Marruecos

De las montañas del Rif y del Alto Atlas a las llanuras de Haouz o de las playas de fina arena del Atlántico a las tierras áridas del sur pasando por el Valle de las Rosas, al este de Uarzazate, Marruecos posee paisajes muy variados y de gran belleza.

Variadas son también su fauna y su flora, protegidas en las reservas naturales de Tubqal (al sur de Marrakech), del Alto Atlas oriental y de Ifrane. El desierto a su vez alberga más vida de lo que se suele creer, acogiendo buen número de animales como el dromedario, el chacal dorado, la hiena rayada, el erizo, la gacela y todo tipo de lagartos, serpientes, insectos y arácnidos como el simpático escorpión...

Para llegar a los parajes más grandiosos (como las dunas de arena de Chigaga o el desierto del erg Chebbi), por lo general en lugares de difícil acceso, será preciso hacerse con el vehículo adecuado, es decir un 4x4. Aun así, también es posible visitar el país "de otra manera", experimentando los paseos en camello, a caballo o incluso a pie (por ejemplo, por el macizo de M'Gun)...
La costa atlántica y sus olas atraen a los aficionados al surf durante todo el año. La playa de Esauira es una de las más concurridas por sus olas y su viento.

Pero el Marruecos eterno, con su luz, sus colores, sus fragancias y la nobleza de su pueblo, se hace presente también y sobre todo en sus palacios rodeados de jardines, en sus zocos y en sus medinas de casas apretadas las unas contra las otras...

Geografía

La superficie de Marruecos, con sus 711.000 km2 (incluido el Sahara occidental), supera en un tercio la de Francia. Bañado por el Mediterráneo en el norte y por el Atlántico en el oeste, el país mira, por un lado, hacia Europa mientras que, por otro, se pierde en la inmensidad del Sahara entre campos de dunas y mesetas pedregosas. En medio se alza el Atlas, un elevado sistema montañoso dominado por el Toubkal, que con sus 4.167 m es la cumbre más alta del norte de África. Marruecos cuenta con 2.600 km de costa, mientras que el sahel (palabra árabe que significa orilla) saharaui se extiende a lo largo de más de un millar de kilómetros, desde Tan Tan hasta Figuig. Otros rasgos importantes de la geografía del país son: altitud media elevada, orientación SO-NE de las principales cadenas montañosas, clima cálido y seco en gran parte del territorio y ríos cortos con un caudal muy irregular. Por otro lado, no debemos olvidar de que las distancias son considerables: 2.200 km separan Tánger de la frontera mauritana, y hay 900 km, en línea recta, entre Agadir y Uchda.

Marruecos no dejará de sorprenderle por la belleza y asombrosa variedad de sus paisajes. El relieve y las condiciones climáticas han creado unos parajes naturales propios que varían desde las frondosas montañas del Rif hasta las dunas de Merzouga; desde las llanuras pantanosas del Rharb hasta las cumbres, a menudo nevadas, del Alto Atlas, y desde los bosques de cedros del Medio Atlas hasta los palmerales del valle del Drâa o los tonos rojos y ocres de las tierras y las rocas del Dades. Sin olvidarnos de la flora y la fauna, ricas en especies casi desconocidas en Europa.

Del Mediterráneo al Sahara, he aquí las zonas geográficas que descubrirá en su recorrido por este país polifacético.

Las frondosas montañas del Rif

Al norte, el litoral mediterráneo de Marruecos está delimitado por la cadena del Rif. Ésta se halla formada por rocas terciarias y dibuja un gran arco orientado a Málaga, que va desde el jbel Moussa (frente a Gibraltar) hasta el cabo Tres Forcas (al norte de Melilla). Aunque la cumbre más alta, el monte Tidiquin , no supera los 2.448 m de altitud, constituye una barrera difícil de franquear, ya que numerosos valles rompen el relieve y las montañas se sumergen abruptamente en el Mediterráneo. A lo largo de 300 km, sólo hay tres carreteras estrechas y tortuosas que atraviesan la cadena montañosa de norte a sur.

El Rif es la región más lluviosa de todo Marruecos con precipitaciones que superan los 800 mm al año; por tanto, el paisaje es frondoso (excepto en las cercanías de la costa) y hay abundantes bosques cerca de las cumbres, donde los pluviómetros llegan a registrar más de 1.500 mm. Sin embargo, la deforestación ha producido una cubierta vegetal deteriorada: el matorral , donde abundan las palmeras enanas (doum) .

La población , muy densa, vive en pueblos, donde las casas tienen techos de paja, chapa ondulada o teja, y subsiste a base de pequeños cultivos elaborados en huertas a las faldas de las colinas. La región de Ketama es famosa por su producción de kif .

De la llanura del Rharb a las estepas orientales

Situado al suroeste del Rif, en el triángulo Larache-Sidi Kacem-Kenitra, el Rharb (“Occidente”) es la llanura aluvial del oued Sebou . Durante mucho tiempo, fue una zona pantanosa (merja) muy pobre y sometida a inundaciones catastróficas (la más devastadora se produjo en 1963). Sin embargo, las importantes obras de drenaje e irrigación emprendidas bajo el protectorado han convertido esta zona en la región agrícola más rica de Marruecos (cítricos, remolacha, caña de azúcar, arroz, algodón y lino). En el sur, el antiguo bosque de alcornoques de la Maamora, en la actualidad, está plantado parcialmente con eucaliptos.

A través del valle del río Sebou, que lleva a la meseta de Sais , se encuentran ciudades como Mequínez y Fez . Sus tierras fértiles están dedicadas al cultivo de cereales y, al sur de Mequínez, a los viñedos , mientras que las colinas anteriores al Rif, ligeramente más al norte, están cubiertas por magníficos olivares.

Más al este, al pie del jbel Tazzeka (1.980 m), la brecha de Taza permite acceder fácilmente a la llanura del Moulouya , uno de los principales ríos de Marruecos, que tiene una longitud de 520 km y desemboca en el Mediterráneo cerca de la frontera argelina.

Al sur del río Moulouya se extiende una inmensa zona de altiplanos, situados entre los 1.000 y los 1.300 m de altura, hasta el oasis de Figuig (al este) y los últimos contrafuertes del Alto Atlas (al oeste). Esta región es especialmente árida (entre 200 y 300 mm de lluvia al año), ya que la cadena montañosa del Medio Atlas impide el paso de los vientos lluviosos procedentes del Atlántico. Estos espacios infinitos, habitados por ganaderos seminómadas, constituyen el reino de la estepa de esparto , artemisa y azufaifo.

El macizo del Medio Atlas

La parte central de Marruecos se halla ocupada por un enorme macizo montañoso compacto formado por calizas jurásicas. El Medio Atlas está dividido en dos zonas con rasgos muy diferentes. Al oeste, las mesetas cársticas se superponen entre 1.100 y 2.000 m, diseñando paisajes calcáreos en ocasiones recubiertos de restos volcánicos. Al este, una cadena plegada, considerablemente más elevada, ofrece una imagen alpina: varias cumbres superan los 3.000 m de altitud y el jbel Bou Naceur alcanza los 3.340 m.

En la parte occidental y septentrional del Medio Atlas, las precipitaciones son fuertes y nieva frecuentemente. A partir de 1.600 m, los bosques de alcornoques y de árboles frondosos ceden su lugar a magníficos cedros , algunos de éstos son prácticamente milenarios. Sin embargo, la recuperación de este bosque, donde predomina la actividad pastoral, resulta difícil. En la zona de la llanura (dir) , numerosos manantiales permiten el cultivo de huertos.

La costa atlántica

Desde el cabo Spartel hasta el cabo Juby , es decir, desde Tánger hasta la frontera del Sahara occidental, 1.300 km de costa bastante regular y azotada por el viento alternan con infinitas playas de arena y acantilados de piedra caliza o arenisca. Frecuentemente, una hilera costera de dunas oculta alguna laguna (como en Oualidia), una estrecha llanura húmeda (oulja) o zonas pantanosas. En sus aguas abundan los peces gracias a las corrientes frías paralelas a la costa que, por otro lado, convierten la navegación y el baño en prácticas peligrosas, sobre todo a partir de Casablanca. El clima es evidentemente húmedo, y la niebla frecuente.

Tras el litoral se extiende una llanura costera formada por terrenos cuaternarios que, a menudo, encierra vastas zonas de dunas antiguas. En su interior, fluyen una decena de pequeños ríos de caudal sumamente irregular; a lo largo del año su caudal puede variar de 1 a 10, ¡o incluso de 1 a 100 veces! El Oum er-Rbia , el río más largo de Marruecos con 555 km, es el único prácticamente regular.

A unos 50 km hacia el interior comienzan la Meseta marroquí, formada por la meseta central (región zaer), donde predominan los pastos y los bosques de alcornoques, encinas o tuyas, y la meseta de los fosfatos, una zona seca, triste y pobre cuyo subsuelo, no obstante, esconde la principal riqueza de Marruecos. Esta última está separada del Medio Atlas y del Alto Atlas por dos llanuras interiores áridas azotadas por el chergui , un viento del este que seca todo a su paso. Sólo se puede mantener algún cultivo con técnicas de irrigación: seguias en Tadla y rhettaras en Haouz , cerca de Marrakech, donde el palmeral cuenta con 100.000 árboles.

El Alto Atlas

El sur de Marruecos está limitado prácticamente en toda su longitud por una elevada barrera montañosa . Orientada al suroeste-nordeste, se extiende a lo largo de 700 km, desde el océano Atlántico hasta la meseta oriental. En toda su longitud, sólo cuatro carreteras atraviesan el Alto Atlas, y de éstas, tres ascienden hasta puertos que superan los 2.000 m de altitud.

Al oeste, una meseta calcárea, dominio del argán y de la tuya, precede a la masa cristalina y compacta del Alto Atlas occidental, donde se alza el jbel Toubkal (4.167 m) y otras cumbres a 4.000 m. En la ladera norte, las abundantes nevadas favorecen los bosques de encinas, pinos y enebros. La vida se concentra en los valles, escondidos bajo los nogales, donde los campesinos chleuh cultivan minuciosamente sus pequeños campos en terraza irrigados con primitivas presas de piedra con ramificaciones, los ouggoug .

Al este del Tizi-n-Tichka, y hasta la meseta de los lagos (Imilchil), se extiende el Alto Atlas central, cuya cumbre, el Ighil M’Goun , alcanza los 4.071 m. Estas montañas son calcáreas, y los ríos M’Goun, Dades y Todra han labrado en ellas asombrosas gargantas . El clima resulta bastante más seco, incluso presahariano en la vertiente sur.

Finalmente, en el Alto Atlas oriental, la altitud desciende progresivamente según se avanza hacia el este, aunque el impresionante jbel Ayachi alcanza los 3.737 m. Salvo el majestuoso circo de Jaffar, las gargantas del Ziz constituyen el paisaje más hermoso de la zona, donde los palmerales se abren paso entre dos murallas rocosas.

La llanura del Sous y los macizos del Antiatlas

Al pie del Alto Atlas, un largo y estrecho pasillo, el camino del sur del Atlas marca la separación con el Antiatlas; hasta la hamada del Guir sólo interrumpe su curso el poderoso macizo volcánico del jbel Siroua (3.304 m). El extremo occidental es la llanura aluvial del Sous , sometida a un clima muy seco. El suelo pedregoso produce una escasa vegetación natural: la sabana de arganiers . Pero la irrigación, combinada con el calor, puede hacer milagros: la región de Agadir se ha especializado en fruta temprana, como las fresas.

Al sur del Sous comienza la cadena del Antiatlas, paralela al Alto Atlas pero menos elevada. Se trata de terrenos primarios de donde emergen macizos de rocas eruptivas o metamórficas: jbel Lkest (2.376 m) sobre Tafraut, adrar-n-Aklim (2.531 m) al este de Igherm y jbel Amalou (2.712 m) en el Saghro. Las formas del relieve son sumamente variadas y dan un aspecto muy salvaje a esta región: los granitos erosionados en la depresión de Tafraut, los perfiles areniscos del monte Lkest, las crestas pizarrosas, las gargantas esculpidas en la caliza, etc. El clima es muy cálido y la eclosión de la primavera en los valles de almendros es una auténtica maravilla.

La zona presahariana

Tendemos a imaginarnos el sur presahariano de Marruecos como una zona abrumada por el sol, sin relieve y monótona. Si bien es cierto que el clima es muy cálido (45º C o más en agosto, ¡36º C a medianoche!) y que los picos más altos no superan los 1.500 m, el relieve suele ser escarpado. Presenta todo un derroche de formas geológicas y, dada la falta de vegetación, nada oculta su magnífica brutalidad: sorprendentes pliegues calcáreos, la interminable barrera caliza del jbel Bani , relieves apalachinos, mesetas , gargantas o pasos (foum) profundamente esculpidos por torrentes ya secos, reg (piedras desprendidas al pie de una montaña), inmensas mesetas (hamada) recubiertas de piedras arrastradas por ríos ya desaparecidos y después erosionadas por las tormentas de arena, kreb (escarpadura que marca el borde una hamada ), dunas de arena (erg) con formas móviles, sebkha (vastas extensiones saladas cuya superficie completamente plana brilla bajo el sol), lagos efímeros que se confunden con espejismos, etc. Y, a veces, en este mundo mineral, surge la irreal vegetación de un oasis y la austera belleza de las construcciones de tierra.

Flora

Aunque una importante parte del país sea árida, Marruecos cuenta con una flora, que fascinará a los amantes de la botánica, y una primavera que produce una eclosión de flores salvajes en el campo. Los jardines, públicos o privados (Chellah, Oudaya, Bouknadel, Majorelle, etc.), son de una exuberancia tal que no dejarán de maravillarle.

La palmera y el cedro se disputan el título de árbol emblemático marroquí. A pesar de la disminución de la importancia de los dátiles en la alimentación y el comercio local, la silueta de la palmera sigue siendo familiar en gran parte de las regiones. En cuanto al cedro , cuya madera es muy apreciada para la carpintería, aún cubre superficies considerables en el Medio Atlas, en el Rif y en el Alto Atlas.

Además, existen importantes plantaciones de otros árboles menos conocidos: la mimosa hacia Tánger, el enebro en las zonas montañosas, la tuya articulada o arar que utilizan los ebanistas de Essaouira, el arganier endémico en el suroeste marroquí, la acacia gomero de las regiones subdesérticas con su curiosa silueta tabular, el azufaifo , la palmera enana (doum) , el sicomoro de Tafilalt y el extraño branfer de Ouarzazate con sus delicadas flores amarillas con el centro de color naranja brillante. Las higueras de Bengala son abundantes. La euforbia es característica de Ifni, donde la palabra designa a dos plantas completamente diferentes: un cactus en forma de almohada (¡muy espinoso!) y un frondoso arbusto cuyas ramas están distribuidas de manera peculiarmente simétrica.

Fauna

Además de las cabras y las ovejas, tres animales forman parte del paisaje marroquí: el asno, el dromedario y la cigüeña. El asno , “suave, sensual y tenaz”, es el compañero fiel de los campesinos. El dromedario , introducido en el Magreb a principios de nuestra era, fue durante siglos el “barco del desierto”. En la actualidad, su aspecto desgarbado y su semblante despectivo atraen principalmente a los turistas o, lo que es peor, a los carniceros (en el Gran Sur). En cuanto a la cigüeña , que viene a “veranear” entre diciembre y agosto, ha escogido como segunda residencia los minaretes y las torres de las kasbas abandonadas.

Aunque los leones y los elefantes mencionados por los escritores antiguos o retratados en las pinturas rupestres desaparecieron hace tiempo, la fauna salvaje marroquí, protegida por el aislamiento geográfico de numerosas regiones, ha conservado su variedad hasta hace poco. Sin embargo, desde hace algunas décadas, numerosas especies corren peligro debido a la caza (gacelas, antílopes o avutardas), el comercio ilegal de animales (tortugas, camaleones o zorros del Sahara) o simplemente por culpa del desarrollo económico.

La costa atlántica, con sus numerosos estuarios, lagunas y extensas zonas pantanosas (merja) , es el refugio de innumerables especies de aves migratorias o acuáticas : avocetas, garzas, cormoranes, flamencos rosas, pelícanos, etc. Varias reservas naturales están dedicadas a estas aves, en concreto Merja Zerga (al sur de Larache), la isla de Mogador (Essaouira) y Sous Massa (al sur de Agadir). Sobreviven dos especies particularmente raras: el halcón de Eleonor y el ibis calvo (que también se encuentra en los acantilados de Birecik).

En el norte de Marruecos, el pájaro boyero es un huésped habitual de los campos, mientras que las grandes avutardas se reúnen en invierno cerca de Arcila.

El animal más característico del Medio Atlas es el macaco o mono de Berbería , único mono de África del Norte (los famosos monos del peñón de Gibraltar pertenecen a esta misma especie): si sus piernas lo resisten y es muy discreto, podrá observarlos reunidos en pandillas desafiantes en los claros de los bosques de cedros, en la zona de Azrú.

En el Alto Atlas, en las laderas del monte Toubkal, aún quedan muflones , aunque pocos, y quizás algunos leopardos . Resulta más probable que logre observar cómo planean las grandes rapaces, como el águila real, el quebrantahuesos barbudo o el águila culebrera. Los camaleones que venden en los zocos de Marrakech suelen proceder de esta región.

Las ardillas de Berbería son animalillos de pelaje gris comunes en el Antiatlas y el Sous; su curiosidad las lleva a superar la desconfianza, lo que permite observarlas de cerca.

En la región de Guelmim ocasionalmente se pueden avistar panteras y, por la noche, se escuchan los chillidos de los chacales . El Gran Sur es rico en animales salvajes y, por lo general, resulta preferible no acercarse demasiado a ellos: el escorpión , que puede alcanzar los 15 cm de largo; la víbora Hortense ; la cobra real, o, más trivial, el lagarto de cola espinosa que camina de una forma muy graciosa, pero, si intenta agarrarlo, le desgarrará las manos, ya que su cola es como una cuchilla de afeitar.

En el desierto, los gerbos y los zorros del Sahara aún son numerosos. Sin embargo, las diferentes especies de gacela , antes abundantes, están en vías de desaparición, víctimas de los ricos cazadores procedentes del golfo Pérsico que las persiguen en todoterreno o incluso en helicóptero.

Historia

La historia de Marruecos, caótica en exceso, está marcada por varias constantes evidentes. La división geográfica y étnica ha permitido la conservación de fuertes peculiaridades locales que han sido un obstáculo para la penetración extranjera, pero, sobre todo, un impedimento para la unificación del país. La política y la religión siempre han estado estrechamente unidas. Las dos primeras dinastías bereberes provenían directamente de movimientos religiosos radicales, mientras que las tres dinastías árabes descendían de la familia del Profeta. Además, a partir del s. XV, el morabitismo puso de manifiesto el papel político de las cofradías religiosas, poco habitual en los países islámicos. Útil para la formación del sentimiento nacional, sería más tarde una causa de anarquía y de repliegue del país sobre sí mismo. Durante casi ocho siglos se observa la repetición de un ciclo que mencionó en el s. XIV el gran historiador Ben Jaldún: tras un período de anarquía, una familia o tribu procedente de los confines saharianos y dirigida por un líder carismático surge inesperadamente, logra la unidad de Marruecos con las armas y en una década obtiene finalmente el trono imperial. El nuevo sultán inaugura un período brillante; en el mejor de los casos, tiene uno o dos sucesores a la altura del cargo, pero después la dinastía se hunde lamentablemente y las fuerzas centrífugas se aprovechan del caos hasta que emerge la siguiente dinastía. Francia consiguió en su momento unificar Marruecos y establecer la autoridad incontestable del Estado, logro del que se beneficiaron los soberanos que reinaron después de la independencia. Finalmente, el repliegue de Marruecos le permitió mantener una fuerte identidad cultural , que conservó bajo el protectorado francés gracias a que el residente general Lyautey fue respetuoso con el pasado prestigioso y la originalidad del país.

Prehistoria

Las huellas más antiguas de asentamientos humanos en Marruecos se remontan aproximadamente a dos millones de años y el hombre de Rabat (Homo erectus) dataría de hace cientos de miles de años antes de nuestra era.

En la época en que Europa sufría su última glaciación, África del Norte disfrutaba de un clima tropical húmedo con una vegetación de sabanas y de bosques habitados por elefantes e hipopótamos; entonces, el Drâa era un río poderoso que desembocaba en el océano. El calentamiento climático progresivo provocó la desertificación del Sahara (que culminó unos 2.500 años antes de nuestra era), y la fauna tropical “superviviente” se vio atrapada entre el desierto y el Mediterráneo. Algunas especies subsistían a principios de la época histórica: los romanos, e incluso los primeros árabes, ¡vieron leones y elefantes en Marruecos!

La Edad del Bronce (3000-800 a. C.) se caracteriza por las numerosas pinturas rupestres del Alto Atlas y del valle del Drâa que representan animales, armas o carros. Las inscripciones líbicas , que utilizan un alfabeto consonántico cercano al tifinagh de los tuaregs, datan de la misma época.

Antigüedad

Pueblo de navegantes y mercaderes, los fenicios pronto exploraron las costas marroquíes en busca de nuevos productos alimentarios.

Fenicios, cartagineses y mauritanos (ss. VIII-I a. C.)

Desde el s. VIII a. C., los fenicios se aventuraron más allá de las Columnas de Hércules (el estrecho de Gibraltar), fundaron Lixus y Sala y en el siguiente siglo llegaron hasta la isla de Mogador (frente a Essaouira). Gracias a ellos, la población autóctona, que permanecía en la Edad del Bronce, tuvo sus primeros contactos con esta adelantada civilización del Mediterráneo oriental que le aportó, entre otras cosas, el alfabeto.

En el s. VI a. C., Cartago retomó, por su cuenta, las actividades comerciales de su antigua metrópolis. Hacia el 460 a. C., el almirante cartaginés Hannón recibió la orden de explorar las costas de África occidental al mando de una importante flota; su famoso periplo, que en su momento parecía tan sumamente increíble que durante mucho tiempo se dudó de su veracidad, le llevó hasta el golfo de Guinea. A diferencia de los fenicios, los cartagineses comenzaron una colonización duradera, aunque limitada a la franja costera: fundación de nuevos emporios comerciales, algunos de éstos se convertirían en verdaderas ciudades, creación de industrias de salazón o cerámica y desarrollo de las relaciones con el mundo mediterráneo. Para las poblaciones líbico-bereberes del interior, la influencia púnica resultó decisiva: alfabetización, organización política, etc.

Tras la caída de Cartago (146 a. C.), las tribus bereberes se ven bruscamente integradas en el mundo romano a través de un estado artificialmente independiente, el reino de Mauritania . Durante un siglo y medio, este “estado cliente” federará el norte de Marruecos y el oeste de Argelia, uniendo con éxito las culturas púnica y helénica. Este reino conoció su apogeo bajo el reinado de Juba II , que estableció su capital en Cesarea (Cherchell) y residencias reales en Volubilis y Sala. El reino prosperó gracias a sus exportaciones: aceite de oliva, conservas de pescado, garum , púrpura y animales salvajes para los juegos del circo.

La colonización romana (ss. I-IV d.C.)

La riqueza del reino despertó la codicia de Calígula, que ordenó el asesinato de Tolomeo , hijo de Juba II, en Lyon en el año 40. La revuelta que provocó fue aniquilada en cuatro años y el emperador Claudio declaró la Mauritania Tingitana provincia romana. Su territorio, bastante reducido si lo comparamos con el Marruecos actual, formaba un trapecio cuyas fronteras eran Ad Septem Fratres (Ceuta), Tingis (Tánger), Sala Colonia y Volubilis; estaba comunicado por dos carreteras principales. Prudentemente, los romanos se conformaron con una política de ocupación restringida. Su presencia, limitada a la alta administración y al ejército, apenas modificó la vida y el aspecto de las ciudades mauritanas, que permanecieron bajo el control de las elites bereberes, fuertemente romanizadas y clientes de Roma.

Hacia el año 285, el emperador Diocleciano decidió retirarse de gran parte de la Mauritania Tingitana, conservando tan sólo la zona situada entre Lixus y Tingis. Sin embargo, la salida de los romanos no supuso la desaparición de las ciudades del interior; la cultura latina sobrevivió durante varios siglos, sobre todo a través del cristianismo que se extendió a partir del s. IV. Además, tras la caída del Imperio, los bizantinos conservaron cierta autoridad sobre las ciudades costeras.

La islamización

La fama de la riqueza del norte de África atrajo a los conquistadores árabes a Ifriqiya (Túnez).

Una conquista difícil (ss. VII y VIII)

Aunque los ejércitos bizantinos fueron derrotados sin demasiadas dificultades, las tribus bereberes resultaron ser mucho más tenaces. Los árabes necesitaron una treintena de años para llegar a controlar militarmente el Magreb, ¡y sólo les llevó tres someter a España!

En 670, Oqba Ben Nafi fundó Kairuán, base militar para la futura conquista; en 681, una audaz expedición a caballo a través del Magreb le llevaría hasta las orillas del Atlántico. Ante este inesperado ataque, las tribus bereberes abandonaron apresuradamente un botín considerable. No obstante, se recuperaron rápidamente y Oqba Ben Nafi no regresó con vida a Kairuán. La revuelta se extendió por todo el Magreb y Musa Ben Nusair no obtuvo la rendición de los bereberes hasta el año 710. Uno de ellos, Tarik , fue entonces nombrado gobernador de Tánger y partió a la conquista (711-713) de la España visigoda, conocida por el nombre de Al-Ándalus , “el país de los vándalos”.

El ejército que dominó la península Ibérica estaba formado principalmente por contingentes bereberes, dado que, en lo que entonces se llamaba el Magreb al-Aksa (“el extremo occidente”), la población de origen árabe siempre fue muy escasa y estaba limitada a los dirigentes y a su entorno más directo.

En cuanto a la islamización, a pesar de la débil implantación del cristianismo en el campo, fue lenta y difícil. Además, cuando el jariyismo llegó al Magreb, no se sabe muy bien cómo, los bereberes abrazaron en masa esta “herejía” procedente de los orígenes del Islam y que defiende la igualdad social y el rigor religioso. Nostálgicos de su independencia perdida y con el sentimiento de ser explotados por sus dirigentes árabes, los nuevos conversos se sublevaron en el año 740 y resistieron durante décadas a todos los ejércitos enviados por Damasco.

