés, que tuvo gran prestigio a finales del s. XIX y principios del s. XX. Hay que citar asimismo las influencias de la cercana Italia y del mundo anglosajón.

... y viceversa

Como es sabido, además del latín, el griego constituye una de las bases fundamentales de muchos idiomas, como el español, que utiliza muchos prefijos de esta lengua. Por ejemplo, entre las palabras más habituales: mikro (pequeño) ha dado lugar a microscopio, micrometría; megalo (grande) a megalópoli, megalómano, megaherzio, y kiklos (círculo), origen de las palabras ciclo, cíclico, ciclotímico y ciclón, entre otros.

Además del griego proceden numerosos sufijos, como logos (teoría, discurso), integrado en el nombre de nuestras ciencias (geología, biología, mitología, etc.), o graphin (escribir) que se encuentra en telégrafo, fonógrafo, además de phos (luz), como en fotografía, y philos (amigo) en cinéfilo, y su opuesto phobia (miedo), en xenofobia, claustrofobia… Muchos términos españoles hunden sus raíces en el griego antiguo. Otros son una evolución de una palabra completa, como el conjunto de los términos médicos: pediatra ( pediatros ) procede de pedi (niño) y iatros (médico); ginecólogo ( gynekologos ), de gyneka (mujer); podólogo ( podologos ), de podi (pie). Por supuesto, esta lista no es exhaustiva.

 

DOCUMENTAL GRECIA