El reino edrisí (ss. VIII y IX)

En el corazón de esta región de revueltas apareció la primera dinastía musulmana de Marruecos. En 788, un fugitivo árabe llamado Idris llegó a Oualila (la antigua Volubilis). Descendiente de la familia de Alí (yerno del Profeta y cuarto califa), huyó de Arabia tras la masacre de su familia por el régimen abasí que perseguía a los chiíes. Gracias a su prestigio de jerife obtuvo la amistad de un jefe bereber y fundó un pequeño principado. Al año siguiente, Idris I creó Madinat al-Fas (Fez) y comenzó la expansión de su territorio. Pero el califa abasí, Harún er-Rachid, inquieto ante sus primeros éxitos, le mandó envenenar en 791. Idris II, apoyándose en árabes recién llegados de Andalucía y de Ifriqiya, amplió y reorganizó el reino de su padre; frente a Madinat al-Fas, fundó la ciudad de Al-Aliya. Tras su posterior unificación, ambos barrios formarían la ciudad de Fez .

Tras la muerte de Idris II (asesinado en 828 también por orden de Bagdad), la debilidad crónica del poder central se tradujo en la aparición de pequeños principados hostiles entre sí. No obstante, esto no supuso un obstáculo para la prosperidad económica, tal como demuestra el florecimiento de los núcleos urbanos: Fez (que acogió a numerosos emigrantes andalusíes, judíos y de Kérou), Sebta (Ceuta) y otras muchas ciudades hoy desaparecidas que fueron prestigiosas, como Sijilmassa, Aghmat (cerca de Marrakech) o Tamdoult (al sur del Antiatlas).

Este período fue, asimismo, testigo de la islamización casi completa de Marruecos. Sin embargo, curiosamente, las herejías como el jariyismo o, peor incluso, el sincretismo de los berguata no fueron combatidas, ¿quizás porque los edrisíes eran chiíes? Dado que el principal objetivo era mantener la independencia del Magreb extremo, el enemigo principal seguía siendo la lejana Bagdad.

Las dinastías bereberes y la unificación de Marruecos

Durante dos siglos, el Magreb al-Aksa vivió un período de problemas políticos continuos: ya sumamente dividida, la región se debatía entre los omeyas de España y los fatimíes de Túnez; es decir, entre suníes y chiíes. Además, se añadían importantes movimientos de población debidos a las migraciones masivas de las tribus sanhaja y zenata. A pesar de todo, la prosperidad económica se mantuvo gracias a la explotación de las minas de plata y cobre y, al principio, al cultivo de algodón y la caña de azúcar. El comercio de oro procedente del África negra se hacía a través de las ciudades que limitaban con el Sahara: Tamdoult y, sobre todo, Sijilmassa (en el Tafilalt, cerca de la actual Rissani), que era el reino más importante y más estable.

El movimiento almorávide (s. XI)

Sin embargo, en 1053, esta rica ciudad de mercaderes y caravanas fue conquistada por unos hombres surgidos del desierto: los almorávides . Las principales motivaciones de estos grandes nómadas saharianos de la tribu de los sanhaja eran sin duda económicas (el deseo de apropiarse de las tierras fértiles), pero estaban sublimadas por la religión. Un maestro espiritual, Abdalá Ben Yasin, convenció a la minoría dominante de la tribu para que se retirase a un ribat situado en pleno desierto y se sometiese a una rigurosa formación religiosa, moral y militar que les transformaría en temibles soldados del Islam. La palabra “almorávide” es una deformación de al-morabitoun , que significa “la gente del ribat”.

Dos años después de la caída de Sijilmassa, los ejércitos almorávides, entonces a las órdenes de Abú Bakr, conquistaron Tarudant, cruzaron el Atlas y se adueñaron de Aghmat. En 1070, Abú Bakr instaló un vasto campo militar en la llanura del Hauz: se trata del embrión de Marrakech.

Yusuf Ben Tachfín, primer gran sultán (1073-1106)

Tras eliminar rápidamente a Abú Bakr, del que era teniente general, Yusuf Ben Tachfín partió a la conquista del norte de Marruecos, después del Magreb central (la actual Argelia) y, finalmente, de Al-Ándalus.

En efecto, en España, los reyes de taifas, instalados sobre los restos del califato omeya de Córdoba, eran incapaces de resistir a los intentos de reconquista de los castellanos y el sultán marroquí tuvo que acudir a socorrerles. Desembarcó en Algeciras, reunió a todos los ejércitos musulmanes y derrotó a Alfonso VI, en Zallaca, en 1086.

Sin embargo, poco después, los emires andaluces se sintieron incómodos con sus rudos salvadores bereberes y prefirieron volver a sus acuerdos locales con los príncipes cristianos. Furioso, Yusuf Ben Tachfín, defensor de un Islam puro y duro, se volvió contra ellos y los eliminó uno tras otro con tal eficacia que a su muerte, en 1106, España y Magreb formaban un solo imperio, próspero, pacífico y suní.

Muy distinto a su padre, Alí Ben Yusuf (1106-1143) manifestó una mayor inclinación por la “dulzura andaluza” y careció de la energía necesaria para mantener un gran imperio. Durante la primera mitad del s. XII, la influencia de Andalucía fue considerable: las ciudades marroquíes se impregnaron de su cultura refinada y de su estilo de vida; sabios, artistas, poetas y juristas acudieron a Marrakech y Fez. Sin embargo, el poder político se debilitó y los ejércitos cristianos avanzaron poco a poco por el territorio de Al-Ándalus; incluso en el mismo Magreb se fraguaba la revuelta.

Ben Toumert y el movimiento almohade (primer tercio del s. XII)

El refinamiento de la corte almorávide fue tachado de depravado por quienes no formaban parte de ella. Las inflamadas prédicas de Ben Toumert , temible fanático que había prometido la ruina de los almorávides, encontraron un público receptivo entre los humildes habitantes de las ciudades y en las tribus rurales. En 1123, con la ayuda de algunos discípulos, creó, en Tinmel, un valle aislado del Alto Atlas, un ribat que dirigiría con puño de hierro. Pronto se proclamó mahdi , es decir, enviado de Dios en la tierra para reestablecer la justicia. Sus seguidores recibirían el nombre de almohades ( al-mowahidoun , “los unitarios”), por la insistencia de su doctrina en la unicidad de Dios.

Además de teólogo y moralista, Ben Toumert fue un magnífico organizador: gracias al apoyo de las tribus masmouda , ubicadas en el Alto Atlas y el Sous, consiguió unificar la oposición a los almorávides. En 1130, el primer intento contra su capital acabó en un estrepitoso fracaso y murieron la mitad de los dirigentes almohades. Unos meses más tarde, el mahdi también murió; su desaparición se mantuvo en secreto durante dos años, el tiempo necesario para que el nuevo comandante Abd el Mumen se asentase en el poder. En 1133 fue nombrado oficialmente líder del movimiento almohade y obtuvo el título de califa .

Abd el Mumen, un conquistadorinfatigable (1130-1163)

Ambicioso y con personalidad de líder, Abd el Mumen se lanzó a la conquista metódica de Marruecos. Tardaría más de diez años. Finalmente, en la primavera de 1147, tras un largo asedio, ocupó Marrakech tras masacrar a gran parte de sus habitantes y matar hasta el último almorávide.

Pero el conquistador fue todavía más lejos. En 1150, sus tropas intervinieron en Andalucía, ya que una nueva generación de reyes de taifas se encontraba en una difícil posición frente a los cristianos. En 1151, aprovechándose de la debilidad de la dinastía hamadí, se lanzó al Magreb central donde la única resistencia seria con la que se encontraría fue la de los nómadas de origen árabe, las tribus hilalíes que, tras abandonar Egipto, habían emprendido una lenta migración hacia el oeste sembrando la anarquía a su paso.

Unos años más tarde, Abd el Mumen dirigió una nueva y victoriosa expedición hasta Trípoli, en Libia: en 1159 finalizó la conquista completa de Ifriqiya y por primera vez, desde tiempos de los romanos, el Magreb estaba unificado. En 1161, Abd el Mumen cruzó a España para culminar sus victorias contra los cristianos. Dos años más tarde moriría en Rabat cuando se disponía a embarcarse en una nueva campaña.

Tras treinta años de guerras incesantes, Abd el Mumen dejó a sus descendientes un imperio inmenso, aunque frágil debido a su heterogeneidad. Su hijo, Yusuf (1163-1184), y después su nieto, Yakub (1184-1199), tuvieron que enfrentarse a revueltas en el Magreb central y en Ifriqiya, pero se defendieron con eficacia de las tentativas de reconquista cristiana en España: tras la victoria de Alarcos (1195), Yakub adquirió el título de Almanzor (“el Vencedor”).

La grandeza almohade apenas duró: la dinastía sólo sobrevivió sesenta años más en una lenta decadencia. En España, la derrota de Las Navas de Tolosa (1212) marcó el comienzo de la Reconquista: en una docena de años los musulmanes perdieron sucesivamente Córdoba, Valencia, Murcia y Sevilla; tan sólo el reino de Granada se mantuvo hasta 1492. En Magreb, la situación no era mucho mejor: Túnez y Tlemcen proclamaron su independencia.

Los meriníes (segunda mitad del s. XIII al s. XIV)

En las estepas orientales, entre Taza, Tlemcen y Figuig, unos nómadas criadores de camellos y ovejas pertenecientes a la tribu zenata comenzaron su lenta ascensión al poder: los meriníes. Al contrario que sus predecesores almorávides y almohades, inicialmente ni la religión ni la política intervinieron en sus motivaciones. Simplemente se aprovecharon de la situación anárquica que reinaba en el imperio almohade en descomposición para adueñarse de nuevas tierras.

Bajo el impulso de un líder enérgico, ocuparon todo el norte de Marruecos y después se apropiaron de las rutas de caravanas en el sur, conquistando Sijilmassa y los oasis del valle del Drâa. Marrakech cayó en 1268, y Abú Yusuf Yakub pudo proclamarse sultán; en 1276 estableció su nueva capital en Fez el-Jedid .

En España, la Reconquista alcanzaba su punto culminante y los castellanos comenzaban incluso a albergar ambiciones territoriales con respecto a Marruecos. Entonces, los sultanes meriníes enviaron una expedición tras otra, pero sus éxitos fueron efímeros y el territorio que controlaban al norte del estrecho de Gibraltar se redujo a pasos agigantados, ¡incluso perdieron Ceuta durante una década! En el Magreb central y oriental, los éxitos fueron relativos (el segundo asedio de Tlemcen tuvo que levantarse tras ocho años) o de corta duración (en dos ocasiones Túnez fue ocupado durante unos meses).

Abú el Hasan (1331-1351) y Abú Inán (1348-1358) no serían jamás los conquistadores que soñaron ser, pero su grandeza se encuentra en otro plano. Estos sultanes, devotos e inteligentes, se rodearon de sabios y letrados, y su reino fue un período cultural fecundo. Mandaron construir numerosas madrasas donde se enseñaba el Islam malekita, más tolerante que el almohade. La islamización avanzó en el campo y el misticismo dio origen a las primeras cofradías , que conocerían un desarrollo considerable a lo largo de los siglos siguientes. Entre los escritores e intelectuales, dos personalidades son conocidas universalmente: el viajero Ben Batuta y el historiador Ben Jaldún .

Las dinastías árabes jerifianas

En 1358, Abú Inán fue estrangulado por su visir. Los asesinatos se sucedieron hasta el final de la dinastía: sultanes y visires se eliminaban entre sí para sobrevivir. En las zonas alejadas de la capital se desarrollaron poderosos feudos y las tribus árabes guich (que recibieron tierras a cambio de servicios militares), introducidas en Marruecos imprudentemente por los almohades, ya no obedecían a ninguna autoridad. Para empeorar las cosas, la peste negra diezmó la población y supuso un duro golpe para la economía. En 1415, el reino tocó fondo cuando los portugueses conquistaron Ceuta. Una nueva dinastía perteneciente a los meriníes, los guatasíes , intentó instalarse en el poder, pero su autoridad real apenas superó la región de Fez.

Expansión portuguesa y morabitismo

Los portugueses se aprovecharon de la debilidad del reino marroquí para desviar el comercio del oro (y de los esclavos negros), que hasta entonces realizaban las caravanas que subían a través del Sahara. A lo largo del s. XV establecieron una conexión marítima entre Lisboa y el golfo de Guinea, pasando por la isla de Arguin (al norte de Mauritania), que finalizaba cerca de los yacimientos auríferos, en San Jorge da Mina. ¡Las carabelas sustituyeron a las caravanas!

Dentro del mismo Marruecos también intentaron ocupar sistemáticamente las ciudades portuarias de la costa atlántica, especialmente los estuarios, y construyeron fortificaciones impresionantes, no tanto para defenderse de los marroquíes, sino para prohibir el acceso a los barcos de sus competidores españoles o italianos. Entre 1471 y 1515, Arcila, Tánger, Larache, Agadir, Mogador, Safi, Azemmour y Mazagán fueron ocupadas, por no hablar de las feitorias (factorías) y los fortines más modestos, ni de los ataques contra Anfa y Mamora. Los portugueses no pretendían conquistar territorios, ni mucho menos evangelizarlos, sino simplemente comerciar y, cuando la ocasión lo permitiese, saquear los pueblos de los alrededores.

Estas exacciones reforzaron los sentimientos xenófobos de la población que encontraron su expresión en el morabitismo , movimiento religioso propio de Magreb y de naturaleza esencialmente popular y rural. Este movimiento concede especial importancia a los personajes santos (mientras que el sunismo prohíbe el culto a los santos) y a los chorfa (plural de jerife ), descendientes, reales o presuntos, del Profeta. Sus tumbas (kubba) son objeto de gran veneración. Constituyen un destino de peregrinación (ziyara) o centro de fiestas votivas anuales (“moussem”) . Además, en sus proximidades se establecieron las cofradías ( zagüías o tariqas ), creadas por los discípulos de los santos ( sheiks ). Éstas contribuyeron a la educación de los campesinos y, ante el abandono del poder político, sus redes serían las más activas propagandistas del movimiento de resistencia (yihad) contra el poder portugués. El gran místico y famoso sacerdote, el Yazuli predicaría en la costa atlántica antes de morir envenenado.

Los saadíes (s. XVI)

Los saadíes son árabes que se consideran chorfa . Instalados en el valle del Drâa, algunos abandonaron los alrededores de Zagora a mediados del s. XV para instalarse en el Sous, donde se aliaron con la cofradía chadiliya-yazuliya , realmente poderosa en el sur. En 1511, cuando aceptaron emprender la yihad contra los portugueses, los saadíes mataron dos pájaros de un tiro: con la persecución de los infieles eliminaban también a sus competidores comerciales, los mismos que habían arruinado los intercambios transaharianos y las caravanas del Drâa.

La conquista de Agadir por Mohamed ech-Cheikh en 1541 tuvo una gran repercusión, tanto en Portugal como en Marruecos, que le facilitó el acceso al poder: los guatasíes serían eliminados en 1554 y, en breve, los portugueses tan sólo conservarían tres plazas fuertes (Ceuta, Tánger y Mazagán).

Sin embargo, los saadíes debían tener cuidado con una amenaza potencial procedente del este: el Imperio otomano, que en ese momento ejercía su soberanía sobre Túnez y Argelia. Pero para el nuevo poder marroquí, también representaba un modelo de estado islámico moderno: de hecho, contrataron a mercenarios turcos para reorganizar el ejército.

En 1578, la conjunción de una lucha dinástica entre los saadíes y la exaltación conquistadora del rey Sebastián provocó que los portugueses recuperasen fuerzas en el norte de Marruecos. Sin embargo, resultó un completo fracaso: la noche de la famosa batalla de los Tres Reyes en el río Majazín, las fuerzas cristianas fueron aniquiladas y un nuevo sultán, Ahmed Almanzor , inauguró un reino largo y glorioso (1578-1603). Esta batalla le valió un inmenso prestigio, tanto en Marruecos como en Europa, y el apodo de Ed-Dhehbi (el Dorado) debido al botín y los rescates que obtuvo.

Gracias a su reforzada autoridad consiguió reestablecer un Estado organizado (majzén) en todo el país, hacerlo prosperar (principalmente con la industria del azúcar) y crear una corte brillante en Marrakech. Para cubrir los inmensos gastos derivados de su política de grandes obras y del mantenimiento de un ejército poderoso, consiguió el control del Sahara y emprendió la conquista de Sudán (hacia 1590) para hacerse con las minas de oro. A principios del s. XVII, Tombuctú y Gao se convirtieron en parte del Imperio jerifiano.

La muerte de Ahmed Almanzor en 1603 desencadenó una decadencia brutal. Durante sesenta años, los exacerbados regionalismos dieron paso a violentas guerras civiles que pusieron en peligro a todos los que detentaban algo de poder: príncipes que tenían la exclusividad de una ciudad, jefes de tribus locales, o incluso de barrios o zagüías, etc. Algunas cofradías religiosas se aprovecharon de la debilidad del poder central para convertirse en auténticos poderes religiosos, como la zagüía de Dila en Rharb o la de Illigh en el Sous. En Salé, o más concretamente en Rabat, se instauró una república de corsarios que surcaban el Atlántico entre las Islas Canarias, Irlanda y Terranova.

Los alauíes (ss. XVII y XVIII)

Árabes y chorfa como los saadíes, los alauíes se instalaron en el Tafilalt en el s. XIII. Al igual que otros muchos antes que ellos, Mulay Chérif y su hijo mayor, Mulay M’hamed, aprovecharon la anarquía general para hacerse con un feudo local en detrimento de Dila e Illigh.

Mulay Rachid , el hijo pequeño, comprendió que resultaba esencial controlar la ruta comercial que ascendía desde Sijilmassa hasta Fez, llamada trik es-soltan , y los puertos del Mediterráneo. En cinco años (1664-1669) eliminó las dos grandes zagüías y conquistó todo Marruecos. A su muerte, en 1672, legó a su joven medio hermano un Estado reconstituido.

Mulay Ismail , personaje fuera de lo común, reinó durante cincuenta años (1672-1727). Aunque no lideraría ninguna guerra exterior, tuvo que dedicar la mitad de su reinado a consolidar las conquistas excesivamente rápidas de Mulay Rachid y a reprimir las rebeliones internas. Para ello, creó un ejército permanente de cerca de 150.000 hombres cuyo núcleo era una guardia negra formada por esclavos (abid) entrenados especialmente y sumamente fieles al sultán. Instaló también nuevas tribus guich y dividió el país en poderosas kasbas .

Mulay Ismail se centró en someter a las tribus bereberes de las zonas montañosas del Rif y del Medio Atlas, pero también en debilitar a las zagüías. Al sur, llegó a controlar todos los oasis del Sahara, Sudán y Mauritania hasta Senegal. Por el contrario, sus medidas con respecto al comercio marítimo acabaron teniendo efectos contraproducentes y tuvo que establecer impuestos muy impopulares para poder pagar el inmenso ejército y los palacios de la nueva capital, Mequínez.

La muerte de Mulay Ismail provocó una grave crisis: la guardia negra, sublevada, sembró el caos y la destrucción en el país, instaurando y derrocando a varios sultanes. Tendrían que pasar veinticinco años hasta que uno de los hijos del gran sultán, Mulay Abdalá, consiguiese restablecer definitivamente la paz.

Su sucesor, Mohamed Ben Abdalá , fue un sultán enérgico e ilustrado que supo reorganizar el Estado, contener a las tribus de las montañas, reorientar el país hacia su costa atlántica y entablar relaciones diplomáticas y comerciales con Europa. A él se debe el renacimiento de Anfa (la futura Casablanca), la conquista de Mazagán y, sobre todo, la creación de Essaouira en 1765. Firmó dos tratados con Inglaterra y, posteriormente, tratados con Holanda, Francia y España que garantizaron la libre competencia y el impulso del comercio marítimo; el comercio transahariano, dedicado, en su mayor parte, a la trata de negros, recuperó su fuerza. Sin embargo, el final del s. XVIII quedó oscurecido por siete años de hambruna y una epidemia de peste que acabaron con la mitad de la población y produjeron graves disturbios sociales.

La crisis del s. XIX y la intervención de los países europeos

A comienzos de su reinado, Mulay Slimane siguió la estela marcada por su predecesor, pero a partir de 1810 la situación empeoró y Marruecos volvió a enfrentarse con sus viejos fantasmas:

– la rebeldía de las tribus de las montañas que continuaban con su avance hacia las llanuras atlánticas, poniendo en peligro el frágil equilibrio étnico. Las zonas disidentes se llamaban bled siba , por oposición a bled majzén ;

– la injerencia de las cofradías religiosas en la vida política: Illigh renace y se crean nuevas zagüías, como Derkaoua , Nasiriya , Tijania , etc.;

– las luchas dinásticas: incluso en vida de los sultanes, los príncipes se rebelaban contra su padre e intentaban eliminar a sus hermanos apoyándose en una tribu o una cofradía.

En consecuencia, durante todo el s. XIX, el Estado sufrió una debilidad crónica, de la que se aprovecharon Inglaterra, Francia y España para alcanzar sus objetivos, al principio, comerciales y, después, territoriales.

En un primer momento, bajo la presión de las cofradías, el país creyó que encontraría su salvación en la tradición y el repliegue en sí mismo, por lo que se cerró al comercio exterior (1822). Pero la moneda se devaluó y el Estado se sumió en una deuda terrible. Además, la batalla de Isly en 1844 y después la breve guerra contra España (1859-1860) pusieron de manifiesto la debilidad militar de Marruecos, incapaz de resistir las presiones externas.

Los sucesivos tratados que culminaron en la Conferencia de Madrid en 1880 ratificaron el creciente dominio de las potencias europeas, no sólo en el comercio y la economía, sino también en parcelas de su soberanía mediante el sistema de protectorados . Además, sobre la marcha fueron implantando en el país consulados, sociedades comerciales, empresas de obras públicas, explotaciones agrícolas, consejeros militares y misioneros. Desde 1832 hasta final de siglo, la población europea pasó de 250 a más de 10.000 habitantes.

El majzén intentó reformarse bajo Mohamed IV y Mulay Hasan (1873-1894) pero, en general, todos los intentos terminaron en un fracaso. En algunas regiones, los caídes (señores feudales), como Glaui o Gundafi , suplantaron el poder del sultán.

La colonización francesa

Tras una primera crisis diplomática (llegada de Guillermo II a Tánger), el Acta de Algeciras (1906) reconoció la independencia e integridad del Imperio jerifiano; en realidad, el reino pasó a estar bajo tutela europea y se adjudicaron zonas de influencia a las diversas potencias. Varios incidentes sirvieron como pretexto para la intervención militar de Francia y España: en 1907, las tropas francesas procedentes de Argelia invadieron la parte oriental de Marruecos; después, un cuerpo expedicionario franco-español desembarcó en Casablanca y ocupó Chauía. A partir de 1909, los españoles intervinieron en el Rif; en 1911 se instalaron en Larache, Alcazarquivir y Arcila. Ese mismo año, Alemania, que se sintió dejada de lado, intentó dar el golpe de Agadir , aunque finalmente accedería a olvidar su interés por Marruecos.

A pesar de su deseo inicial de proteger la independencia de Marruecos, el nuevo sultán Mulay Hafid tuvo que resignarse a negociar. El 30 de marzo de 1912 se vio obligado a firmar el Tratado de Fez , según el cual se instituía el protectorado de Francia en Marruecos. Abdicó en agosto y cedió el trono a Mulay Yusuf. En noviembre, un tratado franco-español estableció un protectorado del mismo tipo en la zona española, mientras que la zona internacional de Tánger estuvo dotada desde 1923 de un estatuto especial con una Asamblea Legislativa y un mendub que representaba al sultán.

El sistema del protectorado permitía al sultán conservar aparentemente su soberanía, pero la parte fundamental del poder pertenecía al residente general, que además se beneficiaba de una gran autonomía con respecto al Gobierno francés. La Administración, tanto central como local, era mixta, pero los franceses daban órdenes a los pachás (gobernadores de las ciudades) y a los caídes (jefes de tribu). No había ningún poder representativo: ni siquiera los colonos franceses podían votar.

El general Lyautey , residente general de 1912 a 1925, conquistó Marruecos (¡en nombre del sultán!) y lo modernizó radicalmente. La “pacificación” francesa tuvo varias etapas: primero, el “Marruecos útil” (1912-1914), después el Medio Atlas (1914-1926) y, finalmente, el sur (1926-1934), que resultó especialmente difícil. España tuvo que enfrentarse a la guerra del Rif (1921-1926), en la que su ejército sufrió una derrota frente a Abdelkrim ; sólo una intervención francesa de gran magnitud permitió salvar la situación.

La modernización se tradujo en la construcción de puertos, carreteras, vías férreas, presas, colegios, y hospitales, además de en la explotación de las riquezas del país, las minas y las tierras de cultivo, por empresas o colonos franceses.

En los años treinta empezaron a surgir aspiraciones nacionalistas; en 1944 se fundó el partido de Istiqlal . Dado que el sultán Mohamed Ben Yusuf apoyaba el movimiento independentista, las relaciones entre la Residencia y palacio se volvieron cada vez más tensas: en agosto de 1953, un complot con respaldo activo del Glaui finalizó con el derrocamiento del sultán, que se exilió a Madagascar. Pero la agitación no hacía más que aumentar y el Gobierno francés acabó por llamar de nuevo a Mohamed V , que regresó triunfante en noviembre de 1955. El 2 de marzo de 1956 se proclamó la independencia de Marruecos. Un mes más tarde, España puso fin a su protectorado en el norte del país y el Estatuto internacional de Tánger fue derogado el 29 de octubre. La creación del Estado de Israel supuso la emigración de la mayoría de la población judía (aproximadamente 200.000 habitantes) y la práctica desaparición de la milenaria cultura judío-bereber.

Marruecos independiente

Mohamed V, desde entonces rey y no sultán, dirigió el país con habilidad durante los primeros años de independencia y supo evitarle los problemas que su vecina Argelia no había logrado superar tras cuarenta años. A pesar de sus dos años de exilio, mantuvo unas relaciones privilegiadas con Francia y se preocupó de no hacer tabla rasa de las aportaciones del período colonial; en concreto, evitó el éxodo de medio millón de europeos y la fuga del capital extranjero, ambos esenciales para el desarrollo del país. Mohamed V elaboró una Constitución semidemocrática que no pudo promulgarse debido a la brevedad de su reinado.

El reinado de Hasan II

Tras su muerte el 26 de febrero de 1961 durante una sencilla intervención quirúrgica, Mohamed V fue sustituido por su hijo Hasan II . El nuevo rey poseía un claro talento político y había recibido una excelente preparación para su cargo: contaba con una doble educación, árabe musulmana y francesa; además, su padre siempre le había mantenido cerca del ejercicio del poder. Rápidamente concentró en sus manos la totalidad de los poderes políticos, lo que le valió la hostilidad de las fuerzas de la izquierda que habían luchado por la independencia: el Istiqlal y, sobre todo, la Unión Nacional de Fuerzas Populares (UNFP) de Mehdi Ben Barka. Entre 1963 (guerra de Figuig) y 1975 se suceden los complots, atentados (matanza del palacio de Skhirat en 1971, ataque al avión del rey en 1972), disturbios en las ciudades y levantamientos, seguidos de represiones sangrientas contra Mehdi Ben Barka en 1965 y el general Oufkir en 1972, entre otros.

En 1975, Hasan II logró acabar con el descontento general y reconstruir la unidad nacional alrededor de su persona mediante la organización de la “ Marcha Verde” , que le permitió adueñarse fácilmente del Sahara occidental , un vasto territorio rico en fosfatos al que España se apresuró a conceder la independencia. Pero la guerrilla del Frente Polisario , apoyado activamente por Argelia, le complicó las cosas a las Fuerzas Armadas Reales hasta el extremo de tener que construir un “muro”. La guerra y la posterior campaña de “marroquinización” resultaron terribles para el país y empeoraron sus relaciones con los países vecinos. La ONU, inactiva desde hacía tiempo, acabó proponiendo un referendo de autodeterminación cuya celebración se pospuso una y otra vez. A pesar de todo, Hasan II disfrutó de un prestigio que no se correspondía con el poder real de Marruecos en la escena internacional debido a su habilidad política, a su don de gentes y a su postura moderada respeto al problema israelí.

En el plano interno, el régimen inició una tímida liberalización en los años noventa: liberación de presos políticos, creación de una Cámara base elegida por sufragio universal, elecciones prácticamente libres en 1997, Gobierno de “alternancia” en 1998, etc.

La modernización del reino

El 23 de julio de 1999, tras una terrible enfermedad, Hasan II murió en Rabat. Le sucede su hijo mayor bajo el nombre de Mohamed VI . A sus 36 años, el príncipe heredero era prácticamente un desconocido para los marroquíes y un enigma para los observadores políticos. Para empezar, el nuevo rey supo forjarse una fama de monarca moderno y liberal gracias a una serie de decisiones espectaculares, como la autorización a Abraham Serfaty para que regresara del exilio y, sobre todo, la destitución de Driss Basri, el poderoso ministro del Interior de Hasan II durante treinta años. Estos gestos le valieron la simpatía de la población marroquí y de los países europeos. Varios episodios dieron muestras de la voluntad de democratización del reino. El 21 de marzo de 2002, la boda de Mohamed VI con Salma Bennani, una “hija del pueblo”, se desarrolló de forma poco habitual. De hecho, por primera vez en la historia del país, los súbditos marroquíes pudieron participar en los festejos y la joven soberana se convertiría en una figura pública, rompiendo con la tradición de secreto que siempre había rodeado a la esposa del rey. Otro gran acontecimiento fue la celebración de las primeras elecciones legislativas transparentes el 27 de septiembre de 2002. Sin embargo, la primera gran reforma de su reinado que conmocionaría a la sociedad, fue la aprobación del nuevo Código de la familia . Abandonada en el año 2000 tras una demostración de fuerza de los islamistas, esta nueva ley que revoluciona el Estatuto legal de las mujeres entró finalmente en vigor en febrero de 2004. Desde entonces, las mujeres quedaron liberadas de la tutela masculina (primero del padre y después del marido) y disfrutan de los mismos derechos que los hombres en materia de matrimonio, educación de los niños y derecho de custodia. Además, pueden prohibir la poligamia a sus maridos.

Los desafíos de Marruecos

En el plano internacional, uno de los desafíos de Marruecos consiste en poner en marcha una política de lucha contra la emigración clandestina de origen marroquí o subsahariano. Esta cuestión es un punto clave de las tensiones que regularmente enconan las relaciones entre Marruecos y España. En julio de 2002, como respuesta a la instalación de un puesto de vigilancia marroquí en el islote Perejil , España desplegó a sus fuerzas especiales para desalojar a los militares marroquíes del peñón, Aunque la crisis terminó por solucionarse gracias a la mediación americana, las relaciones entre los dos países vecinos siguen siendo tensas. De hecho, los años 2005 y 2006 han sido años especialmente difíciles debido en gran parte a los problemas generados por lel control de la creciente emigración clandestina.

Arte y arquitectura

A pesar de las vicisitudes de su historia, Marruecos es el país del Magreb que ha conservado el patrimonio artístico más rico, al menos del período islámico. Enriquecido por la aportación cultural de la Andalucía musulmana más que por Oriente, Marruecos fue durante casi seis siglos (ss. XI-XVII) el foco principal de la arquitectura hispanomusulmana, uno de los grandes movimientos del arte islámico. Además, los marroquíes han destacado en todas las artes denominadas, erróneamente, “menores”: cerámica, talla de madera, edición de libros, tejidos, joyas, fabricación de armas, etc. Aún hoy la artesanía artística está sorprendentemente viva y constituye uno de los mayores atractivos del país para los visitantes.

Por desgracia para su patrimonio arquitectónico, Marruecos ha sufrido un fenómeno frecuente en todas las épocas en los países islámicos: los violentos odios políticos han provocado la destrucción o, en el mejor de los casos, la ocultación de numerosos palacios y mezquitas; en consecuencia, quedaron destruidos, tapiados, o sumidos en un completo abandono la mezquita de Tinmel, el palacio el-Badi en Marrakech, las tumbas saadíes o el palacio del Glaui en Teluet, por citar tan sólo unos ejemplos. Por el contrario, Lyautey intentó conservar el capital cultural del país mediante una política inteligente cuyos resultados aún son visibles: creación en 1912 de un servicio de Monumentos históricos, restauración de edificios antiguos, prohibición de edificar en el interior de las medinas y separación clara entre la ciudad moderna y el centro histórico.

El Marruecos de los orígenes

Aunque los antepasados del hombre ya estaban presentes en Marruecos hace unos dos millones de años, los primeros vestigios artísticos descubiertos tan sólo se remontan a antes del año 4000 a. C. El Homo sapiens del Paleolítico superior fabricaba herramientas variadas e incluso algunos adornos, pero no producía obras realmente artísticas, como las cuevas de Altamira.

La aparición tardíadel arte prehistórico

Hay que esperar al Neolítico e incluso a la Edad del Bronce para encontrar las primeras representaciones figurativas. Se trata fundamentalmente de pinturas rupestres talladas en bloques de arenisca y pulidas; representan todo tipo de animales, además de armas de bronce, figuras geométricas y, en algunas ocasiones, seres humanos. El Museo Arqueológico de Rabat reúne varias decenas de estas pinturas, pero la mayoría permanecen in situ (y, por lo tanto, resulta difícil acceder a ellas) en las montañas del Alto Atlas y del sur marroquí. De este período datan también las cerámicas con decoración cincelada, las joyas de marfil y una serie de recipientes de asombrosa perfección esculpidos en guijarros de dolerita, una roca volcánica muy dura.

La época púnica y el reino de Mauritania

Durante los cinco siglos que ocuparon el litoral marroquí, los fenicios y los cartagineses instauraron la civilización mediterránea y dejaron varios yacimientos arqueológicos importantes, como Lixus o Banasa , aunque con pocas obras de arte. No obstante, cabe señalar las hermosas cerámicas , importaciones griegas, púnicas o incluso producciones locales, así como los objetos de bronce y las joyas de oro importadas.

Las magníficas series de estatuas de bronce descubiertas en los palacios de Juba II en Volubilis y Cherchell podrían hacernos pensar que existía una escuela de escultura propia en el reino de Mauritania, aunque no es así: ya sean helenísticas o, algunas, contemporáneas del rey, se realizaron fuera de Marruecos.

La época romana

La dominación romana (fundamentalmente del 40 al 285 d. C.) se tradujo, como en todo el Imperio, en la edificación de magníficos monumentos públicos: foros, basílicas, termas, teatros, arcos triunfales, etc. Los vestigios más hermosos se encuentran en Volubilis , Banasa y Sala Colonia, aunque no son comparables a los yacimientos arqueológicos más famosos del Magreb oriental. Imitando la forma de vida romana, la opulenta burguesía local construyó amplias casas con atrio lujosamente decoradas con suelos de mosaico, pinturas murales y objetos artísticos variados.

Además de las estatuas de bronce, ya mencionadas y que eran principalmente importaciones, los mosaicos representan las obras más hermosas del arte románico de Marruecos. Se han descubierto más de 80 suelos de mosaicos, principalmente en Volubilis , Banasa y Lixus , aunque también en Tingis, Sala Colonia, Thamusida y otros lugares: algunos permanecen in situ, con los graves problemas de conservación que esto conlleva, mientras que otros están expuestos actualmente en los museos de Volubilis, Rabat, Tánger y Tetuán. Predominan las decoraciones geométricas, negras y blancas o policromas, aunque también hay escenas figurativas (emblema) que revelan una gran habilidad. A diferencia de los mosaicos tunecinos, los temas suelen ser mitológicos y no están relacionados con la vida cotidiana. Entre los más interesantes cabe destacar la Venus de la concha en Banasa, confeccionado con la delicada técnica tessellatum ; la Navegación de Venus y el Orfeo en Volubilis; Eros y Psique en Lixus, además del Tritón procedente de las termas de Banasa, cuyas teselas tienen 2 cm de ancho.

Arte islámico marroquí

Con la llegada de los árabes en el s. VII, se expande el arte islámico y la arquitectura bereber en las zonas rurales. A continuación veremos los principales elementos que lo componen y analizaremos su evolución a lo largo de los siglos.

Monumentos religiosos árabes

Estos edificios sorprenden por la sencillez de su arquitectura y sus volúmenes, además de su rica decoración (yeserías, madera tallada, azulejos o zelijes) que suele ocultar la pobreza de los materiales utilizados.

Desde los comienzos del Islam, los primeros creyentes sintieron la necesidad de construir un lugar donde la comunidad se pudiese reunir para rezar: la mezquita , cuya planta se ha mantenido prácticamente invariable desde sus orígenes. Siempre está orientada a La Meca y esta orientación se indica con el mihrab , un nicho situado en medio del muro de la quibla . Al lado se encuentra el mimbar ,púlpito de la autoridad espiritual y del poder teocrático, de madera o mármol. El minarete marroquí suele ser una torre cuadrada coronada por una plataforma almenada; desde allí el muecín convoca a la oración cinco veces al día. La decoración de los minaretes marroquíes varía en función de la época: ventanas geminadas, arcos o arquerías ciegas, mocárabes o azulejos.

La madrasa es una escuela de teología (no debe confundirse con las escuelas coránicas) donde se proporciona una enseñanza de alto nivel, de ahí el calificativo de “universidad islámica”. Esta función ha dado lugar a una forma arquitectónica específica. Recortada sobre la desnudez de una fachada ciega, una puerta profusamente decorada y coronada por un tejadillo da acceso a un estrecho patio central rodeado de las aulas y la sala de oración. Los pisos contienen celdas exiguas, donde residían profesores y estudiantes, que dan al patio. En el patio se concentra la mayor parte de la refinada decoración de la madrasa: estanque central, suelo de barro cocido, impostas decoradas con yeserías, modillones y cornisas de cedro tallado.

La kubba , más conocida con el nombre de morabito , es un mausoleo para musulmanes piadosos prácticamente considerados santos. Reconocibles gracias a su cúpula blanca, originalmente “kubba“ significaba cúpula, estos pequeños edificios cúbicos se encuentran frecuentemente en el campo marroquí y acogen peregrinaciones frecuentemente supersticiosas. Junto a los morabitos podrá observar a menudo un árbol cubierto de trozos de tela que simbolizan las peticiones al santo.

Arquitectura civil

La arquitectura civil se observa, en primer lugar, en las murallas que rodean la medina, normalmente de adobe. Estas murallas permiten el paso a través de puertas monumentales , que se encuentran entre las más bellas expresiones de la arquitectura marroquí. Están construidas con sillares y enmarcadas por bastiones coronados de merlones, a menudo profusamente adornadas.

En las medinas encontrará auténticos palacios , series de jardines interiores ( riads ), estancias, patios de gala ( mechuar ), salas administrativas, ha-mams, caballerizas y almacenes rodeados de amplios espacios ( aguedals ) donde alternan vergeles y estanques.

Los funduqs son caravasares donde se acogían a las caravanas, que servían a la vez de hotel y almacén de mercancías. Presentan una arquitectura similar a las madrasas: un patio central rodeado de varios pisos con pequeñas habitaciones donde se alojaban los mercaderes y sus productos más preciosos, mientras que sus monturas y mercancías permanecían en la planta baja o en los sótanos. Los funduqs solían ser bienes habous (públicos) y pertenecían a fundaciones piadosas. El alquiler servía para mantener a las madrasas y sus estudiantes.

La decoración

Las artes decorativas utilizan principalmente formas geométricas, arabescos y elementos florales (palmeras o lacerías). La escritura cursiva o cúfica también desempeña un papel importante.

Estos motivos aparecen también en la piedra, el ladrillo o la madera. Hay dos materiales específicos del arte hispano-musulmán. El primero es el estuco , yeso aplicado a superficies llenas de clavos y esculpido cuando aún está fresco. Normalmente se trabaja en forma de estalactitas. El segundo es el panel de zelijes o azulejos , creación de los meriníes y elemento esencial de la decoración marroquí.

Los grandes períodos del arte islámico en Marruecos

Los dos o tres primeros siglos del Islam apenas dejaron huellas arquitectónicas en el Magreb al-Aksa. Esto se debe tanto a su destrucción en los siglos posteriores como a que la islamización, lenta y difícil, afectaba a una población básicamente rural y pobre, así como al hecho de que durante mucho tiempo el país careció de un Gobierno estable y una dinastía duradera. En consecuencia, las primeras mezquitas probablemente fueron edificios modestos y sin interés.

El período oscuro de los comienzos del arte islámico (ss. VIII-X)

Resulta muy significativo que las dos mezquitas más importantes de Fez, la mezquita Karaouiyne y la mezquita de los Andalusíes , fundadas a mediados del s. IX, fueran construidas por inmigrantes procedentes de regiones donde la civilización islámica ya había alcanzado su apogeo. Como apenas se conservan las construcciones originales, han sido finalmente las escasas excavaciones arqueológicas realizadas en Sijilmassa (en el Tafilalt), en Belyounech (cerca de Ceuta) u otros yacimientos las que nos han proporcionado los escasos elementos arquitectónicos o decorativos auténticos del primer período. Marruecos posee también dos obras sumamente originales que demuestran la perfección alcanzada en la talla de la madera durante esta época: una viga epigráfica labrada (izar) que data del año 877 y procede de la mezquita Karaouiyne, y el mimbar de 980-985 de la mezquita de los Andalusíes.

La breve etapa de esplendor del arte almorávide (1070-1147)

Nómadas procedentes del desierto, los almorávides no tenían ninguna tradición arquitectónica y adoptaron, como es natural, la de Andalucía, la tierra que acababan de conquistar. Por esta razón, se utiliza el adjetivo “hispano-musulmán” para definir este estilo caracterizado por arcos de herradura (heredados de los visigodos) o polilobulados y por los efectos decorativos.

El odio de los almohades hacia los almorávides provocó la destrucción de sus obras, que consideraban demasiado frívolas, e incluso en Marruecos apenas quedan edificios almorávides: en Fez, algunas partes de la mezquita Karaouiyne, ampliada en 1130, y en Marrakech, la kubba Ba’Adiyn redescubierta en los años cincuenta. Sin embargo, la actividad constructora de los almorávides no se limitó a las mezquitas o palacios; en el exterior de las ciudades, los ingenieros (mouhendis) construyeron fortalezas, inauguraron puentes y cavaron canalizaciones como las que alimentan Fez y, especialmente, las famosas rhettara del palmeral de Marrakech.

Grandeza almohade (1147-1269)

Debido a su extremo puritanismo, los seguidores de Ben Toumert se conformaban sin duda con una m’sallah para sus cinco oraciones diarias. Pero, paradójicamente, la dinastía almohade (con influencias andaluzas, al igual que sus odiados predecesores) se convirtió rápidamente en precursora de uno de los grandes movimientos artísticos de Marruecos. El arte almohade, que encuentra su principal expresión en la arquitectura, se caracteriza por la grandeza del diseño, la sobriedad de la decoración, la nobleza de las proporciones y la pureza de líneas; en una palabra, el clasicismo.

En un principio, bajo el reinado de Abd el Mumen, la arquitectura almohade apenas se distingue de la almorávide: de hecho, los mismos artistas y artesanos procedentes de Andalucía trabajaban para la nueva dinastía. De este período datan tanto las fortificaciones, como la Gran Mezquita de Taza y, sobre todo, la admirable mezquita funeraria de Tinmel . El siguiente sultán, Yusuf, favoreció a Sevilla, su ciudad favorita, y a Marrakech, su capital. Sería finalmente el tercer sultán, Yakub Almanzor, quien con las titánicas obras de su nueva capital, Ribat al-Fath (Rabat), permitió que la arquitectura almohade alcanzase su plenitud.

Los arquitectos almohades se distinguen especialmente por sus fortificaciones y mezquitas. Las murallas se realizaban con la ayuda de la nueva técnica del hormigón , mezcla de cal y de arcilla pedregosa vertida y apisonada en un encofrado (tapial). Las puertas monumentales se construían con sillares de piedra, para que fuesen más eficaces estaban acodadas. En cuanto a las mezquitas , se caracterizan por sus amplias dimensiones (la de Rabat constituye una excepción) y sus imponentes minaretes. Carecen de grandes cúpulas o bóvedas, pero poseen robustos pilares o arcos que sostienen los largos tejados a dos aguas que cubren cada una de las naves perpendiculares al muro de la quibla. Todas estas naves desembocan en una nave transversal, paralela al muro de la quibla, la única profusamente decorada (como en Tinmel). El mihrab suele estar precedido de una pequeña cúpula. El minarete almohade típico es una torre cuadrada hecha con sillares de piedra, un poco achaparrada, cuya altura equivale a cinco veces la base. La decoración está pensada para que pueda leerse desde lejos; esculpida en bajorrelieve, como la de las puertas, consta esencialmente de arcos polilobulados y arquerías entrelazadas. El minarete de la Kutubia de Marrakech, la Giralda de Sevilla y la Torre Hasan de Rabat constituyen grandes ejemplos de esta grandeza almohade.

En el campo de las artes “menores” asistimos a un florecimiento del arte del libro y de la caligrafía. La cerámica utiliza a menudo el procedimiento del vidriado y produce magníficos brocales de pozos (especialmente el conjunto único de Sidi bou-Othman, cerca de Marrakech), así como grandes vasijas para almacenar agua (khabia) , de decoración estampada, y diversos vasos (shurba, djara) marrones y negros (óxido de manganeso).

La edad de oro de los meriníes (1278-1358)

El reinado de los meriníes, al menos hasta mediados del s. XIV, fue, junto con el período almohade, la etapa más fecunda de la arquitectura marroquí: las construcciones, de dimensiones más modestas, son numerosas y están dotadas de una elegancia y una delicadeza que contrastan con la austeridad del período precedente.

En sus comienzos, la arquitectura meriní imita a la almohade, como demuestran las murallas de Salé , reconstruidas por Abú Yusuf Yakub en el último tercio del s. XIII. No obstante, poco después y bajo la influencia del arte delicado de los nazaríes de Granada, el rigor almohade dejó paso a la elegancia y la decoración adquirió una creciente importancia que se manifiesta incluso en las fortificaciones . La puerta principal del recinto de Chellah (en Rabat), construida en 1339, constituye un gran ejemplo. Abú el Hasan y Abú Inán , los dos principales sultanes meriníes, fueron grandes mecenas a los que debemos la construcción de numerosas mezquitas y madrasas.

Las madrasas meriníes suelen ser de escala modesta, lo que les añade encanto. Entre las más conocidas se encuentran Bou Inania , Attarine y Sahrij en Fez, Abou el-Hassan en Salé y Bou Inania en Mequínez.

Fundamentales para el comercio a gran escala, los caravanserrallos urbanos o funduqs servían de hotel y almacén de mercancías. Debían de existir desde mucho antes, pero no se ha encontrado ningún rastro anterior a la época meriní; en Fez se conservan los ejemplos más bellos.

Finalmente, el arte funerario es especialmente significativo gracias a las tumbas imperiales de Chellah , en Rabat, y de Fez; la estela funeraria de Abú Yakub Yusuf en Chellah (1307), delicadamente cincelada en la parte posterior de una placa de mármol romana, es un destacado ejemplo de este género.

Con los meriníes todas las artes decorativas viven una época dorada. Durante este tiempo, la mayoría de las construcciones son de adobe, pero quedaba oculto bajo la cerámica o la decoración de yesería. Aunque los azulejos ya se habían utilizado para la decoración de la parte superior de algunos minaretes almohades, el arte de los zelijes en tiempos de los meriníes apenas se utiliza hasta principios del s. XIV. Este arte ha prosperado hasta nuestros días, como podemos observar en los salones de gala del palacio de Teluet . Por su parte, las yeserías alcanzaron una perfección sin igual en el arte islámico. La carpintería artística utiliza principalmente la madera de cedro del Medio Atlas para la decoración de las madrasas, los funduqs y los palacios: puertas (bab) , paneles labrados, marcos de ventana (shrjem) , verjas (derbouz) , balaustradas, modillones, frisos y cornisas; en las mezquitas se suele utilizar para decorar los techos, los mimbares y, en ocasiones, los mihrabs. Una profusión de lacerías geométricas, de motivos vegetales o de caligrafías de versículos del Corán, hábilmente tallados, cubre todas las superficies disponibles. Algunas de las obras están pintadas.

Bajo los saadíes y los alauíes (ss. XVI-XX)

A pesar de la larga decadencia de los meriníes y de los sobresaltos de los ss. XVII y XVIII, el arte hispano-musulmán ha perdurado hasta nuestros días.

Dos grandes sultanes, el saadí Ahmed Almanzor en el s. XVI en Marrakech y el alauí Mulay Ismail en el s. XVII en Mequínez, fueron apasionados constructores cuyos edificios impresionaron a sus contemporáneos; lamentablemente, sus obras serían víctimas del descuido de sus sucesores.

Seguro de su inmensa riqueza, Ahmed Almanzor emprendió magníficos proyectos para embellecer Marrakech, su capital. El palacio de el-Badi (el “Incomparable”), de un lujo inaudito, estaba inspirado en los palacios de Granada. Por desgracia, un siglo más tarde sirvió de cantera a Mulay Ismail, que extrajo los materiales preciosos para reutilizarlos en sus edificios de Mequínez. Sin embargo, no se atrevió a destruir las tumbas saadíes y se conformó con tapiarlas; redescubiertas en 1917, actualmente están consideradas obras maestras del arte hispano-musulmán.

En Mequínez, Mulay Ismail quiso superar a sus predecesores en magnificencia y lo consiguió: decenas de miles de esclavos trabajaron sin descanso para edificar un colosal conjunto de palacios, cuarteles, almacenes y caballerizas protegido por 25 km de murallas con maravillosas puertas monumentales, como la de Bab Mansour . Sin embargo, estos edificios sirvieron a su vez de cantera a los sucesores del gran sultán. No obstante, sus dimensiones eran tales que incluso en ruinas sus vestigios siguen siendo impresionantes.

En los ss. XVI y XVII, tras la caída de Granada, varias oleadas de emigrantes judíos y musulmanes (la última fue la de los moriscos en 1610) atraerían a Tetuán, Fez y Rabat numerosos artesanos experimentados que insuflarían un nuevo ímpetu al arte marroquí, aunque sin renovarlo completamente.

En el s. XIX, los príncipes y la gran burguesía urbana harían edificar palacios como el la Bahia en Marrakech o Dar Jamai en Mequínez, de proporciones modestas, pero con encanto; su interior albergaba producciones de la artesanía artística: madera pintada, alfombras, cortinas, objetos de cuero, etc.

Finalmente, en el s. XX cabe mencionar el último exponente del arte hispano-musulmán: la mezquita Hasan II en Casablanca.

Arte bereber

Como dijo metafóricamente un orientalista alemán de los años treinta, Klaus von Grossgrabenstein, “los brillantes frutos del arte hispano-musulmán han hecho olvidar injustamente el viejo y robusto tronco de la tradición bereber que entregó el testigo”. Las obras maestras producidas durante ocho siglos por la gran tradición andalusí (árabe, urbana y culta) no deben eclipsar totalmente la existencia de otra tradición (bereber, rural y popular) de la que se ha nutrido el arte marroquí. El arte bereber hunde sus raíces en un pasado mucho más antiguo, pero que, según parece, siempre permanecerá oscuro y misterioso por falta de documentación escrita y de monumentos fechados. Con el paso de los siglos, las dos “tendencias artísticas” se influyeron y enriquecieron mutuamente hasta el punto de que, en ocasiones, resultan indiscernibles. La tradición bereber sólo pudo mantener su “pureza” lejos de la influencia de las grandes ciudades arabo-andalusíes del norte, es decir, en el sur y en las montañas.

Sin duda, la arquitectura de tierra es el ámbito donde el arte bereber resulta más deslumbrante con sus construcciones fortificadas: ksour , kasbas (tigremt) y agadir (igherm) . Poderosas sin ser pesadas, funcionales pero elegantes, muestran una belleza depurada y a veces realzada por una decoración sobria y refinada, aunque esté confeccionada únicamente mediante la hábil disposición de ladrillos. La construcción se basa en el adobe y utiliza una técnica peculiar. Consiste en amasar la arcilla con un poco de paja, después se introduce la pasta en un encofrado móvil de madera y se apisona con una gran maja; en las regiones montañosas, las piedras sin argamasa sustituyen al adobe, pero las formas son prácticamente las mismas.

Las puertas de los graneros o de las casas son elementos decorativos y simbólicos fundamentales; expuestas en varios museos (Dar Si Said en Marrakech, colección Bert Flint en el Museo Municipal de Agadir y en la casa Tiskiwin en Marrakech, Dar Belghazi cerca de Rabat), poseen una fama merecida por su decoración grabada, pintada o de madera tallada y con apliques. Los techos de tataoui , pintados de colores vivos, son los equivalentes rústicos de los techos artesonados de la tradición andalusí.

Las mezquitas rurales antiguas que, por desgracia, fueron destruidas sistemáticamente y sustituidas por construcciones sin interés, presentan pilares de tuya coronados por magníficos capiteles rústicos de madera tallada y pintada.

Arquitectura colonial

Ya en el s. XVI los portugueses habían dejado su huella en la arquitectura de sus enclaves comerciales de Arcila, Azemmour, Safi y Mazagán (El Yadida). A principios del s. XX, los europeos comenzaron a instalarse en Marruecos y construyeron de forma anárquica edificios carentes de gusto. Sin embargo, tras su nombramiento como residente general en 1912, Lyautey se preocupó por el urbanismo y contrató los servicios de Henri Prost y una pléyade de jóvenes arquitectos (como Albert Laprade o Marius Boyer) para trazar las calles de Casablanca y las nuevas ciudades de Rabat, Fez, etc. La primera fase consistió en edificar barrios nuevos alejados de las ciudades antiguas; después se creó un entramado de largas avenidas con árboles y jardines donde se construirían posteriormente los edificios públicos y las viviendas. Las edificaciones, sobrias y funcionales, pretendían evitar el monumentalismo e integrar discretamente elementos decorativos marroquíes, aunque sin caer en el estilo neomorisco.

Prost, arquitecto del lujoso hotel Mamounia , edificó también viviendas sociales: el barrio de los habous , en la nueva medina de Casablanca muestra su deseo de adaptar los conocimientos modernos a la forma de vida tradicional.

A partir de 1925, el estilo modernista se manifiesta también en Marruecos, sobre todo en Casablanca donde se conservan algunos hermosos ejemplos. Este estilo se enriqueció con elementos típicamente marroquíes, como las cúpulas, los lucernarios y los adornos de madera o de azulejos.

Entre 1946 y 1953, Michel Écochard fue el responsable del urbanismo marroquí. Familiarizado con la arquitectura islámica gracias a una larga carrera en Siria, siguió la línea de sus predecesores en Rabat y Casablanca, aunque también en las nuevas ciudades de Fez y Mequínez. En 1960, el terremoto de Agadir brindó a los arquitectos y urbanistas la ocasión de poner en práctica teorías más contemporáneas; Jean-François Zevaco profundizó especialmente en la “arquitectura brutalista” (procedente de la expresión “hormigón bruto de desencofrado”).

Léxico de arquitectura marroquí

Agadir (bereber) - Granero colectivo fortificado del sur. En algunas regiones se utiliza el término tirhremt .

Bab - Puerta de una ciudad.

Borj - Torre, bastión, fortín.

Chemacha - Celosía, generalmente de yeso.

Dar - Casa. Por extensión: lugar donde se ejerce una actividad (por ejemplo, dar dbagh : talleres de curtidos; dar el-Makhzen : antigua prefectura).

Derbouz - Verja de madera que sirve de balaustrada o de celosía.

Funduq - Edificio que se utilizaba a la vez como almacén y como posada para los mercaderes.

Hamam - Baños públicos.

Kasba - Ciudadela de una ciudad. En el sur, vivienda fortificada aislada perteneciente a una familia; los bereberes utilizan el término tigremt .

Kissariya (Alcaicería) - En un zoco urbano, conjunto de tiendas alrededor de un patio dedicadas a un solo tipo de comercio o artesanía.

Ksar (pl. ksour) - Alcázar, castillo o palacio fortificado. En el sur, ciudad fortificada.

Kubba - Cúpula. Por extensión: tumba de un santo, morabito (ya que a menudo están cubiertas por una cúpula).

Machrabiyyah (celosía) - Celosías ornamentales de madera colocadas delante de las ventanas. Permiten que las mujeres miren la calle sin ser vistas.

Madrasa - Escuela de teología. En Marruecos poseen un patio estrecho alrededor del cual están las celdas de los profesores y estudiantes.

Medina - Ciudad. La ciudad antigua por oposición a la ciudad moderna.

Mellah - Barrio judío en la ciudad tradicional. En general, no está aislado del resto de la medina por una muralla.

Mezquita - Edificio destinado a la oración. Hay que distinguir las jami , mezquita del viernes, de las masdjid , simple oratorio. El imán sólo pronuncia la khutba desde el mimbar en las primeras.

Mihrab - Nicho en el muro de la quibla. En las mezquitas más modestas suele ser la única parte con decoración.

Mimbar - Púlpito de piedra o madera donde se sitúa el imán para predicar los viernes (khutba) . Se accede por unos escalones.

Minarete - Torre de la mezquita desde la que el muecín convoca a la oración (ouden) .

Morabito - Hombre santo. Por extensión: su tumba.

M’sallah - Lugar de oración al aire libre en el que la arquitectura está reducida a su mínima expresión: un muro de la quibla que no supera el metro de altura con la marca del mihrab y algunos escalones para el mimbar.

Mukarnas (Mocárabes) - Alvéolos que decoran los nichos, las bóvedas o las cúpulas. La base de dichos alvéolos se prolongan formando una especie de estalactitas.

Quibla - Dirección de la Kaaba. En la mezquita, los fieles rezan frente al muro de la quibla, orientado en perpendicular a La Meca.

Rhettara - Canalización subterránea que permite el transporte de agua de irrigación a grandes distancias.

Ribat - Convento fortificado

Riyâd o riad - Patio o jardín cercado contiguo a una casa.

Sahn - Patio de una mezquita o de una madrasa.

Tataoui - Techo artesonado realizado con cañas o ramas de adelfa dispuestas en forma de rombo por encima de las vigas.

Tedlakt - Capa mural muy lisa formada por una mezcla de cal, piedra molida, pigmentos de colores y jabón negro.

Tigremt - Ver ksar .

Zagüía - Cofradía religiosa. Por extensión: conjunto de edificios construidos alrededor de la tumba de un santo, que aloja a la cofradía.

Zelijes - Marquetería policroma realizada con fragmentos recortados de azulejos de colores vivos.

Zoco - Mercado. Puede ser un mercado semanal al aire libre o un barrio de la medina completamente dedicado al comercio. Árabes

El proceso de arabización de Marruecos fue lento y progresivo . Los primeros árabes que llegaron al país en el s. VII no eran muy numerosos. Hubo que esperar hasta el s. XI y a los Beni-Hilal, árabes nómadas del Alto Egipto enviados a Berbería por los fatimíes, para que su número aumentara, y después hasta el s. XV y la llegada masiva de los árabes de España expulsados por los Reyes Católicos. Poco a poco convirtieron al conjunto de la población al Islam e impusieron el árabe como lengua oficial.

En la actualidad, los árabes se concentran en las grandes ciudades y en las zonas costeras del norte.

Bereberes

La palabra “bereber” procede del latín barbarus , que significaba “aquél que es extranjero a la civilización greco-latina” y designaba a los habitantes originales del país. Sobre el origen de los bereberes, sólo sabemos que ocuparon el norte de África desde el final de la Prehistoria.

Hoy en día, los bereberes viven en tribus en las regiones montañosas y en algunas partes del desierto. Se dividen en tres grupos lingüísticos que conservan sus costumbres y lenguas respectivas: los rifeños del noreste hablan el tarifit ; los chleuhs del Alto Atlas y del Antiatlas, el tachelhit , y los bereberes del Medio Atlas ,el tamazight.

Los bereberes han mantenido una fuerte identidad cultural, a menudo debido a su aislamiento. Durante su viaje podrá admirar su arquitectura, sus costumbres y su maravilloso sentido de la hospitalidad. Aunque vivan en las ciudades, los bereberes siguen estando muy vinculados a su pueblo de origen, a menudo perdido en los magníficos valles del Atlas. Se calcula que son más de diez millones.

Moros

Nómadas saharianos mezclados con árabes, bereberes y negros, los moros del sur marroquí fueron apodados “hombres azules” a causa de sus ropajes índigo cuyo color destiñe y pasa a la piel. Su rostro, enmarcado por un turbante que subrayaba una mirada penetrante y lejana, así como su postura altiva sobre su dromedario, alimentaron la imaginación de numerosos novelistas y viajeros. Podrá encontrarlos en Guelmin durante el mercado del sábado, donde venden sus dromedarios blancos. Pero cuidado: esta celebración, que ha perdido su importancia, atrae también a falsos nómadas disfrazados para la ocasión... Los hombres azules, nómadas que viven apartados del mundo moderno, se han desplazado al interior de las tierras del sur y del este del país.

Judíos

La presencia de judíos en Marruecos se remonta al establecimiento de los fenicios en el norte de África. Desde el s. V al III a. C., participaron en el mercado del oro que se desarrolló tras la fundación de Cartago. Las inscripciones en las lápidas sepulcrales de las ruinas romanas, en hebreo en Volubilis y en griego en Salé, demuestran la presencia judía en el Marruecos romano.

Entre 1390 y 1492, miles de judíos (20.000 en 1492) que huían de España se instalaron en Marruecos, aumentando la importancia de la comunidad establecida en el país (aproximadamente 70.000 personas).

En 1956, la independencia impulsa el sentimiento de emancipación del judaísmo: el rey proclama la igualdad de los ciudadanos musulmanes y judíos. ­Sin embargo, el conflicto araboisraelí, surgido desde la creación del Estado de Israel en 1948, y el movimiento sionista pusieron fin a esta memorable convivencia. Entre 1948 y 1956, 92.000 judíos abandonaron las mellahs (barrios tradicionales judíos) para instalarse en Israel y en 1993 sólo quedaban 8.000 judíos en Marruecos. Sin embargo, los judíos siguen teniendo un fuerte vínculo con este país, que nunca renegó de ellos ni les expulsó.

Otras comunidades

Concentrada en las regiones desérticas, la población negra de Marruecos procede del África subsahariana (Ghana, Nigeria…), donde numerosos sultanes compraban esclavos.

Otra comunidad es la de los andalusíes que, perseguidos durante la Reconquista , se instalaron definitivamente en Marruecos, sobre todo en Rabat y Salé. Cuatro siglos después, los colonos españoles llegaron a las provincias del norte tras el tratado español del 27 de noviembre de 1912.

La comunidad europea , muy reducida tras la independencia del país, se reduce en la actualidad a unas 60.000 personas (80.000 en 1921, 500.000 en 1954), en su mayoría franceses.


Demografía galopante

La población marroquí pasó de 10 millones en la víspera de la independencia a 15 millones en 1975 hasta superar los 32,5 millones de habitantes en 2005. Este crecimiento demográfico incontrolado constituye la raíz de la mayoría de los problemas de Marruecos: éxodo rural, desempleo (aproximadamente 20% de la población activa), enseñanza deficiente a pesar de la creación de numerosos colegios en el campo (la tasa de analfabetismo es del orden del 39% en los hombres y el 64% en las mujeres), crisis de la vivienda, inmigración ilegal, etc.

Aunque la población rural (42% del total) sigue siendo muy prolífica, el índice medio de fecundidad está sensiblemente disminuyendo: pasó del 4 en 1995 al 2,7 en 2004, y se sitúa entre el de España (1,8) y el de la mayoría de los países del África subsahariana (entre 5 y 7). El fuerte crecimiento anual de la población (1,6%) es el resultado de la diferencia entre una natalidad aún fuerte (23‰ frente al 10,7‰ en España) y de un índice de mortalidad muy bajo (6‰ frente al 9‰), que se compensa parcialmente con la inmigración. Se deduce que la mitad de la población es menor de 20 años y que la esperanza de vida es relativamente alta (70 años frente a 80 en Francia). La densidad de población es aproximadamente de 66 habitantes por km² (sin tener en cuenta el Sahara occidental, prácticamente deshabitado), pero existen grandes disparidades entre las regiones.

Los grandes centros urbanos viven un crecimiento exponencial con todos los inconvenientes que esto supone. Según el censo de 2004, Casablanca cuenta con casi 3 millones de habitantes; Rabat-Salé, 1,5 millones; Fez, más de 1 millón; Tánger y sus suburbios albergan a 1,5 millones de personas (frente a 190.000 en 1975); las concentraciones de Agadir, Marrakech, Mequínez, Uchda y Safi se sitúan entre 300.000 y 800.000 habitantes. Las zonas de campo superpobladas (Rif, Alto Atlas, Antiatlas, etc.) envían a las ciudades importantes contingentes de jóvenes sin trabajo cada año que, a menudo, sólo encuentran empleos precarios y mal pagados que, a falta de alojamiento, malviven en chabolas. La emigración hacia Europa representa su única solución.

Religiones

El islam

Islam significa “impulso hacia Dios”. Dios es único: “sólo hay un Dios, Alá, y Mahoma es su profeta”, dice la profesión de fe musulmana. El Islam marroquí es suní de rito malekita (fundado por el imán Malik). La escuela de los malekitas enseña una lectura del Corán menos dogmática y literaria que otras ramas y acepta que se modifiquen las tradiciones desde el momento en que se oponen al bien común. En Marruecos, el Islam constituye una religión de estado y el rey Mohamed VI, descendiente del Profeta, es el comendador de los creyentes (Amir al-Mouminine) . Los marroquíes, musulmanes en su gran mayoría (99,95%), están muy unidos por el sentimiento de pertenencia a la comunidad de creyentes, la Umma .

Los orígenes

Mahoma nació hacia el año 570 en La Meca, en Arabia. Huérfano desde una temprana edad, rápidamente se dedicó a la organización de caravanas y posteriormente empezó a trabajar para la viuda Jadiya, una rica comerciante con la que se casó a los 25 años. En la gruta de Hira, donde se retiraba cada cierto tiempo para meditar, recibió sus primeras revelaciones (hacia el año 610): el arcángel Gabriel (Yibrail) le anunció que era el mensajero de Dios (rasûl) . En 613, Mahoma emprende su misión profética. Obligados a huir de la persecución de los mequenses politeístas, Mahoma y sus discípulos se refugiaron en Medina en 622. Esta emigración, la hégira (de hijra : exilio en árabe) marca el año 1 del calendario musulmán. El estado islámico (Dar al-Islâm) , que el Profeta fundó en esta ciudad, se convirtió en un modelo para todas las ciudades musulmanas que se fundarían después (medinas). En 624, la victoria de los seguidores de Alá frente a los mequenses durante la batalla de Badr significó la expansión del Islam a toda la península arábica. En el año 10 de la hégira, Mahoma instauró la peregrinación a La Meca (Hajj) y después regresó a Medina, donde murió el 13 rabi del año 11 de la hégira (el 8 de junio de 632).

El libro sagrado

El Islam se basa en un libro revelado, el Corán . La palabra procede de qur’an , infinitivo de qara’a , que significa “recitar” en árabe. Durante los veinte años de la revelación, Mahoma recitaba en cada Ramadán la totalidad de lo que le había sido transmitido hasta entonces; por esta razón, los musulmanes recitan el Corán durante las noches de este mes sagrado. Las revelaciones se presentan en forma de versículos (aleyas) reunidos en 114 capítulos o suras . Después del Corán, la suna o tradición es el segundo fundamento (asl) del Islam. Contenida en los hadiths (testimonios sobre la vida de Mahoma), relata las conversaciones del Profeta como guía de la comunidad y no como mensajero de la palabra divina. Para los musulmanes, estas palabras proceden de una serie de testigos que garantizan su autenticidad.

Los cinco pilares

Los pilares del Islam se basan en cinco obligaciones principales:

La profesión de fe (shahada) representa la adhesión al Islam y la obligación canónica más importante. Atestigua que “no hay más divinidad que Dios” y que “Mahoma es el enviado de Dios”. Aquel que pronuncie estas palabras se compromete definitivamente a ser musulmán y a pertenecer a la comunidad de creyentes (Umma) .

Tras haber realizado sus abluciones purificadoras, el creyente efectúa su oración (salat) cinco veces al día: al amanecer, a mediodía, hacia las 4 de la tarde, al anochecer y dos horas después. Mirando a La Meca, efectúan solos o en grupo una serie de inclinaciones mientras recitan versículos del Corán. Un almuecín convoca a la oración (adhan) desde lo alto del minarete. La oración del viernes (salât al-jumu’a) es colectiva. Los musulmanes acuden a la mezquita, donde el imán (sabio religioso) dirige la oración y desde su púlpito (mimbar) pronuncia una prédica. Este día también está dedicado a la caridad con los desheredados, a los que se ofrece limosna y alimentos, especialmente cuscús, el plato sagrado. En algunas regiones, las familias colocan la víspera cirios en una mezquita o en el mausoleo de un morabito.

El Ramadán se celebra el noveno mes del año lunar. Los musulmanes, a partir de la pubertad, ayunan desde el alba hasta la puesta de sol. Los enfermos, las mujeres embarazadas y aquellos que realizan un largo viaje están exentos. Se abstienen de comer, beber, fumar y mantener relaciones sexuales. Por la noche, familias y amigos se reúnen alrededor de multitud de platos en un ambiente de relajación y alegría. La noche del 26 al 27 de este mes, llamada “Noche del destino”, es la conmemoración de la revelación de la primera sura al profeta Mahoma.

El creyente debe demostrar su generosidad pagando la limosna legal (zakat) , una contribución en especies o dinero destinada a financiar las obras de beneficencia. En los dos versículos de una de las últimas suras se puede leer: “Pero el hombre se vuelve rebelde en cuanto se enriquece”. La avaricia aleja al creyente de Dios y la prodigalidad también se condena porque conlleva el empobrecimiento económico de la comunidad.

Todos los fieles deben realizar una peregrinación a La Meca (hadj) al menos una vez en su vida, siempre que dispongan de los medios necesarios. La peregrinación supone el perdón de todos los pecados. Además, se compone de numerosas oraciones y rituales, el más importante de los cuales consiste en dar siete veces la vuelta a la Kaba , un santuario cúbico situado en el patio de la mezquita que contiene la Piedra Negra que entregó el arcángel Gabriel a Abraham. Los musulmanes que han realizado esta peregrinación reciben el honorable título de hadj , que precederá a su nombre.

Además, el Islam establece determinadas prohibiciones : prohíbe las bebidas alcohólicas, la carne de cerdo y las carnes no desangradas. Aunque se practican, los juegos de azar y la usura también están prohibidos.

Fechas importantes de la vida religiosa

La vida civil está regida por el calendario gregoriano, pero la vida religiosa sigue el calendario musulmán, calculado de acuerdo a los 12 meses del año lunar. Cada mes comienza con la luna nueva y tiene, alternativamente, 29 ó 30 días. Un año lunar sólo tiene 355 días y, por lo tanto, se adelanta en unos diez días al año solar. El año 1 de la hégira comenzó el 16 de julio de 622.

El primer Muharram marca el Año Nuevo del calendario musulmán.

La Ashura se celebra el décimo día del mes de muharram en memoria del asesinato de Husein, nieto del Profeta.

El Mulud se corresponde con el cumpleaños del Profeta.

El Aid al-Fitr (o Aid es-Seghir) , el final del ayuno, se celebra el primer chaual , al día siguiente al fin del Ramadán.

El Aid el-Kebir , la “Gran Fiesta”, conmemora el sacrificio que se relata en el Corán y la Biblia según el cual Isaac, hijo de Abraham, escapó a la inmolación y fue sustituido por un carnero. Para conmemorar esta celebración, la comunidad musulmana ha instituido una fiesta a la que llaman “Fiesta del Carnero” (el 10 del mes de Dhû al-hijja ), durante la cual se sacrifica un animal en cada familia.

Una monarquía sacralizada

El rey es el comendador de los creyentes , título que legitima su función de monarca. Desciende de Alí, yerno del Profeta, de ahí el nombre de alauí que recibe la última dinastía. Sólo los descendientes directos del Profeta (chorfa) pueden ejercer el poder monárquico. Aunque el Islam proclama la igualdad de todos los musulmanes ante Dios, el título de jerife es una fuente de bendición (baraka) . Este don divino establece una relación de fidelidad entre el pueblo marroquí y su rey.

Aunque el Islam no tolera organizaciones jerárquicas poseedoras de un poder espiritual, hay un cuerpo de doctores de la ley musulmana, teólogos juristas que controlan la ortodoxia y la aplicación de la ley religiosa en relación con el poder estatal. La función de los ulemas es similar a la de los clérigos antes de la separación entre Iglesia y Estado en Francia. En el Islam clásico deben interpretar los textos sagrados, legitimar el poder establecido y proteger al país de las tensiones religiosas extremistas. En Marruecos, su papel se ha vuelto marginal y débil, aunque los ulemas siguen ocupando puestos importantes en el Estado y la sociedad civil. El imán es el dignatario que reza ante los fieles durante las oraciones colectivas. Representa la unidad de la comunidad, está integrado en el poder civil y religioso, al igual que el juez local, llamado cadí , el jurista y el teólogo.

Misticismo y supersticiones

Herencia de la cultura bereber preislámica, la superstición y la magia aún influyen sobre muchas personas y sus decisiones. Los marroquíes creen en la presencia de espíritus maléficos, los yins . La vanidad y el alarde de riquezas son escasas por el temor al “mal de ojo”, el maleficio que echa una mirada envidiosa o celosa. En las medinas, los videntes (shuaf) confeccionan recetas y pócimas mágicas para curar todo tipo de males: impotencia del marido, esterilidad, adulterio, soltería, etc.

Aunque el Islam ortodoxo las condena, estas prácticas se han arraigado en el culto a los santos que venera la religión llamada popular. Este culto se manifiesta en la veneración de un morabito (o wali : amigo de Dios), intercesor entre Dios y los creyentes. Para que se cumplan sus deseos, los fieles se reúnen en la tumba del santo (kubba) y hacen una peregrinación (“moussem”) . Marruecos cuenta con varios miles de santos, locales, regionales y nacionales. Algunos atraen a multitud de peregrinos de todo el Magreb (Mulay Abdalá Acharif, en Uezán), o del norte de África (Sidi Ahmed Tijani, en Fez). El santo más famoso es Mulay Idris , que descansa en la ciudad que lleva su nombre, fundador en 789 de Fez, la primera ciudad islámica del país.

En el seno de las cofradías místicas , numerosas en Fez, se vive el respeto y la devoción por ciertas personalidades religiosas. Las cofradías se reúnen en un santuario o zagüía ; el lugar de encuentro puede ser un colegio, una mezquita o la tumba de un santo. Cada cofradía está dirigida por un maestro (sheik) . Directamente inspirada en los preceptos del sufismo , esta vía espiritual (tariqa) defiende la primacía del más allá frente a los bienes terrenales y la desaparición del hombre ante la divinidad. Para conseguirlo, realizan ejercicios espirituales basados en el dhikr (llamadas e invocaciones a Dios). Se trata de ejercicios colectivos que pueden unirse a danzas cuyo ritmo a sacudidas y repetitivo lleva a un estado de trance.

Judaísmo

Los judíos marroquíes son ciudadanos de pleno derecho, con derecho de sufragio pasivo y activo, pero además el Estado marroquí ha establecido para ellos un espacio jurídico conforme a los preceptos del judaísmo. En cuanto a su situación personal, los judíos se rigen por la leymosaica ”, lo que significa que pueden ser juzgados por cámaras rabínicas ante tribunales regulares para todo lo relacionado con el matrimonio, las herencias y los derechos del menor. Las autoridades religiosas y comunitarias garantizan la alimentación kósher (carne y vino) que, a cambio, pagan al Estado impuestos específicos. La comunidad judía de Marruecos sólo cuenta con unos 5.000 fieles, en su mayoría habitantes de Casablanca . La mayoría de los judíos marroquíes emigraron a Israel, donde son 800.000, además de a Francia, España y Canadá. Cada año, expatriados procedentes del mundo entero se reúnen alrededor de tumbas de santos (situadas en Uezán, Essaouira, Taroudant…) para celebrar la “ hilula ”, versión judía del “moussem” que recuerda los fastos del pasado y conmemora la vinculación a la tierra de los antepasados.

Vida cotidiana

Siéntese en una terraza de un café en Rabat o en Casablanca; observará teléfonos móviles, jóvenes vestidos al estilo occidental y edificios modernos propiedad de empresas internacionales. A dos horas en coche de las grandes ciudades, en las mesetas, en el fondo de los valles y en la montaña, descubrirá auténticos pueblos de barro, a veces sin electricidad, y se cruzará con niños a lomos de un asno que van al pozo a por agua. Incluso, si se aventura un poco, verá tiendas nómadas.

Marruecos no se resume únicamente en el contraste entre la vida urbana y la vida rural. Constituye el resultado de una alianza cotidiana, incluso dentro de las ciudades, entre la tradición (el ambiente de las medinas, los oficios ancestrales o las fiestas folclóricas) y una forma de vida occidentalizada. Un país en transformación donde las mujeres intentan, desde hace poco, hacer valer sus derechos.

Retratos de familia

He aquí una serie de retratos de marroquíes con estilos de vida muy diferentes.

Anfa, barrio elegante de Casablanca

Construidas por famosos arquitectos, las villas y sus floridos jardines bordean las calles sembradas de palmeras en la colina de Anfa. Allí habita la familia Sakki.

El padre, Rachid, tiene 56 años; trabaja como ingeniero en la fábrica Électricité Maghreb, situada en Ain Sebâa, a las afueras de la ciudad. Su familia, como otras muchas, se enriqueció tras la independencia al comprar terrenos a precios muy bajos a los franceses que dejaban Marruecos. Todos los días Rachid va en su Mercedes a la empresa familiar, donde también trabajan sus dos hermanos. Come allí y no vuelve a casa hasta entrada la noche, cansado y feliz de reunirse con su mujer, Hind, y dos de sus hijos (17 y 15 años) que aún viven con ellos. Los niños van al colegio en el Liceo Lyautey I, dirigido por la misión francesa.

Hind tiene 45 años y no trabaja. Gracias a la ayuda de sus dos empleadas domésticas y de su chófer dispone de mucho tiempo. Dedica sus días a los niños, el mercado, las compras y las partidas de cartas con otras mujeres. Cuando le apetece, hace deporte en el Miami Club o se relaja en el Sun Beach, los puntos de encuentro más exclusivos. Pero su ocupación favorita es la decoración de su casa. Y con razón: con sus dos salones europeos, un salón marroquí para invitados, un bayt el-seghir (salita) para la familia, una biblioteca, un comedor, dos cocinas, un vestidor y cinco dormitorios en el primer piso, siempre hay algo que cambiar. Este año están de moda el rojo fresa y el amarillo. Este invierno, Hind visitará París, como todas sus amigas, para darse una vuelta por las tiendas de decoración de Saint-Germain-des-Prés. Además, aprovechará para hacerse un chequeo médico y visitar a su hija mayor, Kenza, estudiante en una escuela de comercio en Neuilly-sur-Seine.

En un modesto barrio de Rabat

Faiçal y Huria Hamidas viven con sus dos hijos de 8 y 6 años en un barrio muy modesto, rodeado de enormes edificios, a las afueras de Rabat. En los balcones, comidos por el óxido, están tendidas sus coloridas ropas, sus sábanas y sus delgadas alfombras. No disponen de los medios suficientes para tener agua caliente y, en ocasiones, ni siquiera electricidad. Huria es cajera en Correos, donde trabaja cinco días a la semana, de 9 a 18 h, por un salario mísero. El fin de semana va al mercado, amasa pan, teje, cose, limpia la casa, se ocupa de sus hijos y, a veces, visita a su familia. En cuanto a Faiçal, trabaja en una gasolinera; entra a las 5 de la mañana y no vuelve hasta las 8 de la tarde. Sólo libra un día a la semana. Los niños van al colegio público, las clases son en árabe. El piso de los Hamidas está en la planta baja de un edificio. Una suerte, porque los niños pueden salir y jugar en el patio sin problemas. Contra las paredes del salón se pueden ver colchones recubiertos de terciopelo que sirven de sofá. En el centro destaca una mesa redonda tradicional de madera de tuya que Faiçal trajo de Marrakech. Sobre la televisión aparecen delicadamente colocados un pequeño jarrón de cristal, tapetes de encaje y fotos de la familia. Algunos cuadros adornan las paredes, carcomidas por la humedad: un versículo del Corán que Faiçal compró durante su peregrinaje a La Meca, un retrato del rey Hasan II y reproducciones de bosques. Los padres y sus hijos comparten las dos pequeñas habitaciones amuebladas con colchones y un viejo armario ropero de madera. Las jornadas son agotadoras, pero Faiçal y Huria no se quejan. No les falta comida (los viernes, la familia come carne de cordero), los niños se portan bien y Alá les protege cada día.

El Alto Atlas, en casa de los Asilah

Los Asilah viven en el valle de Ait Bouguemez, a pocos kilómetros del pueblo de Azilal. Las casas, de piedra o barrio cocido, se encuentran al borde de caminos pedregosos. La vivienda de los Asilah, muy antigua, se encuentra en plena naturaleza. Su imponente puerta de madera maciza se abre al silencio y la oscuridad. Apenas algunos hilos de luz se cuelan a través de las rejas de hierro forjado de las ventanas. La planta baja alberga a los animales grandes, la habitación de arriba a las ovejas y corderos. La familia vive en el primer piso para poder aprovechar el calor de los animales. Alrededor del patio hay una cocina, un granero y tres habitaciones. La habitación de invitados (en bereber, tamesrit ), la más bonita, está totalmente cubierta de alfombras de lana de colores rojo y amarillo sobre las cuales hay cojines y una mesa redonda con un juego de té y un ramo de rosas. Los Asilah tienen cuatro hijos: una hija de 13 años, dos niños de 10 y 8 años y un bebé. Sólo los niños van al colegio, la niña trabaja con su madre. El orden y la disciplina son fundamentales, como muestran los zapatos alineados en el pasillo.

Es invierno. Una tormenta de nieve ruge en todo el valle. Los habitantes repiten gestos ancestrales: los hombres cortan la madera que transportan las mujeres y los niños. El resto del tiempo se dedica al trabajo de la lana. Los hombres la cardan y las mujeres la tejen en forma de mantas blancas (ghta) y alfombras (zerbia) . En sus rostros, la calma se asemeja a la nostalgia, los cuerpos se encorvan con dignidad. Mañana, los hombres se irán a lomos de sus mulas y pasarán todo el día fuera. Venderán sus mercancías en el zoco y comprarán aceite, azúcar, especias y té.

El hábitat

El hábitat musulmán refleja un “principio de intimidad”: las viviendas antiguas son espacios cerrados que no se pueden ver desde la calle. Sin embargo, la modernidad elimina a veces esta regla sagrada: en los nuevos barrios urbanos, la casa representa un símbolo exterior de riqueza. La mayoría de las grandes ciudades de Marruecos se dividen en varias partes: la medina, la ciudad nueva y el barrio residencial.

En la medina

El concepto de medina, armónico y ordenado, proviene de la primera comunidad musulmana fundada en Medina por el profeta Mahoma y refleja la idea de que todos los creyentes participan en el equilibrio de la sociedad.

En ella descubrirá el estilo de vida tradicional. La vida familiar se desarrolla tras los altos muros que bordean un laberinto de callejuelas, mientras que la vida social tiene por escenario la calle, el hamam y el mercado. En el corazón de los barrios, la mezquita sigue representando la omnipresencia de lo sagrado en la vida cotidiana.

El plano de la casa tradicional (dar) obedece a una organización social y familiar de naturaleza patriarcal. Desde la calle sólo podrá ver paredes altas con pequeñas ventanas con rejas. A través de una pesada puerta de madera se accede a un vestíbulo en zigzag (skiffa) que conduce a un patio (wast ad-dar) con un ambiente refrescante gracias al chorro de agua que surge del estanque central. En la actualidad, muchos patios se han convertido en jardines (riad) . En ellos se mezclan los olores de los naranjos y las buganvillas, y entre sus paredes cubiertas de zelijes suelen reunirse los miembros de la familia y el servicio. A su alrededor, las habitaciones (bayt) están amuebladas con objetos que pueden trasladarse fácilmente: alfombras, cojines, esteras, cofres, etc. Los palacios, a menudo inmensos, fascinan por la riqueza de su decoración: columnas de mármol adornadas con yeso esculpido, vidrieras de colores, fuentes de zelijes, capiteles esculpidos, arañas de bronce...

En la ciudad moderna

Los primeros edificios modernos se construyeron bajo el protectorado francés. Para conservar el patrimonio marroquí, las ciudades modernas se desarrollaron fuera de las medinas en forma de damero y están atravesadas por largas avenidas. Un eje central agrupa los edificios públicos: residencia general y ministerios en Rabat, bancos, correos, estaciones, etc. Los edificios con fachadas monumentales simbolizan el poder occidental. La arquitectura de las casas destinadas a la comunidad europea presenta estilos variados, desde el modernista hasta una mezcla de géneros heteróclita y fantasiosa.

Hacia 1950, la población rural perdió sus tierras (numerosos terrenos de cultivo fueron distribuidos entre los europeos) y tuvo que instalarse en viviendas precarias y chabolas construidas en las afueras de las ciudades. Las escasas viviendas destinadas a los autóctonos, como en el barrio de los Habous en Casablanca y en la Marsa de Rabat, se inspiran en la arquitectura tradicional de las medinas. Tras la independencia de Marruecos, la emigración masiva de los habitantes de la medina hacia la ciudad nueva dio lugar a la creación de nuevos barrios en las afueras de las ciudades: tanto urbanizaciones de chalets y edificios modernos para directivos y funcionarios, como alojamientos clandestinos a menudo sin agua ni electricidad.

Las regiones del centro y del sur

A base de piedra seca o de tierra cruda extraída a ras del suelo, la arquitectura bereber se funde con el paisaje y se adapta al clima. Su carácter masivo y austero, debido a su origen defensivo, refleja una vida colectiva organizada alrededor de aldeas, pueblos y granjas. Una de las construcciones bereberes más antiguas es el agadir o tirhremt , palabras que significan “granero” en bereber. Originario de la época romana, se trata de una imponente torre atravesada por troneras y enmarcada en ocasiones por torretas almenadas. Inspirados en el agadir , las kasbas y los ksour dominan los valles y los oasis del sur marroquí. Las kasbas son fortalezas que alojan a un jefe y a los miembros de su tribu. Las más características se encuentran en el pueblo de Ait-Benhaddou, situado al oeste del Alto Atlas , y en el valle del Dades llamado “valle de las Mil Kasbas”. Predominante en los valles del Todra y del Drâa, el ksar ( ksour en plural) es un alcázar o palacio construido completamente con adobe. Los motivos que adornan sus torres y bastiones sirven como protección del mal de ojo.

En el Alto Atlas

En su origen, la tienda nómada (jaima) era utilizada por los mercaderes y nómadas del desierto que tanto inspiraron a los orientalistas del s. XIX. Hoy sólo la utilizan las tribus nómadas del Alto Atlas que trashuman con sus rebaños, y los “hombres azules” del extremo sur. El tejado está formado por un toldo de estrechas tiras (flij) de pelo de cabra o de camello tejidas por las mujeres y cosidas entre sí. El interior está dividido en dos espacios: la zona reservada a los hombres y los invitados está delimitada por una estera (amessu) de fibras vegetales; la de mujeres y niños está amueblada con una cama, un bastidor y un molino de grano. Por el suelo se esparcen hierbas que atraen la protección divina.

Fragmentos de vida

Únase a los marroquíes en todos estos lugares llenos de vida.

En los zocos de las ciudades

Los zocos albergan todas las actividades artesanales y comerciales. Peatones, arrieros, ciclistas y motociclistas circulan febrilmente por las callejuelas, saturadas por productos de infinidad de sabores y colores. A la sombra de los techos de caña, los artesanos, de pie o sentados sobre una pequeña estera, se concentran en su trabajo. Los diferentes oficios se agrupan por barrios en puestos sumamente modestos: los zocos de alfareros, caldereros, tintoreros, tapiceros, ebanistas, marroquineros, tenderos, etc. La alcaicería (del latín Caesareum : mercado “del César”) despliega abundantes brocados, sedas, pasamanerías y prendas de vestir. Los funduqs , una especie de caravanserrallos que antaño servían de posada a las caravanas de paso y estaban compuestos de caballerizas y almacenes, ya sólo sirven para guardar la mercancía.

En los zocos del campo

En función de las regiones, los zocos rurales pueden congregar entre 200 y 20.000 personas. Es semanal y recibe su nombre del día en que se celebre: por ejemplo tnite es el zoco del lunes, jemis del jueves, etc. Se suele elegir como ubicación un cruce, a veces en un lugar santo, para que sea accesible a los habitantes de la región. Campesinos, comerciantes y artesanos se reúnen en este mercado gigante que, con calles, barrios y distracciones, parece una efímera ciudad. Los hombres llegan temprano por la mañana a lomos de sus asnos o mulas, cargados de cestas que contienen los frutos de sus cosechas. En el zoco los venden o los intercambian por productos manufacturados como té, aceite, especias o utensilios de cocina.

Vestidos con albornoces, el zurrón bordado en bandolera, los bereberes se reencuentran con ilusión y, además de saludos, intercambian las últimas noticias de sus pueblos. Se instalan en las cantinas instaladas bajo las tiendas para conversar mientras beben té y escuchan a los músicos ambulantes. El zoco cuenta con numerosos servicios: zapatería, costura, forja, tejido, peluquería, fotografía, escribanos, sacamuelas, cuidados, amuletos... Cuando el zoco se celebra en una ciudad pequeña, también brinda la ocasión de arreglar los asuntos administrativos (justicia, correos y estado civil).

En el café

El café tradicional está reservado a los hombres, que van a disfrutar de un té a la menta o de un café acompañado de un vaso de agua, a intercambiar historias, a saborear en silencio el frescor de la brisa, a seguir con la mirada las siluetas femeninas o a discutir asuntos de negocios. En las grandes ciudades como Rabat o Casablanca, los salones de té modernos acogen una clientela mixta o de mujeres solas.

En el hamam

Herencia de los baños romanos, el hamam fue introducido en la civilización magrebí por los omeyas procedentes de Siria. Normalmente está reservado a las mujeres durante el día y a los hombres por la noche, pero en las grandes ciudades el hamam está dividido en dos zonas contiguas, una para hombres y otra para mujeres. Los marroquíes llevan una maleta o una bolsa de deporte donde colocan los objetos necesarios para su comodidad durante ese momento privilegiado: varias toallas (para el cuerpo y el cabello); una tela de algodón para cubrirse o para tumbarse sobre el jergón; unas chanclas de plástico; un guante de tejido rugoso y, por supuesto, una pastilla de jabón, un cepillo y champú. Las mujeres utilizan henna para el cabello y arcilla como mascarilla para el cuerpo. El hamam está formado por una serie de salas. La primera es un vestuario (el-guelsa) ; después se encuentran las tres salas principales: una fría (bayt el-bared) , una tibia (bayt el-wastani) y una caliente (bayt esjoun) para la sudoración. Un ritual ancestral acompaña el momento de relajación y purificación: comience con un baño de vapor muy caliente, después échese agua helada con un cubo de plástico y, finalmente, póngase en las enérgicas manos de un masajista que, con un guante de crin o de otro material rígido, le frotará todo el cuerpo.

Grandes momentos de la vida

Desde la cuna hasta la tumba, las grandes etapas de la vida son objeto de celebraciones importantes.

Nacimiento

En el campo, todas las mujeres de la familia asisten a la madre que da a luz. Ellas limpian y visten al recién nacido, mientras que la abuela coloca henna en la mano derecha del bebé y le pone un amuleto para alejar a los malos espíritus (yins) . En la ciudad, estas antiguas costumbres se han sustituido por otras que crean un ambiente más festivo. La ceremonia ritual comienza la mañana del séptimo día después del nacimiento. Sacrifican un cordero, derramando la sangre por la tierra en dirección La Meca, y después proceden a la lectura de versículos coránicos. Cuando le dan un nombre al niño, las mujeres cantan a la gloria del profeta Mahoma. A menudo utilizan los servicios de deqqaqa , músicos que tocan enormes trompas y panderetas. Por la noche, los allegados se reúnen y colman de regalos a la madre y al niño.

Circuncisión

Común ya en el antiguo Egipto, los coptos, los judíos y los musulmanes practican la escisión del prepucio. Para estos últimos, la circuncisión simboliza la pertenencia a la comunidad (Umma) y el acceso a la virilidad. La realiza un médico o, en algunas zonas rurales y barrios populares, un barbero. En general, se lleva a cabo cuando el niño tiene entre dos meses y cinco años. La ceremonia es el marco de una serie de rituales que aún persisten en los ambientes rurales. Para proteger al niño del mal de ojo, se anuda a su puño un talismán cubierto de tela blanca o negra. La madre se envuelve en una sábana blanca y se unta los pies de henna. El día de la circuncisión, coloca el pie derecho en un balde (qas’a) lleno de agua y sujeta un junco con una mano y un espejo con la otra. La inmovilidad total en la que se realiza este acto simboliza la protección maternal. Durante la operación, los gritos del circuncidado son ahogados por los estridentes chillidos y los cantos de las mujeres. Después, llevan al niño, vestido con un traje tradicional (pantalón ancho de algodón blanco ceñido por debajo de la rodilla –serwal– , chaleco de terciopelo verde y fez verde bordado en oro), a la cama de la convalecencia. Durante una semana recibe cuidados de las mujeres, así como golosinas y monedas para recompensarle por su valentía.

Matrimonio

La gran reforma de la Moudawana (Código del estatuto personal), que entró en vigor en febrero de 2004, tuvo repercusiones considerables sobre el matrimonio. Liberadas de la tutela masculina, las mujeres tienen desde entonces (prácticamente) los mismos derechos que su marido. La edad legal para casarse pasa de los 15 a los 18 años para las mujeres, edad que ya se aplicaba a los hombres. Ya no pueden ser sometidas a matrimonios forzados, ni a repudios arbitrarios, y pueden prohibir la poligamia a sus maridos. Ya no le deben obediencia a su esposo y pueden incluso solicitar el divorcio, especialmente en caso de malos tratos. Además, la nueva ley garantiza la igualdad de los derechos y deberes de los cónyuges en lo que se refiere a sus hijos. En caso de divorcio, la madre tiene prioridad para obtener la custodia de los hijos.

Tanto en la ciudad como en el entorno rural, la ceremonia es muy importante y sigue ritos tradicionales. En primer lugar, los clérigos testamentarios escriben el acta de matrimonial (adoul) , en presencia del novio y del padre de la novia. Además de la dote que corresponde al marido, su familia ofrece regalos. La futura esposa, vestida como una princesa, adopta una postura hierática. Sus gestos y palabras deben ser pudorosas; no exhiben la felicidad, sólo la reflejan. La fiesta resulta espectacular.

Muerte

Conforme a las recomendaciones del Profeta (suna) , se lava al difunto el mismo día del fallecimiento y se debe celebrar el entierro cuanto antes, durante una de las cinco oraciones. El fallecido yace sobre una tabla de madera, envuelto en un sudario blanco y perfumado con colonia de azahar e incienso. A continuación, le trasladan a una habitación sin muebles donde los miembros de su familia le rinden un último homenaje. La casa se limpia de arriba abajo antes de que lleguen los allegados. Los hombres y las mujeres se sientan por separado. No se sirve comida; sólo hay jarras o botellas de agua sobre bandejas. Algunas familias llegan a retirar todo “signo de vida”: quitan las colchas que cubren los colchones, bajan las persianas y envuelven con tela la televisión, los espejos y los objetos de decoración. Tras la lectura del Corán (talba) , un cortejo masculino acompaña al difunto al cementerio. Una vez recitada la oración colectiva, se entierra el cuerpo orientado hacia La Meca. Durante los dos primeros días tras el fallecimiento, la familia no cocina; los parientes les preparan la comida y se la envían a su casa. El tercero y el cuarto día, que marcan el fin del duelo, se dedican a la lectura del Corán y a la preparación del cuscús, una tercera parte del cual se distribuye entre los pobres. Los tres viernes siguientes al día del fallecimiento, los hombres y las mujeres de la familia se reúnen alrededor de la tumba por separado. Durante cuatro meses y diez días, la viuda debe vestirse de blanco y no puede volver a casarse.

Situación de las mujeres

Desde la entrada en vigor de la nueva Moudawana (Código del estatuto personal) en febrero de 2004, la situación de la mujer ha experimentado una transformación asombrosa. No obstante, llevará tiempo liberarse del peso de la tradición, sobre todo en las zonas rurales y en las clases sociales más desfavorecidas.

Diferencia entre campo y ciudad

En la ciudad, las mujeres representan un cuarto de la población activa, especialmente en los sectores de la banca, la administración, la enseñanza y la industria. Por el contrario, en el entorno rural la mayoría de las mujeres siguen siendo analfabetas. Relegadas a las tareas domésticas y consagradas a un trabajo agrícola y artesanal ingente (cosecha, tejido, alfarería), son sumamente activas y dan vida a los pueblos, pero rara vez están escolarizadas.

La emancipación de la mujer

Gracias a su tenacidad, las marroquíes han conseguido poco a poco promover la igualdad de género en el trabajo. Sin embargo, tuvieron que esperar hasta febrero de 2004 y a la gran reforma de Mohamed VI para que su estatuto jurídico alcanzase el nivel de igualdad y justicia adecuado en la sociedad marroquí. La Moudawana prohibía hasta entonces que las mujeres se casaran, se divorciaran o hicieran determinadas cosas (por ejemplo, viajar) sin el consentimiento de su padre o, una vez casadas, de su marido. Éste podía repudiarlas en cualquier momento, mientras que ellas sólo podían solicitar el divorcio en casos muy concretos definidos en el Código del estatuto personal. En caso de herencia, las mujeres recibían la mitad que los hombres. Los hermanos también poseían cierta influencia y tenían el derecho de vigilar tanto el comportamiento, como la vida de sus hermanas. El nuevo Código abolió todas las prerrogativas masculinas, reconociendo por fin a las mujeres como ciudadanas de pleno derecho e iguales a los hombres.

Sistema educativo

El colegio es obligatorio a partir de los seis años y durante seis cursos. No obstante, esta medida no siempre se respeta, especialmente en el entorno rural y en el caso de las niñas, que suelen quedarse a trabajar en el campo o en casa.

Hoy día, el Gobierno intenta subsanar el retraso del sistema educativo marroquí. Teóricamente, se imponen sanciones de entre 1.000 y 5.000 MAD a los padres que no inscriben a su hijo en el colegio cuando cumple la edad obligatoria. La tasa de analfabetismo es realmente elevada: un 48% de media, y todavía más en el campo y en el caso de las mujeres (64%). El Gobierno ha decidido atajar el problema con el lanzamiento, en mayo de 2003, de un ambicioso programa llamado la “ Marcha hacia la luz ”. Los objetivos son inapelables: reducción de la tasa de alfabetización del 48% en 2003 al 20% en 2010 y al 0% en 2015; además, obligatoriedad del colegio para todos en 2010.

Los niños de 3 a 6 años pueden seguir una enseñanza preescolar. La primaria desemboca en la chahada (certificado de entrada en 6o) o en la formación profesional. La enseñanza secundaria dura siete años y finaliza con el equivalente a la selectividad.

Ropa

Dado que se libró de la ocupación otomana y que su colonización no se produjo hasta el s. XX, Marruecos ha podido conservar su indumentaria característica. En algunas zonas rurales, ¡los trajes apenas han cambiado desde hace siglos! Por el contrario, en las ciudades la indumentaria ha evolucionado. Las costumbres urbanas se distinguen claramente de las rurales, que varían en función de la etnia o de la región.

En la ciudad

En las grandes ciudades, cada vez más jóvenes, tanto chicos como chicas, se visten “a la europea”, aunque se conservan algunos trajes tradicionales. Tanto hombres como mujeres suelen vestirse con chilabas , largas batas de calle con capucha. Desde que las mujeres empezaron a utilizarlas en los años treinta, las chilabas no han dejado de transformarse. Las amplias capuchas se han estrechado, y la lana y el paño han dejado paso en ocasiones a materiales sintéticos muy coloridos y bordados. La chilaba se lleva por la calle, en los lugares santos y durante el duelo o determinadas fiestas. Aunque cada vez se utiliza menos el haik , un vestido femenino de lana fina o de tela que oculta todo el cuerpo y el rostro, persiste en la región de Essaouira. En las ciudades, los hombres se cubren con capas blancas de lana o fieltro ( selhame o ghensa ). Cuando están en casa o van a una fiesta, prefieren utilizar el caftán (palabra derivada de “coraza” en persa). De origen turco, fue introducido en Marruecos en el s. VII. Hasta el s. XIX era la vestimenta que utilizaban normalmente en casa. El caftán masculino, de paño liso adornado con pasamanería, ya no es más que un recuerdo. Sin embargo, el femenino se ha transformado y embellecido sin cesar a lo largo de los siglos. Varía desde un paño recubierto de una tela transparente ( fouqiya : por encima) hasta la seda lujosa, desde un simple traje de estar por casa hasta un magnífico traje de fiesta. Cada ciudad tiene su propio tipo de caftán. En Fez , los más hermosos son de seda lamé o de plata, con mangas muy anchas y cinturones de brocado con motivos florales o geométricos (hizam) . Como homenaje a Andalucía, en Rabat y Salé se ha optado por terciopelos rojos y azules adornados de pasamanería y de galones de oro. En Tetuán , marcado por la influencia turca y andaluza, se encuentran suntuosos caftanes de terciopelo o seda muy ceñidos al talle y conjuntados con un chaleco adornado con trencillas. Por último, no debemos olvidar los caftanes judíos que tanto inspiraron a Eugène Delacroix, aunque tiendan a la desaparición. Estos “grandes trajes” (el-kessua el-kebira) se componen de mangas de vuelo (kmamat) y una falda amplia adornada con galones de oro, así como una pechera y un chaleco bordados con hilos de oro.

En el campo, las montañas y el desierto

En las zonas rurales , en períodos de mucho frío, los hombres llevan capas de lana. Existen varios tipos: aslham , completamente blanca; burnus , con capucha; ajidus , gris con pelo de cabra; aznar , negra, y ajnif , negra también, pero con una banda amarilla bordada y una capucha. En el Medio Atlas y el Alto Atlas , las mujeres se cubren con una hendira , una capa de forma rectangular a veces bordada con algodón.

El junt es el majestuoso tejido azul índigo que cubre a los hombres del Antiatlas y de las zonas subsaharianas , entre ellos a los famosos “hombres azules”. Estos últimos añaden un turbante azul y negro que también cubre la parte inferior de su rostro y su cuello (sólo deja ver los ojos) para protegerse de las tormentas de arena.

En los oasis (valle del Drâa , Tafilalt ), las mujeres se cubren con un tejido negro que, por lo general, también oculta su rostro. En el valle del Dades y en la región del Ziz , los trajes han evolucionado un poco: a los negros de los drapeados se han añadido colores muy vivos: amarillo, rojo, naranja, violeta y verde.

Las mujeres del Rif se pueden reconocer fácilmente gracias a su futa , una amplia tela blanca con rayas rojas y a veces azules anudada alrededor de las caderas, y a su gran sombrero de paja adornado con cordones y pompones azules.

Los zapatos

Las famosas babuchas (belgha) son los zapatos tradicionales y se implantaron en Marruecos y Andalucía durante la época almohade. Suelen ser de cuero o ante, y las de las mujeres están bordadas con hilos de oro o algodón de colores.

Los tocados

Al contrario de lo que ocurre en otros países musulmanes, en Marruecos no resulta frecuente encontrar a mujeres cubiertas completamente por el velo. Sin embargo, muchas de ellas se cubren el cabello, el cuello y, en ocasiones, la parte inferior del rostro con chales de seda ( abruq o sebniya ) o con un pañuelo, el litham , cuya versión contemporánea es el qfib . El tocado indica a veces el estado civil de la mujer. En Imilchil, durante el “moussem” de los novios, la forma del pañuelo indica al hombre si está en tratos con una soltera, una mujer casada o divorciada. Los hombres también se cubren la cabeza con diferentes turbantes o gorros: la aimama , un gran turbante de colores, la razza , un turbante de algodón blanco y la chechia (bonete o fez).

Joyas

La fabricación de joyas, que utiliza técnicas seculares, fue durante mucho tiempo oficio exclusivo de los artesanos judíos, concentrados en los barrios tradicionales (mellah) . Las joyas son creadas y regaladas por el hombre, aunque pensadas sólo para las mujeres. Ya vivan en la ciudad o el campo, las marroquíes adoran las joyas robustas y profusamente trabajadas.

Joyas rurales

La mayoría de las joyas rurales son de plata . Pueden tener pedrería o esmaltes (niel o esmalte negro) incrustados y estar adornadas con coral, monedas, cuerno o ámbar. Se pueden encontrar pendientes (por ejemplo, grandes aros unidos por una cadena), pulseras, anillos, tobilleras, fíbulas (broches para sujetar telas) y diademas (taj) . Hay dos técnicas de fabricación: el metal, una vez caliente, se cuela en un molde o se corta directamente. Aunque tiende a desaparecer, la filigrana aún se practica en Essaouira y Tiznit. En el Medio Atlas, algunas mujeres llevan un serdal en la frente, una banda de la lana o seda adornada con monedas de plata y coral. En la frontera con Mauritania, los artesanos perpetúan técnicas ancestrales: funden la plata en crisoles de arcilla o piedras talladas.

Joyas urbanas

Las joyas urbanas son de oro o, menos frecuente, de plata bañada en oro. Desde la diadema hasta el brazalete, normalmente están decoradas con motivos florales estilizados, los arabescos , al estilo de las joyas bizantinas. Algunas tienen pedrería incrustada: rubíes, granates, esmeraldas o perlas. Antaño fabricadas en los barrios judíos, hoy son la especialidad del gremio de los orfebres. Sin duda alguna, las joyas de ciudad más hermosa, por su delicadeza y belleza, son el lebba (collar de oro y piedras preciosas) y el cinturón de las novias. La “ mano de Fátima(jamsa) , un colgante de oro o plata que aleja el mal de ojo, se vende en todas partes.

Artesanía

La artesanía marroquí atrae a los occidentales por su variedad y elegancia. En 1999, el éxito de las diferentes celebraciones relacionadas con el “Año de Marruecos en Francia” permitió a los visitantes conocer mejor su rica artesanía. Desde la alfarería hasta la marroquinería, pasando por los bordados y las alfombras, las obras se realizan utilizando técnicas ancestrales que varían en función de la región y la ciudad. Pueden ser de influencia bereber (motivos geométricos) o árabe (motivos florales y arabescos).

Alfarería y cerámica

La alfarería bereber - De tierra blanca o roja, tiene incisiones o troquelados y está pintada de negro o rojo. En Taroudant está cubierta por un barniz marrón y en Tamegroute, verde. Los diferentes motivos que la decoran y que se pueden encontrar en los dibujos de henna están cargados de simbolismo (el rombo del nomadismo, por ejemplo, representa los cuatro puntos cardinales). Las mujeres modelan la cerámica a mano, mientras que los hombres utilizan un torno de pie. Cocidas sobre hogueras de leña, las piezas obtenidas (platos, boles, vasijas, cántaros, marmitas...) se destinan principalmente al uso doméstico. Las formas y el tipo de decoración varían en función de las regiones. En el Rif , la cerámica es de color ocre y está adornada con dibujos negros. En el Medio Atlas y en la zona sahariana son de un tamaño imponente.

La cerámica urbana - Propia de ciudades antiguas como Fez o Salé, se remonta al s. X u XI. Sobria y depurada, su decoración mezcla elementos florales de origen persa y español con inscripciones cúficas y motivos geométricos. La superficie nunca está cubierta por completo. Su fondo de esmalte blanco se mezcla con dibujos amarillos, verdes o azules, a veces delimitados por marrón manganeso. En el s. XVIII, los artesanos de Fez crearon una nueva loza cuyos motivos sobrecargados siempre son azules: se trata del famoso azul cobalto, llamado comúnmente “ azul de Fez ”. Utilizando los conocimientos procedentes de Fez, la ciudad de Safi optó por motivos abundantes y coloridos e introdujo la cerámica de lujo. Existen todo tipo de objetos de cerámica, cada uno con una función precisa: el berrada es una alcarraza que permite conservar el agua fría; el duaia , un tintero que utilizan los escribanos públicos; el gueluch , un pequeño recipiente para la miel; el halab , una botella para la leche; el mboja , un pebetero, etc. Aunque la reciente introducción de hornos de ladrillo y tornos de pie en los talleres ha permitido aumentar la producción y disminuir los “defectos de fabricación”, la decoración sigue siendo artesanal.

Artesanía del metal

El trabajo del cobre y bronce - Los principales talleres (Seffarine) se encuentran en las medinas de Fez y Marrakech . El arte del cobre y del bronce , que emplea técnicas ancestrales, requiere una habilidad y una paciencia rigurosas. El metal se graba con buril y se cincela con escoplo. En los puestos de artesanos se amontonan los objetos de cobre rojo o amarillo: bandejas, hervidores, pebeteros, candelabros, cajas de té... Los grandes farolillos de cristal de colores que proyectan hermosos rayos de luz azules, rojos, amarillos o verdes están destinados a los patios de las casas tradicionales. Los grandes recipientes, como las marmitas o las cubas para los hamams, no se decoran.

La forja - No tendrá problemas para encontrar los zocos de los herreros (heddadine) : los golpes de martillo que allí resuenan lo anuncian desde muy lejos. Quitando las arañas y los farolillos, las piezas fabricadas están destinadas a la seguridad de la casa: rejas para las ventanas, llaves, cerraduras, clavos para las aldabas de las puertas, pernios, etc. La compra de objetos de hierro, al igual que su producción, es feudo exclusivo de los hombres.

Las armas - Se trata sobre todo de objetos de colección o de gala que se exhiben durante las algaradas. Sin embargo, los artesanos de Tiznit, Marrakech, Fez y Mequínez las siguen fabricando. Existen dos tipos de armas de pólvora diferentes: los fusiles de culata cóncava adornados con cobre, plata o esmalte del sur, y las armas más sencillas de culata plana del norte. Los polvorines son de cobre, cuerno o, en contadas ocasiones, de marfil. Además, existe una gran variedad de puñales . La kumiya , de hoja curva, doble filo y mango de cuerno o madera era el arma de los guerreros del Sous y del Alto Atlas . Su funda, de cobre, está cincelada, nielada o esmaltada. Los puñales del norte, los janyer , tienen empuñadura cincelada de plata, son más pesados y sólo tienen un filo; el arma se guarda en un vaina en ocasiones decorada con esmalte o pedrería. La sbula se distingue por su forma vertical; montada sobre un mango de hueso o cuerno, tiene una hoja de uno o dos filos protegida por una funda adornada con cuero o terciopelo.

Tejido y pasamanería

Los primeros talleres surgieron en Fez y Tetuán. La técnica del tejido con telar produjo magníficos cinturones , decorados con motivos florales y geométricos realizados con hilo de oro. Como complemento al tejido, la pasamanería se compone de seda e hilos de oro o plata. La observará en caftanes, trajes de novia, arreos en forma de trenza, flecos, galones, cordones...

Además, las mujeres utilizan la técnica del tejido para fabricar mantas de lana o pelo de cabra, colgaduras con motivos geométricos (rombos, espigas, rectángulos) y hendiras , especie de capas rectangulares con las que los habitantes de las montañas se cubren la espalda y que en el Alto Atlas presentan bandas negras, blancas y rojas.

Bordados

El bordado es una actividad esencialmente femenina. Antiguamente, las novias bordaban ellas mismas su ajuar, ya que este ejercicio exigía una paciencia y un rigor que toda joven esposa debía poseer. El bordado decora el mobiliario y la ropa de casa como manteles, toallas, colgaduras, cojines y sábanas, así como los trajes tradicionales (mangas, cuellos y ribetes). Es sencillo y discreto para los hombres, pero colorido y sofisticado para las mujeres.

Los bordados de Fez , los más finos, reproducen motivos arborescentes normalmente azules o rojos. Los de Mequínez sorprenden por sus colores vivos y su disposición en hileras. En Rabat , un sencillo encaje agrupa los motivos, mientras que en Salé mezclan bordados en punto de cruz y trenzados de colores claros.

Entre las numerosas técnicas, debemos mencionar la chbika , que se practica en ciudades tradicionales como Fez, Mequínez o Rabat: se trata de un encaje de aguja realizado con nudos y estirando de los hilos; puede adoptar forma de olas, espigas o mariposas. Su extrema delicadeza lo convierte en un bordado muy codiciado.

Alfombras

Las alfombras ocupan un lugar fundamental en la artesanía marroquí. Aunque no tienen tanta fama como las de Oriente, se distinguen, sin embargo, por su variedad y originalidad.

Alfombras urbanas

La producción está concentrada en Rabat , Salé y Casablanca . Decoradas con motivos florales inspirados en el Asia Menor del s. XVIII, se caracterizan por el espesor de la moqueta y la fineza de su composición. El nudo que emplean en su fabricación es el de Ghiordes , llamado también “nudo turco”. Las más antiguas presentan una trama muy fina y bandas tejidas con una anchura inferior a los 10 mm. Estas bandas de motivos repetitivos enmarcan una superficie roja (de rubia o cochinilla) decorada con trazos curvilíneos o rectilíneos. En las alfombras de Casablanca, las superficies centrales son más grandes y suelen estar adornadas con medallones octogonales. Su originalidad radica también en que contienen, como mínimo, siete colores brillantes.

Alfombras bereberes

Las alfombras del Medio Atlas , muy grandes y gruesas, sirven como colchón a sus habitantes. Decoradas con motivos geométricos básicos, como triángulos, rombos, rectángulos o cuadrados, pueden ser muy coloridas (Mequínez), o en blanco y negro (Taza). Para obtener un tejido grueso y sólido, la lana se carda con fuerza y se suele retorcer en dos hebras entre los puntos anudados sobre tres o cuatro hilos de cadena.

Al contrario que las anteriores, las alfombras del Alto Atlas , de colores cálidos y orientales (rojo, naranja y oro), desempeñan un papel exclusivamente ornamental. Su fineza se consigue mediante un punto de cerca de 15 mm que se anuda sobre dos hilos de cadena según la técnica que se utiliza en Rabat. De un tamaño relativamente pequeño, se distinguen, por lo general, gracias a una banda y un medallón central.

Las alfombras del Hauz , al oeste de Marrakech , llamadas shishaua , son famosas por sus fondos de colores cálidos rojo oscuro o palo de rosa y sus motivos en zigzag a los extremos. Sin embargo, algunas alfombras pueden resultar un poco extrañas: siempre sobre un fondo rojo, mezclan motivos simbólicos con una fauna variada (serpientes, escorpiones, escolopendras) y objetos disparatados (teteras, mesas), o representan a los hombres o la naturaleza.

Finalmente, las alfombras del Marruecos oriental se fabrican en Taurirt y en las regiones vecinas. De grandes dimensiones, el color dominante es el verde o el azul. La cadena de lana se mezcla con pelo de cabra o camello y se tiñe de rojo con raíces de zumaque.

Cuero

Las babuchas , los accesorios del enjaezamiento, los zurrones (shekkara) y los cojines están entre los principales objetos tradicionales de cuero. Los motivos, bordados con hilos de oro o seda, o tallados con una navaja, son de origen hispanomusulmán: almocárabes rectilíneos o curvilíneos, dibujos florales, medallones lobulados…

También se utiliza la técnica del estampado y del repujado: el artesano golpea el cuero con un martillo sobre una herramienta que le da relieve. Las curtidurías, que han mantenido técnicas ancestrales, aún existen en algunas ciudades, especialmente en Fez. En la actualidad, la marroquinería ( bolsos , pufs , carteras , etc.) tiene un papel importante dentro de la actividad del cuero. Aunque la producción de ropa y calzado es cada vez menos artesanal, la calidad del cuero sigue siendo satisfactoria gracias al progreso de la industria en este campo.

Cestería

La fabricación de esteras es una especialidad de origen bereber . Sirven como alfombras, camas, adornos murales o tabiques. Se pueden encontrar en las casas tradicionales, los duars de adobe, las tiendas de los nómadas y las mezquitas. Dependiendo de las regiones, las esteras se trenzan con hilos de palmera enana, esparto o hebras de junco. Estas últimas, debido a la irregularidad de su color, producen un conjunto de tonos variados. En ocasiones se utilizan motivos florales o geométricos, normalmente rojos o negros, para realzar el conjunto. En el Medio Atlas y el Alto Atlas , los artesanos fabrican cestas y bandejas de fibra vegetal.

Carpintería

Toda la decoración arquitectónica refleja la habilidad de los marroquíes en la carpintería y la talla de la madera, ya sea en los tejadillos de las madrasas, en la fabricación de las celosías o en los techos de estalactitas.

En los zocos, el delicioso olor de la madera de cedro, tuya o roble anuncia a los torneros, que fabrican broquetas o pies de mesa. Más lejos, los carpinteros confeccionan baúles, piezas maestras del mobiliario. Varían según las ciudades: de tuya con herrajes labrados en Fez, de cedro muy tallado en Mequínez, con tapa abombada en Marrakech o pintados de colores vivos en Tetuán. En cuanto a las tallas de madera, cabe señalar los animales, las copas y los jarrones de cedro de los artesanos de Azrú y la marquetería de Essaouira. En esta última ciudad también se talla la tuya puliéndola para resaltar los nudos.

Edición de libros

La caligrafía - La caligrafía ocupa un lugar fundamental en el arte musulmán y responde a un ritual complejo. Tras realizar las abluciones que preceden a todo acto sagrado, el artista copia páginas del Corán o de diversos manuscritos en pergamino, papel o incluso zelijes, cerámica, madera o joyas. Hay varios tipos de caligrafía: la más antigua, llamada cúfica , se caracteriza por sus formas geométricas y su trazado horizontal o vertical. La caligrafía cursiva , que aparece en el s. XII, se distingue por sus letras en movimiento y su trazado libre que simboliza la evolución del mundo en el que sólo Alá es permanente. La caligrafía cúfica fue sustituida por la cursiva en el s. XVI.

La encuadernación - En Fez, capital de la sabiduría y la espiritualidad islámicas, aparecieron los primeros encuadernadores. En el s. XII, la fama de su habilidad llegó hasta Inglaterra. De inspiración turca y persa, la decoración de los encuadernados incluye medallones centrales y motivos vegetales en las esquinas. En el s. XVI, la doradura todavía se realizaba a la pluma (qalam) y al oro líquido; la técnica al hierro y a la hoja apareció más tarde. En el s. XVIII todavía se utilizaba el pergamino para la copia del Corán y de documentos administrativos, especialmente actas notariales y decretos.

Las estampas - Estos motivos florales y geométricos de colores vivos adornan las páginas de los manuscritos coránicos. La decoración floral (y vegetal), una de las favoritas del arte musulmán, representa el paraíso celeste y el verde de sus hojas es el color del Islam.

Las miniaturas - Aunque los teólogos del Islam no la aceptan porque la consideran una forma de idolatría, la representación figurativa aparece en las miniaturas, ilustraciones que llenan el espacio entre las palabras de los manuscritos. Este arte, famoso en Irán desde el s. XIII, no llegaría a Marruecos hasta mediados del s. XX.

Música y danza

En Marruecos, la música marca el ritmo de la vida cotidiana. Anima las fiestas familiares y los “moussem” , además de las tareas en el campo. Podemos distinguir entre dos grandes categorías de música: la música bereber, que está acompañada de bailes que varían en función de la región, y la música árabe, que responde a dos tendencias; una es clásica y de origen andaluz, mientras que la otra, llamada popular, refleja varias influencias.

Música y danza bereberes

Los cantos del Medio Atlas acompañan el singular baile colectivo del ahidus . Colocados en círculo alrededor de un director de orquesta, los bailarines y bailarinas realizan movimientos ondulantes a la altura del talle mientras cantan poemas que siguen el ritmo marcado por las panderetas.

En el Alto Atlas y el Sous , los bereberes bailan el ahuash . Este baile puede ser femenino, masculino o mixto, pero sólo los hombres pueden tocar la música. Las mujeres, ataviadas con largos vestidos de seda, forman un círculo alrededor de los músicos, sentados cerca de un fuego que utilizan antes para calentar su pandereta. En general, el canto se divide en cuatro tiempos. La primera parte comienza con un canto solista, seguido de la repetición del estribillo inicial por los bailarines, y después del sonido del tamboril. Después, las voces femeninas y masculinas se suceden y se elevan lentamente. Todos los bailarines se animan al ritmo de las melodías, y los pasos, la música y el canto se aceleran.

Los cantos del Rif más conocidos son los de los Beni Arous , procedentes de la región de Beni Uriguel. Pueden ser individuales o colectivos. Los grupos más famosos, los Imdyazens y los Izfourn, tocan la pandereta y la flauta travesera; los Ishrrafn deben su fama a una poesía impregnada de romanticismo y espiritualidad.

Música árabe

La música árabe clásica o andaluza , llamada al-ala , se introdujo en Marruecos bajo el reino de los almorávides (ss. XI y XII), aliados políticos de Andalucía. Resulta muy variada y tiene unas letras poderosas y densas. Normalmente, la cantan hombres en un árabe literario muy puro. Fuente de placer y relajación, la música “andaluza”, muy extendida especialmente en las grandes ciudades del norte, se escucha alrededor de té y pasteles: por esta razón se considera “profana” o “burguesa”.

Forma depurada del al-ala , la sama de los “moussem” constituye una música sagrada. Los instrumentos están prohibidos y sólo la voz acompaña a las palmas. La sama se compone de cantos panegíricos dirigidos al profeta Mahoma el día de su nacimiento (Mulud) .

La música popular , en árabe dialectal , perpetúa una tradición poética oral rica y variada. Se escucha en la ciudad, el campo y el Sahara occidental. En esta categoría, la música más famosa es la ayta . En las llanuras del oeste (Casablanca y Beni-Mellal), la ayta la canta un grupo de mujeres, las chijates , que cuentan con tono burlón y melancólico historias y mitos ancestrales. En las regiones del noroeste (Tánger, Tetuán, Chauen), la ayta se parece al flamenco.

En Marrakech, Fez, Mequínez y Essaouira es donde podrá escuchar la música de los Gnaoua . Los jóvenes españoles empiezan a interesarse en este tipo de música gracias a versiones actualizadas de grupos como l’Orchestre national de Barbès y Gnawa Diffusion. Originarios del África subsahariana (Ghana y Nigeria), los gnaoua cantan poemas religiosos en árabe dialectal mezclado con expresiones de su lengua nativa. La ceremonia gnaoui tiene como objetivo ahuyentar a los yins, espíritus malignos que pueden tomarla con cualquier musulmán. El ritmo a sacudidas de la música lleva a los bailarines a un estado de trance. Cada año se celebra un festival de música gnaoua en Essaouira.

La música del malhun es originaria del Tafilalt, en la región de er-Rachidia situada en los confines del desierto, pero se extendió por las medinas de las ciudades imperiales en el entorno de los gremios artesanales. Poética a más no poder, canta al más alto valor humano, el amor, mientras evoca al Profeta. El cantante e intérprete de laúd, El-Hadj Houcine Toulali, cuyas primeras grabaciones datan de los años cincuenta, es quien mejor encarna el arte del malhun .

La música de los aisaua es patrimonio de la cofradía del mismo nombre cuyo maestro espiritual es (sheik) Sidi Mohamed Ben Aissa. La tumba de este santo, que murió en el s. XVI, reúne cada año en Mequínez a miles de peregrinos. La mayoría de los miembros de la cofradía se instalaron en las ciudades a lo largo de los siglos. Aquellos que permanecieron fieles al medio rural son más conocidos bajo el nombre de Gharbaua , de Gharb, su región de origen. Las letras de los aisaua se basan en las palabras de los Chiujs , hombres que han obtenido el favor del sheik. Transmitidas por vía oral de generación en generación, están relacionadas con versículos coránicos y alabanzas al Profeta. La música, cuyo ritmo se acelera progresivamente, hace entrar en trance a los bailarines. Los fieles participan con sus llantos y después se identifican con un animal al que imitan. El famoso cuadro de Delacroix, con el evocador nombre de Les Convulsionnaires (los que se convulsionan), representa una ceremonia aisaua.

La música egipcia moderna (al-mussiqa asriyya) fue importada a Marruecos bajo el protectorado francés. El país se entusiasmó con ella y aparecieron orquestas regionales, como los cantantes Leyla Helmi y Mohamed Abd el-Muttalib, en Casablanca, Rabat y Fez. Sin embargo, los artistas, preocupados por la conservación del patrimonio nacional, volvieron al dialecto marroquí a partir de los años sesenta.

El rai , que cruzó las fronteras argelinas en los años noventa, no tardó en seducir a los jóvenes marroquíes. Su favorito es ahora el cantante marroquí Cheb Amrou , cuyas canciones combinan la sensualidad árabe y el frenesí tecno.

Instrumentos musicales

Los instrumentos clásicos , procedentes de la música “andaluza”, se fabrican en su mayoría en Fez y en el norte de Marruecos. Hay que destacar el úd o laúd de madera , que a su vez incluye más variedades (laúd andaluz, laúd pequeño, laúd de cuatro cuerdas, laúd judío...); el rebab (o rabab) , instrumento de dos cuerdas con una caja de resonancia cóncava y adornada con motivos geométricos; el violón , el alto con arco apareció en Marruecos en el s. XVII; la derbuka , instrumento de percusión de cerámica azul de Fez recubierto de piel de oveja tensada, y la pandereta , formada por platillos de cobre (tnaten) que vibran tras la percusión sobre la piel de cabra.

Para acompañar los cantos populares , los músicos utilizan la ghaita , oboe cuya parte de madera cuenta con diez agujeros; el bendir o tar , pandereta de 30 cm de diámetro compuesta por un marco de madera y una piel de cabra tensada; el guembri , laúd de dos o tres cuerdas que utilizan los gnaoua de Marrakech y los cantantes de la ayta ; el haj-houj , laúd normalmente de madera de nogal y cuero de vaca o cabra, y también instrumento de los Gnaoua; la taariya , instrumento de percusión de latón o cerámica y cuero de cabra que utilizan los cantantes del malhun . Los gnaoua ponen ritmo a sus danzas con los crotales o qarabek .

Algarada y “moussem”

Además de las fiestas religiosas o civiles, el calendario cuenta con grandes ceremonias religiosas que mezclan lo sagrado y lo folclórico. En el campo, los habitantes se reúnen regularmente para celebrar la cosecha.

La algarada

La algarada, una fiesta que fascinó a Delacroix y a los orientalistas, es una representación simbólica de la grandeza de los guerreros árabes y bereberes del siglo pasado. Los jinetes ejecutan al galope una serie de movimientos que demuestran su habilidad ecuestre, a la vez que disparan al aire y gritan. Su traje, sus armas y los arreos de sus caballos son suntuosos. Los jinetes, con vestidos y turbantes blancos, llevan en bandolera un bolso que contiene versículos del Corán, así como un enorme puñal curvo y protegido por una funda de terciopelo. El fusil (mukkala) tiene incrustaciones de marfil y la culata tallada. Estos fascinantes espectáculos se celebran durante las grandes fiestas, especialmente durante los “moussem” .

El “moussem”

“Moussem” viene de la palabra mawsim , que significa “acontecimiento periódico”. Durante la época preislámica, el “moussem” era un mercado situado en el cruce de varias rutas de caravanas (como La Meca), donde los intercambios comerciales se unían a diversas festividades. A menudo se escogía un lugar cercano a un santuario para conseguir la protección divina. Hoy en día, el “moussem” es una gran fiesta popular de tipo religioso y folclórico que une el peregrinaje a la tumba de un santo con ferias comerciales aderezadas de danzas y cantos. Su importancia en Marruecos es considerable: cada año se celebran entre 600 y 700 festejos de este tipo. Se puede distinguir entre dos tipos de “moussem” : los primeros dependen del calendario agrícola; más de la mitad se desarrollan entre agosto y octubre, tras el difícil período de la siega. Los segundos se celebran con motivo del aniversario del profeta Mahoma (Mulud), de acuerdo con el calendario musulmán. Casi todos los “moussem” se desarrollan en el campo y duran entre un día y una semana.

El “moussem” de Mulay Idris II el-Azhar se celebra en septiembre. Para rendir homenaje al fundador de Fez, todos los artesanos de la ciudad desfilan por la medina, agrupados en cofradías. Los estudiantes de las escuelas coránicas y los fieles de las órdenes religiosas ejecutan cantos y danzas variados. Les acompañan hombres con palos de madera de los que cuelgan inmensas muñecas vestidas de novia... En Essaouira y Safi, el “moussem” primaveral de los regragas dura treinta y ocho días, período durante el cual los descendientes de los siete santos bereberes realizan un viaje (daur) de 44 etapas, de las cuales sólo algunas tienen un carácter festivo y comercial. Al lado de El Yadida, el pueblecito de Mulay Abdalá Amgar atrae cada agosto a cerca de 150.000 visitantes. Se decoran las tiendas caidales para alojar a los peregrinos y los jinetes que acuden a presentar las fulgurantes algaradas. El espectáculo de los innumerables caballos frente al mar resulta mágico.

Otro “moussem” famoso es el de Guelmim , que rinde homenaje al santo Sidi Ahmed Aanaro. Allí podrá contemplar a los hombres azules, reunidos en el zoco montados en sus camellos, y descubrir la sorprendente danza de la guedra : delante de un músico que golpea lentamente un tambor de tierra cocida ( tebel sahraui), las mujeres cantan y mueven los brazos de forma ondulante hasta alcanzar un estado de trance.

Fiestas regionales

En los magníficos valles del Dades y del M’Goun, entre las huertas y los campos sembrados de cebada y maíz, se celebra la famosa Fiesta de las Rosas . Cada primavera, se recogen miles de rosas salvajes que se destilan en las fábricas de el-Kelaa M’Gouna y en el zoco el Jemis. Numerosos visitantes asisten a esta olorosa fiesta animada por las danzas rítmicas de el-Kelaa M’Gouna. Las chicas jóvenes, vestidas con coloridos trajes y engalanadas con largos collares de perlas y plata, esperan conseguir el “último ramo”, ¡su elección como “Miss Rosa”!

En Sefrú, son las cerezas las homenajeadas. En el programa aparecen los bailes regionales de ahuash y la elección de “Miss Cereza”, que desfila en una lujosa carroza digna de Las mil y una noches .

En octubre, numerosas tribus del Tafilalt se reúnen en Erfoud para celebrar la Fiesta de los Dátiles . Redondos, ovalados, perfumados, amargos o dulces, los dátiles se exponen en un gran zoco que suele durar tres días. Tras la oración ritual en el mausoleo de Mulay Ali Cherif, en Rissani, los lugareños se desplazan a las calles de Erfoud para asistir a un desfile animado por los grupos folclóricos de la región.

Algunas fiestas famosas se centran en otros productos: en febrero, las almendras de Tafraut; en agosto, las manzanas y las peras de Fez; en diciembre, las aceitunas del Rif y las clementinas de Uchda. Además, se celebra la cosecha del algodón (en marzo en Beni-Mellal) y la colecta de la miel (en julio en Agadir).

Finalmente, cada año el Festival Saharaui de Agadir reúne cerca de 300 dromedarios. Las jornadas se dedican a las carreras de dromedarios, bailes y cantos regionales, entre los que cabe destacar la famosa danza guerrera de El Aaiún. Por la noche, los hombres se reúnen bajo las tiendas para fumar la pipa sahariana.

Cultura

Literatura

Debido a su situación geográfica, cercano a Europa, pero lo suficientemente alejado culturalmente para garantizar un auténtico exilio, Marruecos ha atraído a una pléyade de escritores y viajeros extranjeros.

Marruecos en la literatura extranjera

En su relato Viaje a Marruecos , Pierre Loti describe los lugares que recorre a lomos de un camello y sus encuentros con los habitantes. La abundancia de información y la elegancia de la escritura que encierra la obra de 1791 de Jan Potocki , Viaje al imperio de Marruecos , la convierten en una obra maestra literaria e histórica. Invitada por el residente general Lyautey cinco años después de la instauración del protectorado, la americana Edith Wharton narra su Viaje a Marruecos con pasión y fascinación. Los hermanos Jérôme y Jean Tharaud dedicaron una obra a cada ciudad imperial; en Fès ou les bourgeois de l’Islam (Fez o los burgueses del Islam), sus anécdotas son truculentas, aunque deformadas por una visión ligeramente colonialista. Arsène Roux, especialista en literatura árabe-bereber, nos presenta la Poésie populaire berbère (Poesía popular bereber). Fascinados por Déjala que caiga , donde Paul Bowles describe el encuentro de Nelson Dyar con la envolvente cultura tangerina, los más famosos escritores americanos de la Generación Beat (Truman Capote, Allen Ginsberg, Jack Kerouac y William Burroughs) acudieron también a la ciudad del norte. En su libro de relatos, Aristóteles a la hora del té, Oscar Wilde nos brinda la cáustica narración de Hugh Stutfield sobre su viaje a Marruecos. Entre los numerosos libros de J. M. G. Le Clézio inspirados en Marruecos, Desierto revela la tenue luz de la ciudad de Taroudant y Gens des nuages (Gentes de las nubes), coescrito con su mujer Jemia, cuenta con emoción el regreso a los orígenes de Jemia para encontrarse con la tribu de los arusiyíes, en el extremo sur de Marruecos. Las voces de Marrakech de Elias Canetti plasma la magia de la ciudad rosa en todo su esplendor.

Escritores marroquíes

El escritor marroquí de lengua francesa más conocido, más vendido y, consecuentemente, el más criticado es Tahar ben Jelloun . Ganador del Premio Goncourt (1987) por su novela La noche sagrada , su obra está recorrida por la vena poética y el compromiso. Cabe destacar sobre todo Harrouda , Con los ojos bajos y Días de silencio en Tánger .

Tanto Jean-Paul Sartre, Simone de Beauvoir como Beckett, Césaire y Senghor reconocieron el talento de Mohamed Khair-Eddine , poeta exiliado en Francia que denunció en Agadir (1967) la autoridad patriarcal y divina.

Escritor en lengua árabe, Mohamed Choukri se reveló al gran público con El pan desnudo , narración autobiográfica de una infancia marcada por la violencia paterna y la miseria.

Edmond Amran el-Maleh aporta su buen hacer a la literatura judeo-marroquí en lengua francesa. En Café azul Zrirek narra la nostalgia de su país natal y lamenta algunos de los cambios producidos por la modernidad. En 1999 publicó Recorrido inmóvil.

La literatura femenina de Marruecos está plenamente comprometida y cuestiona la situación de las marroquíes y de las musulmanas en general. Entre las obras más conocidas cabe destacar, Marruecos a través de las mujeres de la socióloga Fatima Mernissi ; La mujer en el mundo árabe de la psiquiatra Ghita el-Khayat .

Pintura

La luz y los colores del país no han dejado de fascinar a los pintores, extranjeros o marroquíes.

En la pintura occidental

Cuando Eugène Delacroix llegó a Marruecos en 1832, la intensidad de la luz y la nobleza de sus habitantes, que califica de “Antigüedad viviente”, le impresionaron de inmediato. Sus obras marroquíes, las más famosas sobre las algaradas y las bodas judías, introducen una corriente revolucionaria en la historia de la pintura occidental: el orientalismo pictórico, en el que se inspiran el impresionismo y la pintura moderna. Entre 1850 y 1880, los pintores que visitan Marruecos (Benjamin Constant, Alfred Dehodencq, Henri Regnault y Mario Fortuny) reproducen el orientalismo llamado “exótico”, es decir, el de los hamams y los combates guerreros.

Tras Delacroix, fue Matisse quien quedó cautivado por la luz de Tánger. Sus dos estancias en Marruecos, la primera a principios de 1912 y la segunda en el invierno de 1912-1913, le inspiraron una veintena de lienzos y cerca de 60 dibujos a pluma que reflejan la vida cotidiana de los marroquíes, la medina de Tánger y bodegones.

En 1917, Jacques Majorelle descubre Marrakech. Subyugado por la belleza de la ciudad, se instaló definitivamente en esta ciudad en 1932. La suntuosa mansión que se hizo construir junto a un palmeral daba a un lujoso jardín, un lugar realmente mágico que hoy lleva el nombre de “jardín Majorelle”. Las kasbas y los paisajes de los alrededores del Atlas fueron la principal fuente de inspiración de quien sigue siendo el “pintor de Marrakech”.

Pintores marroquíes

A partir de 1940 surge una generación de pintores autodidactas. Se inspiran en cuentos populares de tradición oral o escrita y sus obras son muy coloridas y están pobladas por personajes fantásticos que se asemejan a veces a dibujos para niños. Entre este grupo de pintores, los más representativos son Ben Allal , Mulay Ahmed Drissi y Yacoubi , cuyas obras se inspiran en las narraciones de Paul Bowles. Los cuadros de Louardighi , Aït Youssef , Chaïbia y Fatima Hassan resultan fascinantes con su representación más poética que naif de un mundo utópico. Gracias a esta plétora de artistas, se funda en Tetuán una escuela de Bellas Artes en 1945 y otra en Casablanca en 1950.

Los años sesenta están marcados por una nueva corriente pictórica, promovida por grandes artistas, como Cherkaoui y Gharbaoui . El primero, impregnado de una sensibilidad modernista, recupera con su paleta colorida y luminosa los viejos símbolos de la cultura marroquí. Guiado por esta misma intención, el segundo intenta traducir la vitalidad primitiva mediante gestos líricos y un ritmo entrecortado. Los pintores modernos de la escuela de bellas artes de Casablanca reivindican un arte popular que se inspira en la artesanía tradicional. Las obras de Belkahia , Chebaâ y Melehi presentan formas abstractas de inspiración caligráfica.

Después de los años setenta, el arte figurativo cobra protagonismo. Las obras de Meriem Meziane retratan la vida tradicional del campo; las de Hassan el-Glaoui , los nobles jinetes de la algarada. En los años ochenta, las artes plásticas se diversificaron a través de una incesante búsqueda de nuevos símbolos y materiales: Mustapha Boujemaoui utiliza papel de periódico; en los cuadros de Farid Belkahia , el cuero sustituye al lienzo. Creada en 1972, la Asociación Marroquí de Artes Plásticas contribuye a la promoción de la pintura a escala internacional.

Teatro

En todas las épocas, las representaciones públicas acompañadas de cantos, bailes, mímica o diálogos han formado parte de la expresión artística, tanto de los árabes como de los bereberes. El teatro a la occidental, llamado “moderno”, apareció en 1923 con la formación de compañías en Casablanca, Fez, Mequínez y en las ciudades del norte. Las obras daban voz a un patriotismo exaltado y rechazaban el colonialismo, de modo que muchas de ellas fueron censuradas por el protectorado. Por ejemplo, Mohamed el-Quarri se exilió al Sahara tras la representación de sus obras El huérfano mudo , Los tutores y Virtudes y consecuencias de la ciencia . Fundado en 1953, el Centro Marroquí de Investigación Teatral de Rabat introdujo un nuevo concepto del género: el arte dramático nacional que proponía adaptaciones de obras europeas. En 1956, la primera compañía profesional marroquí, Firqat et-Tamthil al-Arabi (Compañía Teatral Árabe Marroquí), presentó en el Festival Théâtre des Nations de París una adaptación de las Trapacerías de Scapin y una obra titulada Le Balayeur (El barrendero) . Se trata del comienzo de la exportación del teatro marroquí que, a partir de los sesenta, recupera las tradiciones populares a través de un diseño artístico original y moderno. Entre los artistas (autores o directores) más populares se encuentran Nabyl Lahlou , famoso por su originalidad y su humor corrosivo; Abdelhaq Zerouali , que recupera en sus obras los cuentos de las plazas públicas, y Tayeb Saddiki , que es autor de algunas obras que se asemejan a las comedias musicales. Hoy en día, a pesar de la existencia de un fondo de ayuda a la producción, el teatro marroquí, falto de organización y de un estatuto jurídico, no logra imponer una práctica teatral constante y profesional.

Cine

El cine marroquí nace bajo el protectorado francés. La construcción en 1946 de estudios de cine en Rabat pretendía producir obras locales y competir con la industria egipcia.

De la treintena de películas producidas entre 1945 y 1949, las más destacables son las de André Zwoboda : La Septième Porte (La séptima puerta) (1947), que relata la vida cotidiana de los marroquíes y Noce de sable (Bodas de arena) (1948), que cuenta la historia legendaria y trágica de dos amantes. Hacia los años sesenta, el cine colonial de ficción queda relegado a un segundo plano por el cortometraje. Entre las numerosas obras realizadas, Six Douze (Seis doce) de M. Rechich , A. Bouanani y M. A. Tazi es un documental precioso e inédito sobre Casablanca. Poco después se estrenaron los primeros largometrajes: Quand mûrissent les dattes (Cuando maduren los dátiles) de L. Bennani y A. Ramdani (1968), que se pregunta sobre la aportación de la modernidad a la sociedad rural, y Sol de primavera de L. Lahlou , donde se muestra el trabajo de un funcionario procedente del campo. En los años setenta, el cine marroquí alcanza su esplendor gracias a dos obras maestras: Wechma de H. Bennani , que analiza el lenguaje del cine, y Mil y una manos de S. Ben Barka (1971), que, a través de la vida cotidiana de una familia de tintoreros de Marrakech, retrata el malestar social. Gracias a la creación de un fondo de ayuda gubernamental a la producción, los años ochenta se caracterizan por la producción de películas de gran calidad, como la creada por la marroquí Farida Benlyazid , Una puerta al cielo (1988), que presenta un Islam moderado donde se equilibran las exigencias del cuerpo y la voluntad del alma.

Desde hace unos años, Marruecos se reafirma como un país creativo. La producción cinematográfica ha experimentado una evolución cualitativa y cuantitativa con películas de buena calidad de jóvenes realizadores que reivindican su identidad marroquí. El cine marroquí cuenta con festivales de dimensión internacional: en Marrakech (Festival Internacional de cine), Tetuán (Festival Internacional del cine mediterráneo), Tánger (festival internacional de cine, Festival de cortometrajes), Salé (cine de mujeres) y Mequínez (festival de cine de animación), etc. Además, el cine marroquí se impone en numerosos festivales extranjeros (Cannes le dedicó una jornada especial en 2005) y cada vez se exporta más.

Por otro lado, Marruecos atrae desde hace tiempo a las productoras extranjeras gracias a la variedad de paisajes naturales grandiosos, una luz espectacular, un gobierno con ganas de colaborar y una mano de obra competente y barata. Desde el rodaje de Louis Lumière en 1887, más de 500 películas extranjeras utilizan el país como escenario. Los estudios Atlas, cerca de Ouarzazate, están siempre ocupados. Entre las películas más recientes podemos citar Astérix y Obélix, misión Cleopatra, de Alain Chabat, Gladiator y El reino de los cielos , ambas de Ridley Scott .

Fotografía

País de colores, luces y sombras, Marruecos ha inspirado a numerosos fotógrafos autóctonos y extranjeros. En sus obras, la expresión artística sobrepasa la apariencia para sugerir el misterio de un paisaje o un rostro.

El fotógrafo artístico marroquí Touha­­mi Ennadre realiza retratos donde la luz, suave o violenta, revela cómo el negro se convierte en luz. En la actualidad vive y trabaja en París, y expone en todo el mundo. Originario de Marrakech, Ali Chraïbi propone en sus obras un encuentro entre las culturas africanas y europeas. Bajo el tema de las “Trashumancias”, sus fotografías evocan el paso del hombre a la tierra eterna. Ha participado en varias exposiciones en África y Europa. Otro fotógrafo marroquí de fama internacional, Nabil Mahdaoui , realiza un trabajo artístico a nivel del encuadre. Ha trabajado especialmente el tema de la inmigración y de la vida cotidiana en los suburbios parisinos. El artista francés Jean-Marc Tingaud presenta en Médinas la nuit (Medinas por la noche) fotografías en las que resuenan los pasos de las sombras furtivas y el silencio de la noche; la asombrosa iluminación crea una atmósfera fantasmal e irreal. Los poemas de Tahar ben Jelloun prolongan la inmersión en esta atmósfera sagrada. El fotógrafo español José Manuel Navia publicó Marruecos, fragmentos de lo cotidiano, un tomo monográfico de fotografía sobre Marruecos en la revista Altair, donde se refleja el peculiar universo del autor y su íntima visión de Marruecos.

Lenguas

En Marruecos se hablan varias lenguas. Por un lado, las lenguas nacionales que incluyen la lengua bereber, amazighe (y sus dialectos) y el árabe dialectal; por otro lado, las lenguas extranjeras: las más extendidas son el francés y el español. Numerosos marroquíes de las ciudades son bilingües.

El amazighe, la lengua de los bereberes

El amazighe es la lengua más antigua del Magreb. La llegada de los amazighes a Marruecos se remonta al Neolítico. Para los historiadores, su origen sigue siendo un tema polémico. Quizá eran autóctonos o procedentes de la ribera norte del Mediterráneo, o posiblemente originarios del sur de la península arábica. Existen documentos arqueológicos del antiguo Egipto que demuestran la existencia de la escritura amazighe al menos 3.000 años a. C.

Hoy en día se habla amazighe en las zonas rurales y en las ciudades, sobre todo desde el éxodo rural de los años setenta. Exclusivamente oral, la lengua bereber se divide en tres dialectos : el tarifit , en el noreste; el tamazight , en el Medio Atlas, en la parte septentrional del Alto Atlas y en la región del sureste; y el tachelhit en la parte meridional del Alto Atlas y en la región del suroeste. Aunque estos dialectos se diferencian tanto en la gramática como en el vocabulario, presentan ciertas analogías: no usan artículos ni pronombres relativos.

El uso de la lengua bereber se ha debilitado en las ciudades con cada generación, ya que las últimas han perdido todo contacto con sus orígenes. Su declive también se debe a la exclusión que sufre en la enseñanza, la administración y los medios de comunicación, donde se imponen el árabe y las lenguas extranjeras. En la actualidad, se han emprendido diversas acciones para recuperar el amazighe , sobre todo en el campo de la literatura y la ciencia. Novelistas y poetas escriben sus obras en lengua bereber. Además, hay asociaciones que organizan coloquios y festivales, además de comunicados de prensa escrita.

El árabe dialectal

La lengua árabe se implantó en Marruecos en fases sucesivas: en el s. VII, con la llegada de las tropas de Oqba Ben Nafi; en el s. IX, gracias a los nuevos centros de enseñanza como la famosa mezquita-universidad Karaouiyne de Fez; en los ss. XII y XIII, marcados por la instalación de las tribus hilalíes y maaquilíes; en el s. XV, con los andalusíes huidos de España tras la Reconquista .

El árabe dialectal incluye cinco lenguas árabes : la lengua urbana (mdini) , que se inspira en el andalusí y se concentra en ciudades antiguas como Fez, Rabat, Salé y Tetuán; la lengua de las montañas (yebli) se utiliza en la región del noroeste y sus orígenes están en el amazighe ; la lengua beduina (rubi) que evoluciona en las comunidades de las llanuras atlánticas (Gharb, Chauía, Doukkala, etc.) y en las llanuras interiores como el Hauz de Marrakech, el Tadla y el Sous; finalmente, la lengua hassania (ribi) que se habla en algunas regiones saharianas. El árabe dialectal se utiliza tanto en casa como en la calle. Sólo puede escribirse mediante un sistema de códigos libres sin tipificar. Constituye la lengua materna de los arabófonos y, a través de ella, se forja la educación y la cultura popular. Extendida por todo el territorio marroquí, une a las diferentes comunidades, subdivididas a su vez por la variedad de los dialectos. La comunicación con los árabes de otros países se realiza mediante el árabe clásico, y con los extranjeros en otros idiomas (francés, español o inglés).

El árabe clásico

El árabe clásico es la lengua del Corán . Se emplea en la esfera religiosa, política, administrativa, jurídica y cultural. Se utiliza en la enseñanza, los medios de comunicación y en todas las actividades cultas o elitistas . La lengua árabe es una lengua rica y compleja, a la que el libro sagrado confiere una dimensión casi mágica. No solamente el árabe se escribe de derecha a izquierda, sino que su diferencia respecto a las lenguas latinas también radica en la formación de las palabras. Por ejemplo, en español “estudios”, “colegio” y “clases” se agrupan en un campo semántico común (la enseñanza), pero son tres palabras diferentes. Sin embargo, en árabe provienen de la misma raíz, “drs”: “estudios” se dice dirassa ; “colegio”, madrasa, y “clase”, dars . Se calcula que el número de raíces es de 20.000 y cada una de ellas crea mediante el proceso de derivación (ichtiqâq) más de 100 palabras.

El francés

En 1912, bajo el protectorado , el francés fue proclamado lengua oficial de las instituciones coloniales. Todavía hoy la lengua francesa sigue estando muy extendida en Marruecos, sobre todo en los sectores de la administración y de la educación. Simboliza la modernidad y la apertura a occidente. Además, es la lengua que utilizan los políticos en el extranjero, excepto en los países árabes, donde las conversaciones se llevan a cabo en árabe clásico. Los colegios públicos incluyen clases de francés en su programa de estudios; además, en las instituciones francesas y bilingües, la mayoría de las clases se imparten en francés. Los servicios y las actividades de carácter lúdico (por ejemplo, el cine) o cultural (museos) utilizan tanto el árabe clásico como el francés. Lo mismo ocurre con los medios de comunicación: los programas de noticias televisados o radiofónicos se realizan en las dos lenguas.

El español

Los primeros españoles llegaron a Marruecos en el s. XV. En 1885 se instalaron colonos en las provincias del sur y en 1912 en las provincias del norte. La conquista de Ifni y de las provincias saharianas durante la independencia de Marruecos supuso el fin del predominio del español, que hoy en día sólo se utiliza en las antiguas zonas del protectorado español del norte del país y en el Sahara occidental.

La arabización

¿Deberían seguir utilizando tanto el francés en campos como la enseñanza, la administración, la economía y la cultura? Desde la independencia, numerosos políticos se han planteado esta pregunta. Por ello, la arabización de Marruecos se ha convertido en una prioridad para el Estado, que ha confiado al IERA (Instituto de Estudios e Investigación para la Arabización) la misión de modernizar la lengua árabe a nivel técnico y científico. En realidad, esta evolución continúa alimentando los debates, pero no se cuestiona la importancia de la lengua francesa.

Gastronomía

La fama de la cocina marroquí es bien merecida. Contundente o ligera, sencilla o sofisticada, ofrece multitud de platos refinados a la par que exquisitos.

El arte de la mesa

Tradicionalmente, los marroquíes co-men en la estancia familiar (bayt el-seghir) , sentados en banquetas alrededor de una mesa de madera redonda y baja. En las familias de las ciudades, más modernas, se encuentran comedores de estilo occidental. Si le invitan a comer a una casa, le recibirán en el salón marroquí , ricamente decorado. La comida se sirve en los platos de tajine o cuscús. Cada invitado introducirá su mano en las fuentes utilizando a modo de “cubiertos” únicamente el pulgar, el índice y el corazón. Los trozos de pan sirven para mojar la salsa o para coger carne y verduras. Si este método le resulta incómodo, no se preocupe: los marroquíes están acostumbrados a recibir a extranjeros y le ofrecerán un plato y cubiertos individuales. Sólo tendrá la obligación de seguir estas reglas si acude a una diffa , una comida de fiesta celebrada de acuerdo a un complejo ceremonial.

Especialidades

Omnipresente, el pan se moja en la salsa y sirve para coger la comida del plato común. Redondo y plano como una torta, está hecho de trigo duro, cebada o centeno. En las medinas le llegará a menudo el aroma del pan caliente recién horneado que llevan las mujeres o los niños en una bandeja de madera cubierta con un paño.

Entrantes

La comida suele comenzar con una ensalada . Se colocan en pequeños recipientes alrededor de los platos y sirven de acompañamiento durante la comida. Existen numerosas especialidades: ensalada de zanahoria rallada a la naranja; berenjenas y calabacines aliñados con aceite (zaalouk) ; alcachofas cocidas, pimientos y tomates; habas frescas; granos de cuscús; sesos de cordero; pepinos; judías verdes; lentejas etc.

Otra entrada muy apreciada: la sopa . Las más habituales son las sopas de verduras ralladas o cortadas en dados, de granos de trigo machacado (dchisha) , de sémola y anís, de fideos, de arroz, de pasta o de gombos. Durante el mes del Ramadán se acaba el ayuno con una harira , sopa espesa a base de carne, judías, lentejas, garbanzos y habas. Resulta tan consistente que equivale a una comida completa.

Los briuates constituyen también un excelente entrante. Se trata de pequeños rollitos de pasta de hojaldre (uarka) rellenos de carne picada de vaca o cordero y fritos en aceite hirviendo. Pueden tener forma cilíndrica, triangular o rectangular. La gastronomía moderna propone briuates de gambas y fideos, de queso y de merguez.

Por último, no puede irse sin probar la pastilla . Se trata de un hojaldre relleno de almendras, cebolla, perejil y huevos a la que se añade paloma o pollo. La pastilla de pescado, exquisita aunque menos tradicional y bastante sazonada, lleva gambas y fideos chinos.

Platos principales

La mayoría de los platos principales llevan carne, normalmente de oveja. Plato básico, el cuscús se hace con sémola de trigo, cebada o maíz, cocida al vapor y acompañada de un cocido de oveja, pollo o vaca con verduras (calabacín, nabo, zanahoria, patata y garbanzos).

El tajine es el plato más extendido. Este estofado de carne, ave o pescado, se cuece a fuego lento en carbón de leña en un plato de barro cubierto de aceite con especias o verduras (cebolla, zanahoria, rabos de alcachofa, patatas, judías, guisantes) y/o frutas (ciruelas, pasas, limón confitado), además de frutos secos (almendras peladas, piñones). Se pueden distinguir diferentes variedades de tajines. Las mqalli , con salsa de azafrán, y las mhammar , con especias rojas, son de origen árabe. Por otro lado, las mjammar , que se cuecen lentamente al carbón de leña, provienen de la cocina andaluza.

Pruebe las deliciosas brochetas de kefta , albóndigas de carne picada aderezadas con especias (comino o pimentón) y cocinadas en la sartén. A no ser que prefiera los kebabs , trozos de carne asada en una barbacoa o al carbón de leña y aderezados con salsa picante. De origen turco, el meshui puede ser una oveja entera o media oveja, asada con sal y comino, o de mhamar , trozos de oveja cocinados en una olla con cebollas, clavo, azafrán, mantequilla rancia, perejil, sal y pimienta. Puede aderezarse con sal, mantequilla, especias (azafrán, pimentón o comino) y con salsas que contienen cilantro y otras hierbas. En algunas regiones se cocina también meshui de vaca, cabra, gacela o pollo.

Otros platos muy apreciados por los marroquíes son los abats . Típicos sobre todo de la Fiesta de la Oveja (Aïd el-Kébir) , llevan mucha salsa.

El pollo se cocina asado o en tajine; el pollo con aceitunas y limones confitados es el más tradicional.

Los pescados y crustáceos abundan en la costa atlántica. En estofado, asados o a la plancha, constituyen la especialidad de numerosos restaurantes.

Postres y dulces

Gracias a la variedad y la calidad de las frutas en Marruecos, las comidas suelen terminar con una bandeja de frutas o una macedonia. En algunas bodas urbanas, lo propio es encargar una tarta helada en una pastelería. En occidente no se conoce demasiado la diversidad y especificidad de la pastelería marroquí debido a la dura competencia que genera la exportación de pasteles libaneses y tunecinos. Igual de refinados los unos que los otros, siempre se sirven con té a la menta. Los cuernos de gacela (kaab el-ghzal) , mazapán perfumado al azahar, son los más conocidos. En los puestos callejeros podrá probar el sfenj , dulce similar al churro . Los pasteles de miel haluashebbakia y los briuates de miel y almendras, acompañan la harira durante la comida del Ramadán. La ghoriba , una pasta arenosa con mantequilla que contiene sémola, sésamo o almendras, se funde lentamente en la boca. Los panecillos redondos y dulces llamados krachel pueden comerse solos, con mantequilla o con miel. Hechos de la misma pasta que los krachel , los feqqas son pastelitos de almendras. El selu , pirámide marrón de harina tostada al horno, almendras asadas y molidas, mantequilla, miel, sésamo, almizcle de Arabia y canela, constituye un plato muy contundente que suele comerse durante el Ramadán o se cocina para las madres que acaban de dar a luz. La crujiente pastilla a la leche (ktefa) se prepara con un hojaldre untado de leche o de crema pastelera y espolvoreado con almendras machacadas. El largo m’hencha , un pastel de mazapán, se enrolla sobre sí mismo, por ello su nombre proviene de hench (serpiente).

Productos lácteos

Para hacer la cuajada, añaden a la leche pelos de alcachofa, esencia de azahar y azúcar. El producto refresca y suele servirse al final de las comidas. El lben es un suero que se prepara en piel de cabra (chkua) o en una vasija (khabia) . Se bebe solo o mezclado con cuscús sin salsa (saycuk) . El queso fresco jbane se elabora a base de leche cuajada escurrida y se come con azúcar. También hay jbane salado, normalmente hecho con leche de cabra.

Especias

En Marruecos se utiliza la palabra especias tanto para las plantas medicinales, como para los condimentos. Están ordenadas jerárquicamente en función de su rareza y su antigüedad. Las más importantes son la pimienta, la canela, la nuez moscada, el clavo, el jengibre y el azafrán. La siguiente categoría, que apareció bastante después, agrupa, entre otras, al cilantro, el cardamomo, el comino y el anís. Las últimas, llamadas “especias de pobre”, son simples condimentos: tomillo, mejorana, regaliz, laurel, etc. La mayoría de los platos llevan pimienta negra molida en el momento. La canela confiere aroma a los pasteles y a algunos tajines dulces, como la de ciruelas y almendras. El jengibre en polvo se emplea en la elaboración de platos dulces. El azafrán en hebras se utiliza en pequeñas cantidades en la mayoría de los tajines. El perejil de hojas planas y la semilla de cilantro fresco perfuman un gran número de platos, especialmente los que llevan carne. El comino acompaña los meshuis y los huevos. El pimentón adereza algunos tajines, la kefta (carne picada) y el pescado. La nuez moscada perfuma la carne blanca y el pescado; su corteza, el macis , condimenta las albóndigas de carne. El ras el-hanout (“estrella de la tienda”) es una mezcla de los mejores productos del establecimiento: clavo, jengibre, capullo de rosa, canela, pimientas, galanga, macis de nuez moscada, anís, cúrcuma, cardamomo, dientes de ajo, nuez moscada y cantárida. Se utiliza sobre todo en los platos de ocasiones especiales.

El té a la menta

El té a la menta forma parte de la vida cotidiana de los marroquíes. Lo beben a todas horas: a modo de bienvenida, como aperitivo o digestivo, y durante las comidas. Tercer símbolo de hospitalidad después de la leche y los dátiles, el té suele servirse con pasteles, crepes ( rghaief , baghrir o msemmen ) o, simplemente, pan de cebada, maíz o trigo. Servir el té constituye todo un ceremonial. La presentación del té y su preparación presenta una abundante simbología. Nada se deja al azar, ni la cantidad de vasos, ni su disposición en el plato. La preparación, que recae sobre la persona más hábil de la familia, se lleva a cabo frente a los invitados siguiendo ritos ancestrales. Sentado con las piernas cruzadas, el elegido limpia la tetera con agua caliente tras un bismilá de rigor. Después, coge la dosis exacta de té. Aclara las hojas de té verde dos veces y guarda el agua del primer aclarado por su alto contenido de té. El primer vaso que se sirve contiene únicamente té; la menta y los trozos de pan de azúcar sólo se añaden al segundo. Durante la infusión, la tetera se cubre con un tapete. A continuación se sirve el té con la mano derecha, ya que los musulmanes consideran que la izquierda es impura. Lo vierten desde lo alto, para potenciar el aroma, antes de entregar el primer vaso a un paladar experto. Si la persona en cuestión se muestra insatisfecha, se vuelve a preparar el té.

Vinos y licores

Aunque el alcohol está prohibido en Marruecos, como en la mayoría de los países musulmanes, el país produce y exporta vino. Hay tres zonas vitícolas: la primera se encuentra cerca de Uchda, la segunda se extiende entre Fez y Mequínez, y la tercera entre Rabat y Casablanca. Los vinos blancos valpierre , chaudsoleil y ksar acompañan los pescados y los mariscos. Los tintos de cabernet , especialmente la cosecha de Président, y de Guerrouane, maridan bien con carne de vaca o de oveja. No abuse del vino rosado , el gris de Boulâouane, si no quiere vivir momentos de confusión... El alcohol de higo, la mahia , destilado a 40°, es un aguardiente digestivo y fuerte. Perfecta para el verano, la cerveza Flag pils o Flag especial apaga la sed por un módico precio.

Marruecos : Ciudades

Rabat

Rabat conserva numerosas huellas de su rico pasado. Visite el Chellah, vestigios de la Sala Colonia romana y posterior necrópolis real que hoy pueblan las cigüeñas; admire la torre Hassan, un minarete incluso testimonio de un proyecto grandioso concebido por el sultán Yacub al-Mansur, cuyo reinado (s. XII) se caracterizó por un desarrollo espectacular… No deje de entrar tampoco en la alcazaba, en lo alto de la medina. Ciudad imperial, capital del país y ciudad universitaria también, Rabat es un lugar tranquilo y agradable que está en pleno apogeo y que está apostando por la cultura.

Medina de Rabat

La medina de Rabat está delimitada al sur por la muralla de los Andalusíes, que acompaña al bulevar Hassan II de este a oeste. La calle Souika, cerrada al este por la Gran Mezquita (s. XIX), es una sucesión de cafés y tiendas, mientras que la perpendicular calle de los Cónsules, donde se venden alfombras y artículos de cuero, sube hasta la alcazaba de los Udayas. Por detrás vamos dejando un mar de casas blancas ribeteadas de azul.

Museo de los Udayas

¡Un himno a las joyas marroquíes! En la primera sala son prehistóricas, adoptando todo tipo de formas y materias, desde el diente hasta las piedras preciosas. En la segunda sala se hacen urbanas o rurales, a juego con los trajes tradicionales. La tercera nos muestra todas las etapas de fabricación. Y en la última y amplia sala, se reparten por regiones. Una colección espléndida ubicada en el prestigioso marco de una antigua residencia del sultán Mulay Ismael, que cuenta además con un bonito patio interior.

 

Jardín de los Udayas

Un precioso marco para tomarse un té con hierbabuena en el café que está instalado en los jardines de los Udayas. Es una muestra perfecta de jardín andalusí, oculto detrás de unos altos paredones amurallados por los que trepan las campanillas moradas, y repleto de árboles (limoneros), arbustos (adelfas) y flores. Un remanso de paz a unos pasos de la alcazaba.

 

Fez

Fez es una sublime ciudad imperial que le dejará maravillado. La medina esconde tantos edificios de interés que lo único que le podemos aconsejar es que se pierda por sus calles y disfrute. El barrio de Fez El-Jdid y la ciudad nueva también merecen una visita. Quién sabe si, como ya le ocurriera a tantos artistas e intelectuales, le viene la inspiración mientras recorre esta Ciudad musa, en las antípodas de la ciudad museo que podría ser… Esto es un verdadero hervidero (zocos, artesanos, lugareños en sus quehaceres). ¡Un lugar fascinante!

Mirador de las Tumbas meriníes

Las tumbas de los meriníes, situadas en una zona en alto al norte de la ciudad, ofrecen una vista magnífica de Fez: empezando por la medina, presidida por la mezquita de Al-Qarawiyyin; siguiendo por Fès-Djid, con el palacio real lindando con el mellah (antigua judería); y acabando por la ciudad nueva, que contrasta con el resto por sus grandes avenidas y sus parques. Un mirador que sublima la ciudad y que da ganas de descubrirla en hasta el mínimo detalle.

 

Marrakesh

Marrakech, capital del Sur de unos 900.000 habitantes, es una ciudad que fascina. Presidida por la emblemática silueta de la Kutubia, está siempre de lo más animada, tanto de día como de noche. La medina, verdadera joya de la ciudad imperial, contiene numerosos tesoros de arquitectura religiosa y la famosísima plaza de Jemâa el-Fna, donde el menor pinchito tomado en cualquier puesto será inolvidable. El pintor francés Jacques Majorelle sucumbió también a los encantos de Marrakech, dejando a la posteridad un jardín magnífico… Y muchas cosas más que le aguardan, así que tómese su tiempo.

Tumbas saadíes

Los espléndidos mausoleos donde descansan los restos de los miembros de la dinastía saadí fueron construidos a finales del s. XVI por Ahmed el Dorado. Cuando el sultán Mulay Ismal accedió al poder un siglo después, no se atrevió a destruirlos, pero los encerró tras una alta muralla y sólo algunos iniciados conocían la forma de acceder a ellos desde la mezquita. En 1917 las tumbas fueron encontradas por accidente y se abrió un pasillo que atraviesa la muralla para permitir que los no musulmanes puedan admirarlos.

 

Almimbar de la Kutubia

Ya descrito en 1381 como una "obra de perfección", el almimbar (púlpito) de la mezquita de la Kutubia fue realizado en Córdoba a partir de 1137 y luego transportado pieza a pieza hasta Marrakech. Esta espléndida obra se compone de un millar de piezas de cedro, incrustadas con plata y decoras con marquetería de sándalo y ébano, y caligrafía cúfica. Hasta 1962 se estuvo sacando todos los viernes para la oración. Una minuciosa restauración le ha devuelto su esplendor de origen.

 

Kutubia

La mezquita de la Kutubia es una obra maestra del arte almohade y su emblemático minarete, que se eleva hasta los 70 m de altura, es una perfecta ilustración -llevada hasta la perfección- del arte hispanomusulmán. Durante el reinado del sultán Abd el Moumen se construyó un primer santuario que fue destruido debido a su imperfecta orientación con respecto a La Meca (aún son visibles algunas huellas de este edificio). El aspecto actual de la Kutubia lo debemos a Yakub Almanzor. A los pies del minarete están instalados los libreros (que le dieron nombre al edificio). No se permite el acceso a los no musulmanes.

 

Mequínez

Mulay Ismail hizo de Mequínez una ciudad imperial en el s. XVII, dotándola de hermosos edificios a la medida de la desmesurada ambición del sultán. La ciudad imperial, que conserva magníficos vestigios, se sitúa al sur de la medina, animada por la actividad que reina constantemente en los zocos de los artesanos. En el s. XX los franceses construyeron la ciudad moderna, que está separada de la parte histórica por el río Bufekran. Mequínez está situada en el eje que une Fez y Rabat, además se encuentra a tan sólo 30 km del yacimiento romano de Volubilis.

Zocos de la medina

Se distribuyen alrededor de la Gran Mezquita. Aunque el comercio de productos manufacturados ocupa cada vez más espacio, los zocos de Mequínez no dejan de ser muy pintorescos por su entorno y su ambiente. Suelen estar cubiertos con cañizos o emparrados, y entre el bullicio y el ajetreo abundan las sorpresas. El primer zoco que encontrará es el de los vendedores de alfombras y objetos de arte local. Un poco antes de llegar a la Gran Mezquita, cuyo alminar se asoma al final de la calle, encontrará bajo unos soportales la alcaicería o zoco de las telas.

 

Dar Jamai

Un verdadero remanso de paz... Un magnífico jardín, de tipo andaluz, ilumina este palacio que fue primero residencia del gran visir Sidi Jamai (finales del s. XIX) antes de ser transformado en hospital militar y posteriormente en Museo de Artes y Oficios Tradicionales (1920). Una oportunidad única para escaparse un rato del ajetreo de los zocos.

 

Museo de las Artes y Oficios Tradicionales de Mequínez

Las salas del palacio Jamai sirven de marco al Museo de Artes y Oficios Tradicionales de Mequínez: cerámica, madera tallada, alfombras, joyas, utensilios de la vida cotidiana y muebles componen un conjunto que permite valorar la riqueza de la artesanía local. Admire el almimbar del s. XVII, realizado en madera de cedro tallada, antes de visitar el salón de gala (1er piso), que es una verdadera de arte en sí mismo.

 

Mequínez

Mulay Ismail hizo de Mequínez una ciudad imperial en el s. XVII, dotándola de hermosos edificios a la medida de la desmesurada ambición del sultán. La ciudad imperial, que conserva magníficos vestigios, se sitúa al sur de la medina, animada por la actividad que reina constantemente en los zocos de los artesanos. En el s. XX los franceses construyeron la ciudad moderna, que está separada de la parte histórica por el río Bufekran. Mequínez está situada en el eje que une Fez y Rabat, además se encuentra a tan sólo 30 km del yacimiento romano de Volubilis.

Museo de las Artes y Oficios Tradicionales de Mequínez

Las salas del palacio Jamai sirven de marco al Museo de Artes y Oficios Tradicionales de Mequínez: cerámica, madera tallada, alfombras, joyas, utensilios de la vida cotidiana y muebles componen un conjunto que permite valorar la riqueza de la artesanía local. Admire el almimbar del s. XVII, realizado en madera de cedro tallada, antes de visitar el salón de gala (1er piso), que es una verdadera de arte en sí mismo.

 

Essaouira

Una ciudad blanca y azul bañada por las olas del océano Atlántico y que los vientos marinos se encargan de refrescar, una ciudad que siempre ha inspirado –y aún hoy lo sigue haciendo– a los artistas. El viajero disfrutará perdiéndose por su medina y sus animados zocos protegidos por recias murallas, descansando en su bonita playa situada al fondo de la bahía y, como no podía ser menos en una ciudad portuaria, comiéndose un buen pescado asado recién salido del mar. ¡Un lugar con muchísimo encanto al oeste de Marrakech!

Puerto de Esauira

Los pescadores son aquí los grandes protagonistas. No hay más que verlos correr de un lado para otro, cargados con cajas de pescado procedentes de los barcos, que llevan a la lonja del pescado para la subasta o ponen encima de los puestos. Aquí podrá deleitarse con unas sardinas recién pescadas y asadas apenas sacadas del barco. ¡Un verdadero espectáculo! La puerta de la Marina nos da acceso a la ciudad, mientras que la Skala del puerto -fortificada- ofrece una maravillosa vista.

 

Skala de la ciudad

La Skala de la ciudad es un largo paseo fortificado, que se explica por su vocación defensiva original, que corre paralelo a la costa atlántica. Aún subsisten algunos cañones de bronce, que tendrá que dejar atrás para llegar al baluarte norte que domina el océano.

 

Zocos de Esauira

En el interior de la medina, las calles se cruzan con una animación constante, entre los turistas y las vecinas vestidas con el típico haik. Especias, pescado y otras vituallas se codean con pulseras, collares, etc. Los soportales del zoco Jdid, en la avenida del Istiqlal, es el lugar más estratégico de la ciudad. Subiendo por la calle El-Attarine, se llega a la larguísima y comercial avenida Mohammed Ben Abdallah que nos lleva al mellah, antigua judería.

 

Chauen

Al noroeste del país, Chauen, que tiene como telón de fondo los picos del Rif, asienta su blanca medina en la ladera de una colina, mientras que más abajo, como queriendo rematar el cuadro, el río Lau se encarga de poner una pincelada de color verde. Chauen se fundó en el s. XV para dificultar las invasiones españolas y portuguesas; hoy es una ciudad pequeña que se enorgullece de ofrecer al visitante belleza y tranquilidad.

Plaza Uta el-Hammam

Es la plaza más animada de la medina de Chauen. Presidida por la alcazaba y el excepcional alminar de la Gran Mezquita -octogonal y coronado con un "collarín" blanca-, está repleto de terrazas donde podrá instalarse un rato para disfrutar tranquilamente del ambiente de la plaza y de la vista de las montañas que rodean la ciudad.

 

Zoco de Chauen

El zoco se monta en la entrada de la ciudad, según se viene de Uezán, y está siempre muy concurrido. Por la mañana temprano, la ciudad empieza a animarse, y una abigarrada muchedumbre toma posesión de la plaza: campesinas y montañesas vestidas con el traje rifeño, lugareñas tapadas con amplios velos blancos, hombres y jóvenes con chilaba (cruda para el verano y marrón en invierno).

Medina de Chauen

La medina se sitúa en la zona este de Chauen. Calles enrevesadas, escaleras inesperadas, casas pintadas de azul hasta media altura, alfombras que aguardan en las paredes, toques verdes de algunas plantas en sus macetas, azulejos y rejas que recuerdan la influencia andalusí... Luego vienen la animada plaza Uta el-Hammam, la alcazaba y la Gran Mezquita, y por fin el anhelado momento de hacer un descansito, sentado en alguna terraza, disfrutando de los últimos rayos de sol.

Tánger

Si miramos al mar nos encontramos con la bahía de Tánger y el estrecho de Gibraltar; si miramos al otro lado, podremos ver una ciudad abigarrada que mira hacia el futuro encerrada en las blancas murallas de su medina. Tánger está poblada hoy por más de un millón de habitantes y convive día a día con esta dicotomía. Y si bien es verdad que con tantos edificios modernos, el proyecto del puerto Tánger Med y el tráfico ensordecedor, los intelectuales de antaño difícilmente encontrarían el ambiente que les trajo hasta aquí, algunos rincones no resultarían ajenos a Matisse o Bowles, y el visitante disfrutará, tanto en la medina como frente a su magnífica bahía, de todos los encantos que la ciudad ofrece.

Zoco Grande

Situado en las puertas de la medina, la amplia plaza del Zoco Grande puede presentar de nuevo su mejor cara después de una conseguida renovación. Es un lugar de intercambio donde se encuentran lugareños, curiosos y comerciantes. Frutas, hortalizas, especias, flores, aceitunas, etc. nutren los vistosos puestos del mercado cubierto o de las tiendecitas situadas en las inmediaciones. El alminar de la mezquita de Sidi Bou Abib preside el conjunto. Si le apetece descansar un poco en el corazón de la ciudad, puede instalarse en algún banco a la sombra de las palmeras o dirigirse al jardín de la Mendubia (al norte) o a al que rodea la iglesia de Saint Andrews (subiendo por la calle de Inglaterra).

 

Medina de Tánger

Protegida por sus murallas, la medina retuerce sus callejuelas de blancas fachadas pasando por zocos, puestos y edificios emblemáticos. Hay que perderse por ella (¡no le será difícil!) para saborearla, pero cuidado con dejarse atrás sus puntos más interesantes: el Zoco Chico, siempre animado y rodeado por terrazas de los cafés; la Gran Mezquita; la Alcazaba, que domina todo el conjunto, y la Legación Americana para los amantes del arte. Échele un vistazo al puerto desde el final de la calle de la Marina, antes de volver al Zoco Grande por la calle de los Siaghines.

Playa de Tánger

Una bonita playa de arena fina se extiende a los pies de la ciudad y a lo largo de la amplia bahía (4 km). La agradable temperatura del agua permite bañarse prácticamente en cualquier época del año

 

Casablanca

La mayoría de las ciudades marroquíes arrastran el peso de un largo pasado, en cambio Casablanca encarna el Marruecos moderno y prefigura lo que será el día de mañana. Esta ciudad ruidosa, etapa imprescindible para conocer a fondo el país –es la capital económica–, no le dejará indiferente. Sus “torres” no pasan desapercibidas: el minarete de la mezquita de Hassan II, el faro de El Hank, el Twin Center; su patrimonio arquitectónico es bastante rico y poco conocido; sin olvidar por supuesto el tradicional paseo por el boulevard de la Corniche.

Mezquita de Hassan II

La mezquita de Hassan II, cuyo alminar culmina a 200 m, se construyó sobre terrenos parcialmente ganados al mar (1987-1993). Ocupa una superficie de 9 hectáreas y puede acoger hasta 100.000 fieles al mismo tiempo. Hay espacios dedicados al culto, otros a la cultura (como la biblioteca o el museo), aunque si hay algo por lo que destaca es por la sala de oración, tanto por su tamaño (2 hectáreas) como por la pureza de la decoración. El conjunto es una verdadera obra maestra.

 

Place des Nations Unies

Cualquier cosa que necesite estando en Casablanca seguro que lo encuentra en la plaza de las Naciones Unidas, a las puertas de la medina vieja. No le costará ningún trabajo dar con la plaza, ya que todas las principales calles de la ciudad convergen aquí. Bancos, tiendas, hoteles, cafeterías... Aquí es donde late el corazón de la ciudad.

 

Iglesia de Ntra. Sra. de Lourdes

La iglesia de Ntra. Sra. de Lourdes, imponente edificio de hormigón bruto, fue concluída en 1956 siguiendo los planos de M. Dangleterre. El interior merece una visita, aunque sólo sea por ver el colorido de las vidrieras, realizadas por Gabriel Loire, maestro vidriero de Chartres, que contrasta con el revestimiento de madera del coro. Además de los amplios ventanales que iluminan lateralmente la nave principal, las paredes de las naves laterales están prácticamente formadas por vidrieras; en un fondo de "tapiz marroquí" están ilustrados, a la izquierda, el dogma de la Inmaculada Concepción y las apariciones de Lourdes, y a la derecha, las otras apariciones de la Virgen.

 

Direcciones útiles

Oficina de turismo de Marruecos – Ventura Rodríguez, 24 - 28008 Madrid - tel. 915 412 995 - www.visitmorocco.com

Embajada de Marruecos – Serrano, 179 - 28002 Madrid - tel. 915 631 090 - www.embajada-marruecos.es

Consulado de Marruecos – Diputació, 68-70 - 08015 Barcelona - tel. 932 892 530 - www.consuladomarruecos.com

Cuándo ir

Buena parte del país es montañoso o continental, con lo cual hay grandes diferencias entre el invierno y el verano, así como entre el día y la noche. Las temperaturas son más moderadas en la costa atlántica.

De mayo a septiembre: tiempo seco y cálido, incluso sofocante cuando sopla el chergui.

De octubre a abril: tiempo inestable y fresco, es la temporada de lluvias.

Diferencia horaria

Cuando son las 11 en Madrid, en Rabat son las 9 en verano y las 10 en invierno.

Formalidades

Pasaporte en vigor con una validez mínima de 3 meses.

Salud

Ver también Sobre el terreno (de la A a la Z).

Vacunas recomendadas: tifoidea, DT polio.

Contrato de asistencia aconsejado (algunas tarjetas de pago lo incluyen sistemáticamente).

Botiquín

No olvide echar en la maleta algún analgésico, antidiarreico, desinfectante cutáneo, crema antipruriginosa y un purificador de agua.

Comer

Horarios

Los restaurantes suelen cerrar los domingos o los lunes.

Propina

Deje propina en cafés y restaurantes (2 a 10 DH).

Alcool

En algunas ciudades se puede pedir alcohol en los bares y restaurantes, en otras, como en las ciudades santa (por ejemplo Fez) se bebe té o refrescos.

Compras

Horarios

Las tiendas suelen abril de 9 a 12 y de 14.30 (o 15) a 19 (o 20). Cerradas lunes, sábados o domingo.

Regateo

Se recomienda regatear en los zocos, aunque no se estila en las tiendas. En las agrupaciones artesanales o en la cooperativa artesanal de las ciudades no se regatea.

Aduana

Tendrá que pagar tasas por las obras de arte y algunos objetos de artesanía. Infórmese y guarde las facturas.

Recuerdos

Algunos objetos de artesanía que puede traerse de recuerdo son: alfombras, cerámica, chilabas, babuchas, mantas de lana y algodón, esteras de junco… Y para los golosos: cuernos de gacela, briuates y dátiles.

Correos

Las oficinas suelen estar abiertas de lunes a viernes de 8.30 a 16.30.

Calcule una semana hasta que su carta llegue a España.

Costumbres

Forma de vestir – Las mujeres deber evitar la ropa que se pueda considerar provocativa. Topless y nudismo están prohibidos. El bikini sólo podrá ponérselo en las zonas muy turísticas.

Invitación – Descálcese antes de entrar en la sala principal de las casas. No puede rechazar una invitación a tomar un té con hierbabuena. Según la costumbre, se sirve en tres veces.

Ramadán – Los horarios están un poco trastocados.

Desplazarse

En taxi

Los taxis pequeños realizan trayectos de menos de 40 km.

Los taxis grandes, que suelen ser Mercedes, salen una vez que se han llenado y que se ha compartido el precio de la carrera a partes iguales (en principio) entre los pasajeros.

Días festivos

Días festivos fijos

11 de enero – Celebración del Manifiesto de la Independencia

1 de mayo

23 de mayo – Fiesta nacional

14 de agosto – Recuperación de la provincia de Oued Eddahab

30 de julio – Fiesta del Trono, se conmemora el aniversario de la coronación de Mohammed VI

20 de agosto – Día de la Revolución del rey y del pueblo, conmemoración de la salida de Mohammed V hacia el exilio en 1953

6 de noviembre – Aniversario de la Marcha Verde

18 de noviembre – Conmemoración del regreso de Mohammed V (1955), Día de la Independencia.

Días festivos móviles

Varias fiestas religiosas.

Dinero

Moneda

La moneda es el dirham (DH) dividido en francos marroquíes o céntimos. Aún pueden verse en algunos lugares los precios en rial. 1 dirham equivale a 100 céntimos o 20 rials.

Bancos / Cambio

Los bancos suelen abrir de lunes a viernes de 8 a 11.30 y de 14 (15 los viernes) a 16 (17 en verano); 9.30-14 durante el ramadán.

Los dirhams se compran in situ, en oficinas de cambio, bancos o cajeros automáticos. Pida que los billetes estén en buen estado.

Tarjetas de pago

Cajeros automáticos en las sucursales bancarias del centro de las principales ciudades.

Cheques de viaje

Casi todos los bancos y grandes hoteles los aceptan, así como algunas agencias de viajes. Los bancos más importantes no suelen pedir comisión.

Presupuesto / Coste de la vida

Para una habitación doble en un hotel confortable calcule entre 400 y 600 DH, y entre 90 y 150 DH para una comida en un restaurante correcto.

Electricidad

La corriente eléctrica es de 220 voltios.

Embajadas y consulados

Embajada de España – Rue Aïn Khalouiya - Rte. Des Zaërs, Km. 5,300 Souissi - Rabat - tel. 537 633 900 - www.maec.es/subwebs/embajadas/rabat

Consulado de España – 31, rue d’Alger - 20.000 Casablanca - tel. 522 220 752 - www.maec.es/subwebs/consulados/casablanca.

Hammam

Elemento indisociable de la civilización marroquí. Le aconsejamos los hammams públicos.

Salud

Ver también Antes de salir.

Enfermedades

En el sur, el contacto con las aguas estancadas puede provocar la esquistosomiasis y las moscas pueden transmitir el tracoma. Si le muerde un perro, vaya inmediatamente a ver un médico, aún se dan casos de rabia. La diarrea del turista sigue siendo la patología más frecuente.

Servicios médicos

Si le tienen que hospitalizar por algo grave, mejor pedir que le repatríen.

Agua y alimentos

Lave bien la fruta y la verdura, y quíteles la piel. El agua del grifo es potable en las grandes ciudades, pero es mejor que beba agua embotellada y que evite los cubitos de hielo fuera de los establecimientos turísticos.

Urgencias

Policía – tel. 190

Bomberos, Ambulancia – tel. 150.

Teléfono

Llamar a Marruecos desde el extranjero

00 + 212 + número del abonado sin el 0 inicial.

Llamar desde Marruecos

00 + prefijo del país (España 34) + número del abonado.

Llamadas nacionales

Marque los 9 dígitos del número del abonado (los dos primeros corresponden al prefijo de una de las zonas telefónicas del país).

Teléfono móvil

Los números de móvil marroquíes empiezan por 06 o 07 y constan de 9 dígitos.

Visitas

Horarios

Los museos suelen abrir de miércoles a lunes de 9 a 12 y de 14.30 a 18. Muchas madrazas cierran los viernes a mediodía.

Mezquitas

Los no musulmanes tienen prohibido la entrada a las mezquitas (salvo a la mezquita Hassan II de Casablanca y a la mezquita de Tinmel). En cambio no hay ningún problema para entrar en las madrazas.

 

DOCUMENTAL MARRUECOS